Los Misterios del Gusano: análisis de «El Gusano Vencedor» de Poe.


Los Misterios del Gusano: análisis de «El Gusano Vencedor» de Poe.




En El Espejo Gótico hoy analizaremos el poema de Edgar Allan Poe: El Gusano Vencedor (The Conqueror Worm), publicado originalmente en la edición de enero de 1843 de la revista Graham's Lady's and Gentleman's Magazine, y luego publicado en la colección de 1845: El Cuervo y Otros poemas (The Raven and Other Poems). Finalmente sería reeditado en la antología de 1850: Las obras del difunto Edgar Allan Poe (The Works of the Late Edgar Allan Poe).


¡Ved! Es noche de gala en estos últimos
años solitarios. Una multitud de ángeles alados,
adornados con velos y anegados en lágrimas,
se halla reunida en un teatro para contemplar
un drama de esperanzas y temores mientras
la orquesta suspira, a intervalos, la música de las esferas.


A menos que nuestro cuerpo sea completamente quemado o destruido, todos somos comidos al final. El Gusano Vencedor de Edgar Allan Poe implica que, tarde o temprano, seremos alimento. No importa cuán notables sean nuestros logros, en última instancia, el Gusano Vencedor nos devorará. Este hecho es a la vez completamente natural y aterrador.

El Gusano Vencedor de E.A. Poe toma este proceso natural y lo examina detalladamente, aprovechando un tabú ancestral de nuestra cultura occidental: la disposición respetuosa y decorosa de los restos mortales de los que nos han precedido. Qué hacer con los muertos es una cuestión religiosa importante en todas las sociedades humanas. Tratamos a los cadáveres con respeto, de tal manera que sigan siendo parte de la comunidad; y, sin embargo, estén alejados de la esfera inmediata de los vivos. De ahí la existencia de los cementerios, que reúnen a los muertos en un solo lugar pero no forman parte de la vida diaria de la comunidad.

Tomado literalmente, El Gusano Conquistador es un poema sobre una obra de teatro escrita por Ligeia. El narrador se lo lee en su lecho de muerte. En la obra, una audiencia de ángeles observa el escenario en el que unos actores [parecidos a marionetas] impulsados ​​por fuerzas invisibles, vuelan por el escenario. Los actores están persiguiendo a «El Fantasma». Eventualmente irrumpe el Gusano Vencedor y empieza a comerse a los actores. Luego cae el telón y los ángeles declaran que la obra es una tragedia llamada «Hombre» y que su héroe es el Gusano Vencedor. El punto de la obra es que la humanidad es débil, sin libre albedrío, condenada a la tristeza, al pecado, a la persecución de lo inalcanzable, y finalmente a ser devorada por los gusanos [ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos en la ficción]

Ese enfoque de la vida es comprensible, dado que el poema fue escrito por una mujer moribunda [Ligeia] un par de días antes de su muerte. El poema implica que la vida humana es una escenificación que termina en una muerte espantosa, que el universo está controlado por fuerzas que el hombre no puede entender, y que esas fuerzas sobrenaturales que podrían ayudar son espectadores impotentes que sólo pueden afirmar la tragedia de la escena. El hecho de que el poema aparezca en el momento de la muerte de Ligeia parece paradójico, pero tiene sentido más adelante en la historia cuando ella vuelve a la vida.

El Gusano Vencedor, entonces, es parte integral de Ligeia (Ligeia), y utiliza la imagen arquetípica del Gusano para examinar algunas cuestiones relacionadas con la Muerte. De hecho, el Gusano es el «héroe» del poema; y si bien puede leerse y disfrutarse independientemente, es en el contexto de Ligeia donde despliega su mayor riqueza [ver: Mi esposa nigromante: análisis de «Ligeia»]

El poema describe una escena en los «últimos años solitarios» en la que una audiencia de ángeles, velados y llorando, se sienta en un teatro viendo una tragedia llamada «Hombre». Una «cosa roja como la sangre» se entromete en la escena y la carne humana es devorada. Al final, los ángeles se elevan y el «héroe» es designado como el «Gusano Vencedor». Este poema supuestamente es escrito por Ligeia justo antes de su muerte. El amante de Ligeia narra la historia, que se abre con un poema epigramático atribuido a Joseph Glanvill [la importancia de este epigrama quedará clara más adelante]. El narrador describe a Ligeia como una mujer misteriosa y de gran inteligencia, y juntos buscan el conocimiento. Ligeia, sin embargo, se ve superada por una enfermedad; y, aunque quiere que él le lea El Gusano Vencedor, ella recita repetidamente el epigrama de Glanvill, que celebra la fuerza de la voluntad.

Estos dos poemas, aparentemente opuestos, luchan dentro de Ligeia; pero, al final, la cita de Glanvill [que Ligeia reafirma con su último aliento] resulta victoriosa. Después de un tiempo, el narrador toma otra esposa [Lady Rowena] que también enferma y, quizás por sus acciones malignas, muere. Su cuerpo pasa por varios ataques de reanimación y finalmente es tomado por el espíritu de Ligeia [ver: Ligeia y Lady Rowena: dos arquetipos femeninos en la obra de Edgar Allan Poe]

Edgar Allan Poe construyó esta alegoría colocando varias capas de simbolismo y significado, y el lector debe esforzarse por despegarlas para llegar al núcleo de la obra. Un enfoque para resolver este rompecabezas se centra en la figura central del poema: el Gusano.


Actores creados a la imagen del Altísimo,
murmuran en voz baja y saltan de un lado al
otro; pobres fantoches que van y vienen a órdenes
de vastas creaturas informes que cambian
la decoración a su capricho, sacudiendo con sus
alas de cóndor a la invisible desgracia.


En primer lugar, Edgar Allan Poe estaba al tanto de la tradición simbólica que emplea simultáneamente las figuras del Gusano y la Serpiente; de hecho, en Inglés Antiguo se utilizaba la misma palabra para referirse a ambas criaturas: wyrm. E.A. Poe invoca estas tradiciones simbólicas al hacer referencia a culturas antiguas en varios pasajes de El Gusano Vencedor y Ligeia. Por ejemplo, se dice que Ligeia pertenece a una familia antigua que «tenía un gran dominio de las lenguas clásicas», y que el narrador la conoció en «una ciudad grande, vieja y decadente cerca del Rin». Incluso el escenario principal del relato, el dormitorio nupcial, evoca imágenes del pasado antiguo. El narrador describe «tallas solemnes de Egipto», vidrio veneciano, un techo abovedado [«semigótico y semidruídico»] y «un enorme incensario de diseño sarraceno y con perforaciones tan artificiales que se retorcían dentro y fuera, como si estuviera dotado de una vitalidad de serpiente».

El tema de los Mitos también se traslada al poema, incluidos los Ángeles judeocristianos, las ideas griegas sobre la tragedia y algunos símbolos egipcios. Estas referencias al pasado implican una asociación entre el Gusano Vencedor y las características e ideas asociadas con la Serpiente a través de las culturas. De hecho, Carl Jung sostiene que la Serpiente es uno de los principales arquetipos del inconsciente colectivo; es decir, imágenes arcaicas, primordiales, que han existido desde los tiempos más remotos. En términos psicológicos, todo arquetipo es un tipo de contenido inconsciente que se altera al volverse consciente y ser percibido, y que toma los colores y matices de la conciencia individual en la que aparece.

En este contexto, nuestra reacción típica ante el Gusano-Serpiente resulta de un pasado primordial compartido, pero con distintos matices debido a diferentes interpretaciones culturales del mismo fenómeno. Carl Jung se basó en la idea de Sigmund Freud de la Serpiente como símbolo universalmente aplicable al órgano masculino; pero luego se alejó de este concepto diciendo que sentía que era incorrecto suponer que la Serpiente tiene un significado meramente fálico [«tan incorrecto como negar que puede tener un significado fálico en algunos casos»]. Carl Jung creía que cada símbolo tiene múltiples significados, y que las interpretaciones exclusivamente sexuales eran insuficientes [ver: Freud, el Hombre de Arena, y una teoría sobre el Horror]

Jung estaba más interesado en la universalidad del símbolo, en la idea del arquetipo. Esta idea, incluso el término mismo, se remontan a Platón; cuya Alegoría de la Caverna, donde unos prisioneros encadenados bajo tierra solo pueden mirar en una dirección y, en consecuencia, solo percibir sombras de la realidad, se expresa en Ligeia para referirse a los recuerdos incompletos y, especialmente, a la presencia de Ligeia en el dormitorio después de la muerte de Lady Rowena. Este juego es muy parecido a las ideas de Platón sobre las formas primordiales, o cosas a las que los humanos reaccionan de cierta manera sin saber por qué ni cómo [ver: «In Articulo Mortis»: Poe y algunas opciones para retrasar la muerte]

Ahora bien, lo que Carl Jung llama «arquetipos», Edgar Allan Poe llama «recuerdos»; y sugiere que estos provienen de «nuestra unidad pasada, una existencia anterior a nuestra diferenciación del Uno, y por lo tanto también son un presagio de nuestro destino futuro». Edgar Allan Poe creía que un recuerdo es simultáneamente una profecía, y que nuestras vidas, aparentemente individuales, en realidad son pedazos de un todo más grande. En este sentido, no somos individuos, mucho menos seres independientes; y estos «recuerdos» nos persiguen en el presente, recordándonos/prediciéndonos nuestro irrevocable futuro, donde nos perderemos a nosotros mismos, o mejor dicho, donde perderemos la ilusión de nuestra individualidad.

La sugerencia de Edgar Allan Poe y Carl Jung de que los «recuerdos» y «arquetipos» del pasado primordial compartido están en funcionamiento en el presente y afectan nuestro futuro, desbarata el concepto del tiempo, de algo lineal [o cronológico] a circular. Esta idea de un conocimiento primordial y universal puede explicar por qué tantas culturas incluyen al Gusano en sus mitos de manera muy similar. Las referencias a las culturas egipcia, mesopotámica, india, griega, hebrea, celta y otras dentro de Ligeia y El Gusano Vencedor, destacan estos mitos como trasfondo importante.

Ahora bien, el arrastrar de los gusanos a través de los cadáveres se considera un símbolo sexual, y en este sentido representa una gratificación erótica al pensar en la disolución del cuerpo de una mujer hermosa. La idea romántica del descanso dentro de la tumba es análoga al deseo de regresar sigilosamente al útero materno, que Carl Jung considera característico del introvertido.. Por otro lado, en su ensayo Lo Siniestro (Das Unheimliche), Sigmund Freud define este término como «algo familiar o antiguo establecido en la mente que ha sido alienada por el proceso de represión». Es decir que lo Siniestro tiene el poder de provocar una sensación de pavor porque es, a la vez, extraño y familiar [ver: Lo Siniestro en la ficción].

¿Y qué es más temido, y a la vez más familiar, que la muerte? Aunque la muerte es una garantía para cualquier ser vivo, se sabe poco sobre ella o sus consecuencias.


Este drama abigarrado —estad seguro que
no será olvidado—, con su fantasma perseguido
siempre por una muchedumbre que no puede
atraparlo, en un círculo que gira siempre sobre
sí mismo y vuelve sin cesar al mismo punto;
ese drama en el cual forman el alma de la intriga
mucha locura y todavía más pecado y horror.


Si bien la mitología clásica es importante, Edgar Allan Poe se crió en Virginia [proesclavista], lo cual le proporcionó una gran familiaridad con el Vudú practicado por los esclavos de las plantaciones. De hecho, la literatura gótica de E.A. Poe tiene menos que ver con los elementos tradicionales del género, provenientes de Alemania y, en menor medida, de Inglaterra, que con las historias afroamericanas de zombis y muertos conjurados. La obsesión de Poe con la reciprocidad entre los vivos y los muertos, lo humano y lo animal, definitivamente tiene sus raíces en el Vudú; no de forma directa, por supuesto, sino debajo de la superficie, aunque evidente para alguien dispuesto a excavar en profundidad en sus historias [ver: Lo Siniestro en los relatos de Edgar Allan Poe]

Hay muchos antecedentes de las imágenes utilizadas en El Gusano Vencedor en varias obras de Edgar Allan Poe. De hecho, es frecuente la personificación de la Muerte como un «gusano conquistador»; por ejemplo, en La Durmiente (The Sleeper):


¡Mi amor, ella duerme! ¡Oh, que su sueño así sea profundo!
Que suaves que se arrastren los gusanos a su alrededor.


Ahora bien, el Gusano Vencedor es una representación de la Muerte, pero no de la muerte biológica, la inevitable muerte de lo orgánico; sino más bien de la muerte producida por un debilitamiento de la voluntad:


[«¿No será vencido este Conquistador alguna vez? ¿No somos parte integral de Ti? ¿Quién, quién conoce los misterios de la voluntad con su vigor? El hombre no se entrega a los ángeles, ni a la muerte por completo, salvo por la debilidad de su voluntad.»]


El concepto que sostiene este pasaje de Ligeia parece extraído de El Libro de Enoc, probablemente la obra que mejor expresa el pensamiento gnóstico. Esto es lo que dice Enoc respecto de la «voluntad» a la que se refiere Edgar Allan Poe:


[«La luz y la oscuridad coexisten en Eterna enemistad; su guerra nunca termina. Incluso entre los Dioses hay quienes han sido ganados por la oscuridad, rebelándose contra el Camino en el que deben andar para seguir su propia voluntad. Doscientos de los serafines han descendido al plano físico, donde han fecundado a mujeres mortales, pensando así producir una mejor raza para heredar la tierra.»]


Esta es una parodia del Plan Divino, porque los serafines no pueden crear. Es decir que aquellos ángeles que «siguieron su propia voluntad» fueron arrojados del cielo, y quizás la razón de su llanto compasivo en El Gusano Vencedor.

Pero, ¿por qué los serafines «sollozan» en el poema? Porque, como sugiere Ligeia, la muerte puede ser superada por la voluntad [«Porque Dios no es más que una gran voluntad que impregna todas las cosas por la naturaleza de su intención»]. Los serafines saben que, a diferencia de ellos mismos, los humanos tienen libertad para ejercer su voluntad, pero sin embargo no la ejercen en toda su extensión, o en su mejor propósito, sino que corren en círculos como niños inconscientes. Precisamente por eso es una «tragedia».

No me parece que Edgar Allan Poe haya creído en la idea trascendentalista de la superioridad del hombre sobre la muerte. Más bien parece estar ridiculizando este concepto para hacerlo más susceptible al tratamiento satírico. Tengamos en cuenta que el poema se lee justo antes, o incluso mientras muere la protagonista ante el narrador. Este punto marca el momento preciso en que Ligeia comienza a eludir al narrador a través de la muerte y su descenso simultáneo a la locura. De hecho, Ligeia puede entenderse como la historia de un hombre que, habiendo habitado una vez el reino del Ideal, busca hasta la locura recrear su éxtasis perdido [ver: E.A. Poe y la Locura como sublime forma de la inteligencia]

Cuando somos felices, o nos acercamos lo suficiente a la felicidad como para saborearla, la pérdida de ese estado es difícil de aceptar. El narrador de Ligeia ha experimentado esa pérdida, y siempre estará obsesionado por ella. Su vida será una continua búsqueda, un sueño o una pesadilla de ese Ideal perdido. Cuando la muerte lo separa de Ligeia, el Gusano Vencedor presagia su mórbido destino de perseguir en vano al «fantasma» de su pasado.

El lector no puede limitarse a reconocer al Gusano Vencedor como la muerte. Este ha sido un error recurrente en muchos críticos de E.A. Poe, quienes a menudo hablan de un poema «mórbido» y «repulsivo». Aceptar esa simpleza también nos obliga a aceptar que, en la última estrofa, E.A. Poe explica el significado del poema como si temiera que nos perdiéramos la moraleja. Por supuesto, esto es absurdo. Edgar Allan Poe no tenía ningún apetito por lo didáctico, y menos en un asunto tan importante como la poesía.

No, El Gusano Vencedor y Ligeia constituyen una misma corriente de consciencia; no se trata de un poema dentro de una historia, sino de la misma historia: la noche dentro de los «últimos años solitarios» del poema es la noche de fines de septiembre en el dormitorio, la tormenta torrencial en el poema es la atmósfera húmeda en el cuento, el paño mortuorio en el poema es el tapiz en la alcoba del cuento; los ángeles que se levantan y se revelan en el poema es Ligeia resucitada en el cuento [ver: El cuerpo de la mujer en el Gótico]

Pero, ¿cómo la misma historia puede tener dos finales?

La conclusión del poema parece ser la caída del telón: la Muerte misma; mientras que la conclusión del cuento, significativamente discrepante, trae el triunfo de la voluntad y la vida. Si el Gusano es la Muerte Vencedora de la humanidad, Ligeia es la Conquistadora de la Muerte en el cuento. Sin embargo, interpretar el poema y el cuento de esta manera es un error. Después de todo, Edgar Allan Poe hunde sus manos en la espiritualidad primordial, es decir, en las primeras nociones del alma, que pueden reducirse a la simple idea de que algo sobrevive a la muerte del cuerpo, lo que convierte al Gusano Vencedor en un emblema del alma inmortal.

Para E.A. Poe existen dos muertes posibles: la muerte final del cuerpo físico y la posible muerte del alma, un concepto bíblico que también es compartido por otros sistemas de creencias. En este contexto, E.A. Poe parte de la premisa de que la vida en la tierra es muerte, y que la muerte, aunque debe descomponer toda materia y espíritu, permite el renacimiento. En todos los relatos y poemas de Edgar Allan Poe donde el narrador pierde a la mujer amada jamás se deja implícito que se trata de una separación definitiva. Más aún, el alma de la mujer muerta siempre migra hacia otro cuerpo, descartando el consuelo de la teología cristiana y estableciendo que aquello que llamamos «muerte» en realidad es una metamorfosis extremadamente dolorosa, como la del Gusano que se convierte en mariposa [ver: La reencarnación en la obra de Edgar Allan Poe]

Estas ideas gnósticas, de nuevo, pueden encontrarse bellamente expresadas en El Libro de Enoc:


[«Y el ángel respondió: Estos son los hijos de la perdición, que han vendido sus almas a las tinieblas. Conocen el Camino de la Vida; les ha sido perfectamente revelado, pero han rechazado la Luz y abrazado las tinieblas. La oscuridad no tiene alegría ni paz en ella. Es horror y desesperación, ira y venganza, odio y miedo. Estas negatividades se apoderan de sus almas para que deban morar en este horror de la oscuridad hasta que encuentren la liberación a través del olvido. Sólo sobre estos tiene algún poder la segunda muerte.»]


El horror está reservado para aquellos que experimentarán la segunda muerte, la muerte del alma. Las almas redimibles, las que no experimentarán la segunda muerte, deben sufrir los dolores de la purificación. Edgar Allan Poe, entonces, también utiliza la imagen del Gusano Vencedor en términos bíblicos, es decir, como metáfora del ser humano entendido como una criatura humilde y resignada al sufrimiento. Job lo expresa mejor:


[«¿Cómo, pues, puede un mortal ser justo ante Dios? ¿Cómo puede ser puro alguien nacido de una mujer? Si incluso la luna no es brillante y las estrellas no son puras a Sus ojos, ¡cuánto menos un mortal, que no es más que un gusano, un ser humano, que no es más que un gusano!»]


Es decir que, a causa de los pecados del ser humano [incluso aquellos que pagamos con retroactividad], el desgarro de su carne puede entenderse como necesario para liberar su alma y migrar hacia otro cuerpo, o bien fundirse en su origen divino. La revelación de los ángeles que se levantan en la última estrofa del poema afirma que el sufrimiento [la tragedia de la vida en la tierra] ha terminado, y ya no necesitan taparse los ojos. El Gusano Vencedor no es el mal encarnado, ni siquiera es la muerte. Edgar Allan Poe utiliza esta imaginería arquetípica para introducir miedos primordiales, pero al final son una pista falsa. El Gusano Vencedor es el alma eterna del ser humano que trasciende el cuerpo físico.

También en Ligeia sucede lo mismo. La voluntad de la mujer ha vencido a la muerte, la tumba se abre y Ligeia vuelve a vivir. Algunos interpretan este retorno como una alucinación del narrador, o incluso como una proyección de su inconsciente feminizado; pero lo cierto es que Ligeia regresa de entre los muertos; y el lenguaje utilizado por Edgar Allan Poe en este final es muy similar al del final del poema. La resurrección de Ligeia sugiere un triunfo, una conquista de la parte mortal del ser humano, del mismo modo en que se celebra la victoria del Gusano Vencedor en el poema.

Para Edgar Allan Poe la trascendencia se obtiene mediante el sufrimiento y la purga de todas las cosas físicas, incluído el cuerpo. En este contexto, el Gusano es un asistente; nos roe y nos digiere, no para enviarnos al olvido, sino para permitirnos trascender espiritualmente, para liberarnos de toda atadura física. Paradójicamente, esa liberación es también una forma de disolución. ¿Qué queda de nosotros, de nuestro yo, de nuestra individualidad, cuando la última fibra de nuestro organismo sea digerida por los gusanos? No lo sé, pero probablemente nos resulte irreconocible:


Pero ved, a través de la bulla de los actores
como una forma rampante hace su entrada.
Una cosa roja, color sanguinolento viene retorciéndose
de la parte solitaria de la escena.
¡Cómo se retuerce! Con mortales angustias
los actores constituyen su presa, y los ángeles
sollozan viendo esas mandibulas de gusano
teñirse en sangre humana.


Tenemos un recuerdo atávico de ser presas, miedo a ser comidos. Entre las primeras formas de conciencia está la conciencia de ser carne. Todas las culturas tienen historias sobre monstruos devoradores de cadáveres; después de todo, cuando no somos consumidos por la muerte misma, somos el banquete de una serie de criaturas después de la muerte. Incluso sellado en un ataúd, un cadáver es devorado por bacterias. De hecho, antes de que aparezcan las bacterias, nuestros cadáveres comienzan a comerse a sí mismos. Cuando mueres, las enzimas de tus células comienzan a consumir las células que las contienen; luego los insectos ponen huevos sobre el cadáver, prefiriendo las partes blandas [ojos, boca, heridas abiertas, ano, genitales]. Lo hacen porque los gusanos que nacen no pueden comer a través de la piel humana.

Al mismo tiempo, las bacterias en el sistema digestivo [y en otras partes del cuerpo] ya no están inhibidas por tu sistema inmunológico. Son libres de comer y reproducirse. A las pocas horas de la muerte, las bacterias, el cuerpo mismo, y los insectos por fuera, comienzan el banquete. La putrefacción, la etapa final de la descomposición, es la licuefacción gradual del tejido. Las bacterias primero devoran los pulmones y los órganos digestivos, luego el cerebro, y finalmente los demás órganos. Los insectos [y posiblemente otros animales] comerán de afuera hacia adentro. La palabra sarcófago es pertinente: significa «devorador de carne» [sarx y phagos]. Es decir que, cuando colocamos a alguien en un sarcófago, la implicación es que el ataúd mismo se comerá al cadáver.

El resultado final de la muerte es ser comido; y por eso ambas cosas constituyen un miedo universal. Edgar Allan Poe juega maravillosamente con todo esto, pero al final nos brinda un poco de esperanza. Por supuesto, al final todos seremos devorados por algo, pero eso que es devorado es la parte más superficial de nuestro ser: nuestra individualidad.


[«Pero este es el gran secreto, Enoc. No somos diferentes unos de otros, sino diferentes manifestaciones de una misma realidad.»]


El gran secreto de Edgar Allan Poe es este: el Gusano Vencedor no es la muerte conquistando a los vivos, sino los vivos venciendo a la muerte.


Todas las luces se apagan, todas, todas.
Sobre cada forma todavía tiritante, el telón,
como un paño mortuorio, desciende con un ruido
de tempestad. Y los ángeles, todos pálidos
y macilentos, se levantan y, cubriéndose, afirman
que ese drama es una tragedia llamada:
«Hombre»; y su héroe: el Gusano Vencedor.




Edgar Allan Poe. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: Los Misterios del Gusano: análisis de «El Gusano Vencedor» de Poe fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

El Aprendiz dijo...

Excelente análisis, como nos tienes acostumbrados



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Consultorio paranormal.
Taller gótico.
Relato de Basil Copper.

Poema de Charlotte Dacre.
Análisis de «Las Ratas del Cementerio» de Henry Kuttner.
Poema de Clark Ashton Smith.