El verdadero amor pasa: William Blake

William Blake no fue un hombre negado para el amor; de hecho, se afirma que su pasión lo llevó a reflexionar sobre las limitaciones de enamorarse de una sola mujer. Luego, tras una revisión más profunda de esa filosofía, Blake sostuvo que las limitaciones eran preferibles a la enojosa tarea de conformar a dos damas al mismo tiempo. De todos modos, al poeta no le desagradaba la poligamia, y la defendía con rigor académico cuando se la atacaba; pero a pesar de su fe, jamás la practicó, según dicen sus comentadores, por respeto a su esposa.

Pero aquí no hablaremos sobre estas ásperas cuestiones, más que nada porque luego deberemos sostenerlas ante nuestras respectivas parejas; tarea ingrata y por demás irrealizable. Quienes conozcan a las mujeres argentinas sabrán que no pueden ser sometidas con el arte de la retórica, y nos disculparan por huir cobardemente de esta polémica.

Volviendo a nuestro tema, decíamos que William Blake no era un negado para el amor; lo cual no es ni siquiera un detalle, pero súbitamente adquiere relevancia cuando nos topamos con este misterioso poema.

Hasta aquí hemos visto muchos poemas sobre la muerte, pero nunca hemos mostrado uno en el que el muerto sea el Amor mismo.
William Blake no soñó con una pasión arrolladora que sobrevive a los amantes. Aquí: el amor, el cariño y la ternura no trascenderán a quienes las sintieron. Las emociones que agitaron sus venas yacerán en la fría tumba, junto a los jóvenes amantes que en un tiempo fueron, y que, como todos nosotros, algún día dejarán de ser.

El Verdadero Amor Pasa.
William Blake

Mis sedas y mi fino atuendo,
mis sonrisas y mi aspecto lánguido
el amor se lleva
y el lúgubre y flaco desaliento
me trae tejos para adornar mi tumba:
tal es el fin que los verdaderos enamorados hallan.

Su rostro es bello como el cielo
al abrirse los briosos capullos.
Ah, ¿porqué le fue dado
un corazón que es helado invierno?
Su pecho es la venerada tumba del amor de todos,
a la que acuden los peregrinos de la pasión.
Traedme pala y hacha:
traed mi mortaja.
Cuando haya cavado mi fosa
dejad que azoten los vientos y las tempestades;
en la tierra yaceré, frío como la arcilla.
¡El verdadero amor pasa!
William Blake.

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