Horror Cósmico: el futuro es de los pesimistas


Horror Cósmico: el futuro es de los pesimistas.




Lovecraft se consideraba realista. Y lo era. Abandonó la estética de la mitología, y enfrentó la realidad tal como la percibía, con la máxima objetividad, rigurosidad, y una total falta de apego emocional.

El Horror Cósmico opera del mismo modo. No es fantasía en el sentido estricto de la palabra, sino más bien una observación intelectualmente distante de nuestro despreciable lugar en el universo (ver: Horror Cósmico: el universo conspira para destruirnos)

En este contexto, Lovecraft en sí mismo era como uno de los seres interdimensionales de los Mitos de Cthulhu: se mantenía al margen de la vida, viendo pasar la corriente del tiempo, como si él mismo fuera una inteligencia foránea observando la insignificancia del ser humano y su falta de propósito del cosmos (ver: Horror Cósmico: qué es, cómo funciona, y por qué el tamaño sí importa)

Después de todo, el Horror Cósmico expone lo absurdo de la creencia en la perfectibilidad del hombre, y en la Ciencia como la solución a todos nuestros males. No hay grandes utopías ni distopías en el futuro. Ambas concepciones son expectativas ingenuas, e igualmente infundadas.

El Horror Cósmico rechaza todo eso, y lo explica como el producto de una raza que se niega desesperadamente a aceptar la verdad: no somos nada en el esquema del Multiverso, la gloria o la catástrofe del futuro son destinos exagerados para nuestras miserables virtudes y defectos (ver: Cosmicismo: la filosofía del Horror Cósmico).

La Ciencia, hay que admitirlo, plantea un interesante desafío al indiferentismo del Horror Cósmico (ver: ¿El Horror es mejor que la Ciencia Ficción?). Podemos seguir aprendiendo, afirma la Ciencia, podemos expandir nuestro conocimiento ilimitadamente. Solo necesitamos tiempo —¡tiempo!—, de manera tal que esa verdad última, ese no somos nada, finalmente adquiera un sentido que hoy, penosamente, se nos escapa.

Sin embargo, en este contexto la Ciencia utiliza un recurso que deplora en otros ámbitos: la fe.

Debemos creer en una evolución ascendente, creer en el progreso ilimitado del ser humano.

El Horror Cósmico, por el contrario, prevee un retroceso del hombre ante la revelación de esa verdad última que no está preparado ni dispuesto a aceptar. Frente a esto hay dos caminos posibles: la retirada del hombre a la fe en la Ciencia, y su creencia en una evolución ascendente del conocimiento, o la entrega a la locura de las pseudociencias y la llamada New Age.

En cualquier caso, El Horror Cósmico propone que ambas opciones nos conducirían a una nueva Edad Oscura. Tomemos por ejemplo el siguiente párrafo de Arthur Jermyn (Arthur Jermyn).


La vida es una cosa espantosa, y en el trasfondo de lo que sabemos de ella se asoman indicios demoníacos de verdad que la hacen mil veces más espantosa. La ciencia, ya opresiva con sus impactantes revelaciones, será quizás el exterminador definitivo de nuestra especie, porque su reserva de horrores inesperados nunca podría ser soportada por cerebros mortales si se desatara sobre el mundo.


Por eso, para Lovecraft lo más misericordioso del mundo es la incapacidad de la mente humana para correlacionar todos sus contenidos; es decir, la evasión de la realidad mediante la falta de comunicación entre los hechos almacenados en el cerebro humano, lo cual nos permite operar con cierta normalidad en un contexto decididamente azaroso.

En otras palabras, esta incapacidad para correlacionar los distintos aspectos de la realidad evita que alcancemos una mayor ampitud de conciencia, lo cual resultaría casi con certeza en la desintegración de nuestra mente (ver: Lovecraft: el infierno es la locura)

Las consecuencias de ese instante de realización es una de las grandes preocupaciones del Horror Cósmico. Y el hombre, atormentado por esa disonancia de contenidos que no puede, ni quiere, relacionar, reduce su ansiedad ante los atisbos de la verdad última en la negación de la realidad, pero de una forma elegante, civilizada, entregándose mansamente a la creencia en la Ciencia, en el progreso y el futuro.

Pero la Ciencia también abre puertas, nos muestra fugazmente esa pluridad de universos indiferentes, pero con una dosis de optimismo en nuestra capacidad de acceder a esos conocimientos. Sin embargo, no todos los hombres eligen el camino de la Ciencia. Otros retroceden en un intento desesperado por recuperar la seguridad perdida del pasado: la ignorancia, y lo hacen a través de las pseudociencias que de algún modo reivindican la existencia de un conocimiento alternativo.

El Horror Cósmico no es optimista, y ciertamente rechaza el humanismo. No comparte la creencia ingenua en la perfectibilidad ilimitada del hombre, pero tampoco en su capacidad para adaptarse a las revelaciones que nos depara el futuro.

Es decir que la visión del Horror Cósmico trasciende las utopías y las distopías, va más allá de Orwell y Huxley, y plantea fundamentalmente nuestra incapacidad para hacer frente a la realidad.

La exactitud de esta profecía es difícil de estimar, pero podemos pensar en las devastadores tensiones de la vida moderna que se resuelven a través de un retroceso hacia un estado anterior del conocimiento: astrología, numerología, esoterismo, tarot, autosuperación, autoayuda... básicamente cualquier cosa que nos permita recuperar la sensación de seguridad en nuestra capacidad de influir sobre nuestra propia existencia, para escapar de la fría e insoportable realidad que emerge desde todas partes, pero que de algún modo aun podemos aislar en fragmentos inconexos en nuestra mente, de manera tal que el panorama absoluto no se vuelva completamente intolerable.




Taller gótico. I Universo pulp.


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1 comentarios:

Unknown dijo...

che, ayer vi El Misterio de Block Island en Netflix, tiene un argumento Lovecraftiano y ese océano bien al Norte en E.E. U.U. es fiel a los paisajes que describe Lovecraft en muchos de sus cuentos. veánla y hagan una reseña de la peli si le parece. Saludos Espejo Gótico son el mejor sitio gótico en castellano que conozco.



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