Caterina: la verdadera gata negra de Edgar Allan Poe.
Si tuviésemos que relacionar a Edgar Allan Poe con cualquier animal, doméstico o salvaje, la respuesta sería: un gato negro, lo cual, además de lógico, es rigurosamente cierto.
La mayoría de los lectores de Edgar Allan Poe seguramente conocen su cuento de terror: El gato negro (The Black Cat), publicado en 1843; una historia violenta, fuertemente sádica, acerca de un hombre alcohólico que termina con la vida del gato negro de su esposa.
Lo que pocos saben es que aquel extraordinario relato de terror está basado en una situación real y en un gato negro que realmente existió.
Poco se sabe sobre aquel animal, salvo que Edgar Allan Poe lo aborrecía profundamente, como a todos los gatos que había conocido hasta entonces. Pero su opinión cambiaría radicalmente cuando otro felino llegó para sustituír a la ya extraviada mascota.
Su nombre era Caterina.
Caterina —o Cattarina, según otros— era la gata negra de Virginia Clemm, esposa de Edgar Allan Poe, cuya actitud y comportamiento emocionaron tanto al poeta que incluso terminó por redimir al felino vengativo de El gato negro, cuyo protagonista se llama Pluto.
En los primeros meses de 1844, cuando recién empezaban a manifestarse los primeros síntomas de la terrible enfermedad de Virginia Clemm, tuberculosis, Edgar Allan Poe resolvió adoptar un animal para que acompañara a su esposa durante su ausencia.
Caterina llegó al austero departamento de los Poe en 1844, sin nombre ni procedencia conocidas. Lo primero que se discutió, como en todas las casas en las que se adopta un animal, fue el nombre. Virginia Clemm sugirió que se llamase Caterina, sin saber que su etimología ya anticipaba el temperamento oscilante del felino, ya que en griego antiguo, según su acentuación (Aikaterina o Aikaterinẽ) puede significar tanto "puro" como "excremento".
Al margen de estas curiosidades lingüísticas, Caterina cumplió su función de compañera con gran dedicación. Rara vez se separaba de Virginia. Y su vínculo fue haciéndose más y más fuerte a medida que la enfermedad avanzaba, debilitándola a tal punto que no le permitía salir de la cama.
Así transcurrieron casi tres años.
En enero de 1847 Virginia Clemm agonizaba. Asediado por deudas y una ya patológica insolvencia económica, Edgar Allan Poe era incapaz siquiera de calefaccionar adecuadamente el apartamento.
Fue en ese momento de extremo padecimiento cuando Caterina se instaló día y noche sobre el lecho agónico de Virginia Clemm. Sin preocuparse por la comida y las pequeñas correrías típicas de los felinos, la gata permaneció acostada tenazmente sobre las piernas de Virginia Clemm, abrigándola con su cuerpo.
Virginia Clemm falleció el 30 de enero de 1847. El funeral tuvo lugar tres días después, con un Edgar Allan Poe devastado que incluso se rehusó a ver el rostro de su joven esposa muerta. Ese mismo día, el Daily Tribune y el Herald publicaron el mismo obituario:
Todavía con la factura impaga del funeral y del ataúd de Virginia Clemm, Edgar Allan Poe regresó a su apartamento.
Caterina lo esperaba ansiosamente.
Edgar Allan Poe y Caterina convivieron durante dos años más, hasta 1849. La relación entre ambos fue más bien formal. El poeta la alimentaba periódicamente mientras la gata negra solo emergía de la cama de Virginia durante las noches, acaso para maullarle a la luna.
Nadie sabe si Caterina se escapó mediante una astucia o si Edgar Allan Poe favoreció su extravío dejando alguna ventana abierta. Lo que sí sabemos es que su ausencia no fue ocupada por ninguna otra mascota, así como su corazón, avivado fugazmente por algunos amores secretos, ya no volvió a latir del mismo modo por otra mujer.
Más relatos de terror de gatos. I Más sobre E.A. Poe.
Más literatura gótica:
Si tuviésemos que relacionar a Edgar Allan Poe con cualquier animal, doméstico o salvaje, la respuesta sería: un gato negro, lo cual, además de lógico, es rigurosamente cierto.
La mayoría de los lectores de Edgar Allan Poe seguramente conocen su cuento de terror: El gato negro (The Black Cat), publicado en 1843; una historia violenta, fuertemente sádica, acerca de un hombre alcohólico que termina con la vida del gato negro de su esposa.
Lo que pocos saben es que aquel extraordinario relato de terror está basado en una situación real y en un gato negro que realmente existió.
Poco se sabe sobre aquel animal, salvo que Edgar Allan Poe lo aborrecía profundamente, como a todos los gatos que había conocido hasta entonces. Pero su opinión cambiaría radicalmente cuando otro felino llegó para sustituír a la ya extraviada mascota.
Su nombre era Caterina.
Caterina —o Cattarina, según otros— era la gata negra de Virginia Clemm, esposa de Edgar Allan Poe, cuya actitud y comportamiento emocionaron tanto al poeta que incluso terminó por redimir al felino vengativo de El gato negro, cuyo protagonista se llama Pluto.
En los primeros meses de 1844, cuando recién empezaban a manifestarse los primeros síntomas de la terrible enfermedad de Virginia Clemm, tuberculosis, Edgar Allan Poe resolvió adoptar un animal para que acompañara a su esposa durante su ausencia.
Caterina llegó al austero departamento de los Poe en 1844, sin nombre ni procedencia conocidas. Lo primero que se discutió, como en todas las casas en las que se adopta un animal, fue el nombre. Virginia Clemm sugirió que se llamase Caterina, sin saber que su etimología ya anticipaba el temperamento oscilante del felino, ya que en griego antiguo, según su acentuación (Aikaterina o Aikaterinẽ) puede significar tanto "puro" como "excremento".
Al margen de estas curiosidades lingüísticas, Caterina cumplió su función de compañera con gran dedicación. Rara vez se separaba de Virginia. Y su vínculo fue haciéndose más y más fuerte a medida que la enfermedad avanzaba, debilitándola a tal punto que no le permitía salir de la cama.
Así transcurrieron casi tres años.
En enero de 1847 Virginia Clemm agonizaba. Asediado por deudas y una ya patológica insolvencia económica, Edgar Allan Poe era incapaz siquiera de calefaccionar adecuadamente el apartamento.
Fue en ese momento de extremo padecimiento cuando Caterina se instaló día y noche sobre el lecho agónico de Virginia Clemm. Sin preocuparse por la comida y las pequeñas correrías típicas de los felinos, la gata permaneció acostada tenazmente sobre las piernas de Virginia Clemm, abrigándola con su cuerpo.
Virginia Clemm falleció el 30 de enero de 1847. El funeral tuvo lugar tres días después, con un Edgar Allan Poe devastado que incluso se rehusó a ver el rostro de su joven esposa muerta. Ese mismo día, el Daily Tribune y el Herald publicaron el mismo obituario:
30 de enero, de consunción pulmonar, en el 25 aniversario de su vida, falleció VIRGINIA ELIZA, esposa de EDGAR A. POE.
Todavía con la factura impaga del funeral y del ataúd de Virginia Clemm, Edgar Allan Poe regresó a su apartamento.
Caterina lo esperaba ansiosamente.
Edgar Allan Poe y Caterina convivieron durante dos años más, hasta 1849. La relación entre ambos fue más bien formal. El poeta la alimentaba periódicamente mientras la gata negra solo emergía de la cama de Virginia durante las noches, acaso para maullarle a la luna.
Nadie sabe si Caterina se escapó mediante una astucia o si Edgar Allan Poe favoreció su extravío dejando alguna ventana abierta. Lo que sí sabemos es que su ausencia no fue ocupada por ninguna otra mascota, así como su corazón, avivado fugazmente por algunos amores secretos, ya no volvió a latir del mismo modo por otra mujer.
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El artículo: Caterina: la verdadera gata negra de Edgar Allan Poe fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com





















































3 comentarios:
me encanta tu blog, metáforas indulgentes y otras no tanto, soy tu fan y esta entrada ha sido algo muy educativo, jamás lo había pensado
Hey, hola! ;) Me pareció una buena entrada, te sigo desde hace tiempo. Estuve checando tus entradas y acabo de recomendar tu blog en mi página de facebook (Entre tu poesía y la mía). Sigue escribiendo así. =D Saludos.
que buena entreda
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