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Tetis, Peleo y el nacimiento de Aquiles

Tetis, Peleo y el nacimiento de Aquiles.


Tetis , cuyo nombre significa literalmente "establecer", era una de las cincuenta nereidas hijas de Nereo, el anciano dios de los mares, y de la oceánide Doris. Desde su más tierna infancia fue criada por Hera, lo cual ya debería decirnos algo sobre su personalidad.

Segun cuenta la leyenda, Tetis era peligrosamente hermosa. Tanto que Zeus y Poseidón se sintieron violentamente atraídos por ella. No obstante, este deseo se diluyó rápidamente cuando los varones del Olimpo se enteraron de la oscura profecía que gravitaba sobre la muchacha, la cual anunciaba que su hijo sería más grande que su padre.

Ante la falta de pretendientes dispuestos a ocupar un rol menor, Hera envió entonces a Iris, la mensajera de los dioses, para encontrar a un mortal dispuesto a casarse con Tetis. Su primer parada fue en los montes donde vivía el centauro Quirón, uno de los sabios más reconocidos de la época. Entre sus estudiantes y discípulos Iris detectó a un joven apuesto e inteligente llamado Peleo, hijo de Éaco.

Informado por la diosa de la disponibilidad amorosa de Tetis, el joven Peleo la cortejó de mil formas, todas infructuosas. Ella se sentía humillada por la imposición divina que se tomaba el atributo de buscarle un compañero sin tener en cuenta sus deseos.

Frente al rechazo Peleo buscó el consejo de su viejo maestro, Quirón, quien le sugirió que la única forma de captar la atención de Tetis era abordarla mientras dormía en su cueva junto al mar, y luego atarla para evitar que huya cambiando repentinamente de forma.

Como todo joven encendido por el deseo, Peleo era audaz, y no medía las consecuencias de sus actos. Siguió todos los consejos de Quirón y efectivamente encontró a Tetis durmiendo tranquilamente en su cueva. Cuando la muchacha despertó notó que no podía moverse. Fuertes ligaduras mantenían sus extremidades inmóviles. Comenzó entonces a metamorfosearse enloquecidamente. Se transformó en una lengua de fuego, en un león descomunal, pero Peleo se mantuvo firme en su desición de no liberarla hasta que acceda a convertirse en su esposa.

Finalmente la muchacha cedió, aunque le aclaró que no lo amaba en absoluto.

Como otros grandes varones de aquellos tiempos, Peleo no se intimidó por la indiferencia de su futura esposa. Pronto se organizó la boda en las laderas del monte Pelión a la que asistieron las personalidades más renombradas del Olimpo y de la Tierra. El poeta Píndaro sostiene que el mismísimo Apolo se encargó de la música, y que las nueve Musas estuvieron a cargo de los cantos.

Los regalos fueron fastuosos. Entre los más impresionantes cabe destacar una poderosa lanza forjada por Quirón y dos caballos inmortales, llamados Janto y Valio, obsequios de Poseidón. Sin embargo, la continuidad del banquete se vio alterada por la presencia de una diosa que no había sido invitada, y que por ello decidió tomar venganza sobre los tertulianos. Su nombre era Eris, la Señora de la Discordia.

Cuando Eris ingresó en la fiesta todos hicieron silencio; menos por respeto que por temor. La mujer, notablemente alta y delgada, se acercó lentamente a la mesa principal, donde además de la pareja estaban Hera, Afrodita y Atenea. Con un gesto de afectación depositó una delicada manzana de oro sobre la mesa, y dijo en voz alta.

-Para la más hermosa...

Casi al unísono, las manos de Atenea, Afrodita y Hera se estiraron hacia la manzana, seguras de ser ellas las merecedoras del mote de "más hermosas". Finalmente aquella disputa finalizó cuando se trajo a un juez imparcial, llamado Paris, para que resuelva el asunto. 

La bacanal continuó cuando Eris retomó su camino solitario.

De este matrimonio obligatorio nacieron varios hijos; hecho que no atenuó el odio proverbial que Tetis sentía por Peleo. De hecho, cada nuevo nacimiento fortalecía su odio. Tetis asfixió secretamente a sus recién nacidos para que no heredaran los rasgos mortales de Peleo.

Naturalmente, el joven Peleo comenzó a sospechar algo extraño en esa sucesión de muertes repentinas. Seis de sus hijos habían muerto, pero el séptimo, llamado Aquiles, se resistió al abrazo letal de su madre. Al advertir su fortaleza, Tetis empleó su antigua magia y quemó la mortalidad de su hijo sobre el fuego, nutriéndolo desde entonces con ambrosía, el alimento de los dioses.

Apolonio cuenta que cuando Peleo sorprendió a su esposa realizando este extraño ritual, creyó que su intención era quemar al pequeño Aquiles; de modo que lanzó un grito de horror e indignación tan profundo que Tetis tomó a su hijo en brazos y huyó en medio de la noche.

Pero el rito de inmortalidad había sido interrumpido. Tetis llevó a Aquiles a las costas del río Estigia, en el Hades, cuyas aguas heladas propician la invulnerabilidad. Tomó al bebé del talón y lo sumergió. Apolonio sostiene que gracias a esta estratagema Aquiles es invulnerable a las armas salvo en el sitio en el que su madre lo aferró para bañarlo en las aguas del río Estigia.

Curiosamente, el “talón de Aquiles” no figura en la Ilíada. Tal vez Homero pensó que aquel asunto era una prueba de debilidad innecesaria. Lo cierto es que cuando Tetis finalizó aquellos procedimientos mágicos se enteró de una nueva profecía. A partir de entonces su hijo tenía solo dos caminos posibles en la vida: podría elegir una existencia larga, pacífica y mediocre, o corta pero gloriosa.

Esta oscura profecía cobró consistencia cuando estalló la Guerra de Troya. Tetis, alarmada, ocultó a Aquiles en la corte del rey Licomedes. Para pasar inadvertido el joven se disfrazó de mujer, para algunos, con notable éxito; hasta que Odiseo llegó a la corte, hizo sonar su cuerno de guerra, y una muchacha de brazos firmes y piernas vigorosas se dispuso a asistir al combate.

Entendiendo que era la presencia de Aquiles en el asalto a Troya era inevitable, Tetis inició algunas negociaciones clandestinas con Hefesto, esposo de Afrodita, para que forjase un escudo mágico a cambio de una noche de placer. El dios trabajó con empeño en su obra, pero una vez entregada Tetis se negó a pagar los favores que tan elocuentemente había prometido.

El amor entre Peleo y Tetis nunca existió realmente. El único amor de ella fue su hijo. Cuando Aquiles murió a causa de una ráfaga de flechas lanzadas por Paris, una de las cuales dio justo en su talón; Tetis emergió de la espuma del mar con su corte de nereidas y lloró amargamente su muerte. 

Se dice que quemó el cuerpo de su hijo y guardó sus cenizas en un cofre de oro, del cual nunca se separó.

Para finalizar debemos decir que ambas profecías resultaron ciertas. Aquiles fue inmensamente superior a su padre y su vida fue breve y gloriosa, a tal punto que sus hazañas continúan siendo narradas con la admiración y el respeto que nos merecen aquellos personajes que eligen la excelencia sobre la mediocridad.



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1 comentarios:

Gustaf Yea dijo...
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