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«La mejor cosa del mundo»: Elizabeth Barrett Browning; poema y análisis


«La mejor cosa del mundo»: Elizabeth Barrett Browning; poema y análisis.




La mejor cosa del mundo (The Best Thing in the World) es un poema de amor de la escritora inglesa Elizabeth Barrett Browning (1806-1861), compuesto en 1855 y publicado de manera póstuma en la antología de 1862: Últimos poemas (Last Poems).

La mejor cosa del mundo, uno de los mejores poemas de amor de Elizabeth Barrett Browning, intenta enumerar algunas de las mejores cosas que tiene la vida, llegando a la conclusión de que quizás existen demasiadas cosas buenas en el mundo como para elegir una sola por encima de las demás.



La mejor cosa del mundo.
The Best Thing in the World, Elizabeth Barrett Browning (1806-1861)

¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
Las rosas de junio perladas por el rocío de mayo;
El dulce viento del sur diciendo que no lloverá;
La Verdad, con los amigos despojada de crueldad;
La Belleza, no envanecida hasta agotar su orgullo;
El Amor, cuando somos amados de nuevo.
¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
Algo fuera de él, pienso.


WHAT ’S the best thing in the world?
June-rose, by May-dew impearl’d;
Sweet south-wind, that means no rain;
Truth, not cruel to a friend;
Pleasure, not in haste to end;
Beauty, not self-deck’d and curl’d
Till its pride is over-plain;
Light, that never makes you wink;
Memory, that gives no pain;
Love, when, so, you’re loved again.
What ’s the best thing in the world?
—Something out of it, I think.


Elizabeth Barrett Browning (1806-1861)




Poemas góticos. I Poemas de Elizabeth Barrett Browning.


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El análisis, traducción al español y resumen del poema de Elizabeth Barrett Browning: La mejor cosa del mundo (The Best Thing in the World), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Beth (E:B:B:) dijo...

Gracias mi querido Aelfwine... por deleitarme con vuestra exquisita pluma al dedicarme vuestro comentario...Oh! casi lo olvido!!: Esta aparición ha sido posible pues me habeis evocado y convocado con el pensamiento y una dama, que se precie de ello,lo menos que podía hacer, ante vuestra declarada sensibilidad al dedicaros a mí, ha sido invocar desde donde me encuentro, me fuera concedido el honor de escribiros...

Has logrado que recuerde, con cierta gracia que ocultar no puedo, vuestra opinión, opuesta en aquella oportunidad, cuando dedicasteis vuestro comentario al "Poema para dos Almas Gemelas".
Mi sentimiento, que en algún lugar habrá quedado escrito fue:"...siento que en lo que hace AL AMOR TODO SE PUEDE. Se que es posible hallar a nuestra alma gemela, o la otra cara de nuesta alma, la complementaria...".
Es ese el motivo por el cual ocultar no puedo mi gracia al evocar vuestra dedicatoria:
"Hasta aquí hemos hablado de nuestro desprecio por las almas gemelas. Ahora, y como una muestra más de nuestro acabada fragmentación psíquica, daremos cuenta de todo lo contrario.
Cualquier argumentación cae bajo el peso del arte, y si hay alguna guerrera del verso a la que no podemos contradecir, es a nuestra adorada Elizabeth Barret Browning.
Es casi imposible negar la realidad de las almas gemelas para quien conozca la historia de amor que une a la poetisa con su amado, Robert Browning. Razón por la cual, nos retiramos discretamente, cargando sobre los hombros todas nuestras elucubraciones, dejándolos disfrutar de algo que sí es hermoso en su predestinación, la poesía.
Hoy, os lo dedico y obsequio, noble Aelfwine...He tenido una leve y extraña sensación que me ha alegrado...Usadlo cuando sintais vuestro momento...si alguna vez cambiareis de opinión...aceptad este regalo...os deseo que sane el corazón para sentir "El Amor,cuando somos amados de nuevo"...cuando una mujer sienta que lo mejor está fuera...al sorprenderse cuando lo descubre con un nuevo beso...

Cuando nuestras dos Almas.
When our two souls, Elizabeth Barret Browning.
Cuando nuestras dos almas se alzan firmes,
cara a cara, silenciosas, dibujando intimidades,
hasta que la extensión de nuestras alas se quiebra,
lacerando cada recodo, quemando cada curva.
Entonces ¿qué amargura de la tierra puede opacarnos
sin que en el otro encontremos eterno consuelo?
Piensa que, escalando alto, los ángeles nos contemplan;
deseando derramar una dorada, una perfecta melodía
sobre nuestro abismal y querido silencio.
Demoremos nuestros pasos por el mundo, amado mío;
huyendo del humor inestable de la humanidad
que aisla cruelmente a los puros espíritus.
Hagamos juntos un sitio donde permanecer de pie,
donde la felicidad de las horas sea amarnos por un día,
rodeados por la Oscuridad como única compañía.
Beth.