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«La Banshee»: Dora Sigerson; poema y análisis.


«La Banshee»: Dora Sigerson; poema y análisis.




«Se avecinan desgracias,
pues esta noche he visto
a una banshee pasar a la sombra
por aquel oscuro camino.»



La Banshee (The Banshee) es un poema gótico de la escritora irlandesa Dora Sigerson Shorter (1866-1918), publicado en la antología de 1907: Poemas completos de Dora Sigerson Shorter (The Collected Poems of Dora Sigerson Shorter).

La Banshee, uno de los poemas de Dora Sigerson más reconocidos, nos introduce en la mitología irlandesa, más precisamente en la leyenda popular de la Banshee, para explorar temas como la pérdida y el duelo en la figura de Molly Reilly y su amado.

El poema comienza con la Oradora augurando una desgracia, ya que ha visto «a una banshee pasar a la sombra por aquel camino oscuro», llorando, «peinando su larga cabellera blanca», y finalmente deteniéndose en la puerta de la casa de Molly Reilly. En este punto, la Oradora no sabe si la banshee está aquí para anunciar la muerte de Molly Reilly o la de su amado, quien, cree Molly, «se ha convertido en marinero».

El realidad, el hombre «se ha marchado a la ciudad de Galway», completamente «hechizado por la mirada de otra mujer». Nadie en el pueblo se ha atrevido a contárselo a Molly, por lo que alientan su ilusión de que retorne pronto. La Oradora desea que la banshee haya venido para llevarse a Molly Reilly, porque, «¿quién se atreverá a contarle la noticia, tal vez la muerte de su marido?».

El final del poema de Dora Sigerson nos deja en la incertidumbre:


Pero se avecinan desgracias,
pues esta noche he visto
a una banshee pasar a la sombra
por aquel oscuro camino.


La banshee es una especie de Hada, una habitante de los túmulos, cuya presencia [no su función] anuncia la muerte de un miembro de la familia mediante amargos llantos, gritos, lamentos, incluso aullidos [ver: El lenguaje de las hadas]. Tiene el cabello largo, negro, que peina mientras se lamenta, y los ojos rojos por el lagrimeo continuo. En otras versiones de la leyenda, la banshee tiene el cabello rojo y posee una estatura prodigiosa, aunque la mayoría de las historias hablan de una mujer de tamaño pequeño, de alrededor de un metro de altura, y de aspecto avejentado [ver: Razas y especies de Hadas]

La Banshee de Dora Sigerson Shorter evoca una Irlanda mágica, todavía poblada de seres sobrenaturales. A propósito, las banshees solo aparecen ante la muerte de una persona de pura estirpe irlandesa, sin sangre normanda o sajona en las venas, por lo que Molly Reilly, abandonada por su esposo, también ejemplifica el final progresivo de la población autóctona de la isla [ver: Cuando las hadas abandonaron nuestro plano]




La Banshee.
The Banshee, Dora Sigerson (1866-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Que Dios nos proteja de todo mal,
porque esta noche he visto
a una banshee pasar a la sombra
por aquel camino oscuro.

Y mientras caminaba, sollozaba,
peinando su larga cabellera blanca;
se detuvo frente a la puerta de Molly Reilly
y hasta la medianoche estuvo llorando.

¿Acaso llora por él,
que está tan lejos?
¿O por la muerte de Molly Reilly
llora hasta el amanecer?

Ahora, Molly cree que su hombre
se ha convertido en marinero;
cada noche coloca una vela en la puerta
para que él la vea.

Pero se ha marchado a la ciudad de Galway
(¿y quién se atreve a decírselo?),
hechizado por la mirada de otra mujer,
enloquecido por su beso.

Así que, al pasar junto a la puerta de Molly,
miramos hacia el mar y decimos:
«Que Dios traiga de vuelta a tu muchacho,
donde sea que esté».

Ruego para que sea Molly quien oiga
los lamentos y llantos de la banshee,
porque ¿quién se atreverá a contarle la noticia,
tal vez la muerte de su marido?

Pero se avecinan desgracias,
pues esta noche he visto
a una banshee pasar a la sombra
por aquel oscuro camino.


Now God between us and all harm,
For I to-night have seen
A banshee in the shadow pass
Along the dark boreen.

And as she went she keened and cried
And combed her long white hair,
She stopped at Molly Reilly's door,
And sobbed till midnight there.

And is it for himself she moans,
Who is so far away?
Or is it Molly Reilly's death
She cries until the day?

Now Molly thinks her man is gone
A sailor lad to be;
She puts a candle at her door
Each night for him to see.

But he is off to Galway town,
(And who dare tell her this?)
Enchanted by a woman's eyes,
Half-maddened by her kiss.

So as we go by Molly's door
We look towards the sea,
And say, "May God bring home your lad,
Wherever he may be."

I pray it may be Molly's self
The banshee keens and cries,
For who dare breathe the tale to her,
Be it her man who dies?

But there is sorrow on the way,
For I to-night have seen
A banshee in the shadow pass
Along the dark boreen.


Dora Sigerson (1866-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Dora Sigerson.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Dora Sigerson: La Banshee (The Banshee), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«El Fetch: una balada»: Dora Sigerson Shorter; poema y análisis.


«El Fetch: una balada»: Dora Sigerson Shorter; poema y análisis.




«Estaba fría como los muertos,
no pronunció palabra cuando se dijo:
Su tumba es profana.
Estaba callada como los muertos,
nunca lanzó un grito al escuchar,
más triste que el lamento,
el ruido de la pala.»



El Fetch: una balada (The Fetch: A Ballad) es un poema gótico de la escritora irlandesa Dora Sigerson Shorter (1866-1918), escrito en 1898 y publicado de manera póstuma en la antología de 1907: Poemas escogidos de Dora Sigerson Shorter (The Collected Poems of Dora Sigerson Shorter).

El Fetch, uno de los grandes poemas de Dora Sigerson, nos introduce en el ámbito del folclore irlandés, heredero de una vasta mitología. Es una pieza extensa, como aclara el título, «una balada» con reminiscencias medievales.

El poema desarrolla la historia de dos amantes y un suceso misterioso que conduce a un desencuentro y, finalmente, a la muerte. A través una estructura de diálogos, tal vez sobrecargados de la resonancia emocional de la literatura gótica, vamos conociendo a estos dos enamorados que pactan un encuentro nocturno, tal vez ilícito. Ella espera mientras su amado se retrasa observando una procesión espectral, el cortejo funeral de una muchacha.

Cuando por fin se encuentran, él le cuenta esta curiosa visión, pero ella no le cree. Para probarlo, la lleva a los dos cementerios de la zona y a un cruce de caminos, donde se entierran los cadáveres «impíos», es decir, los de aquellos que se han quitado la vida. Sin embargo, no encuentran el sitio de entierro de la misteriosa mujer. Discuten, y él se va. Ella, abatida, se quita la vida. Por supuesto, el cortejo fúnebre que el hombre ha visto al principio del poema es un «fetch», un presagio ominoso; y la muchacha muerta no es otra que su propia amada.

El Fetch maneja de forma excepcional las creencias irlandesas en lo sobrenatural. No las describe, las respeta, por lo que no brinda información adicional, asumiendo que el lector entiende, desde el título, de qué se está hablando [ver: mitología celta]. Dora Sigerson se apoya en el diálogo, lo que permite que podamos sumergirnos en el drama sin exposiciones. Resulta divertido, desde la perspectiva actual, que la primera parte del poema trate básicamente de una mujer enojada porque la han dejado plantada. La llegada tardía de su amante y su curiosa explicación [la visión de una espectral procesión fúnebre] no parecen suficiente para ella.

Ahora bien, el joven no es simplemente un espectador: oye su nombre susurrado por los dolientes. Esta es la clave, escalofriante y a la vez profética, de que está observando un evento futuro. El camino para verificar su historia es, tal vez, el momento más flojo. Se nos lleva por todos los lugares de entierro de la zona y todo culmina en lo que ella considera la constatación de un engaño. El giro es devastador, ya que conduce a la pérdida de confianza entre ambos y, en última instancia, de la vida.

El final de El Fetch es trágico. La profecía espectral se cumple y la joven es enterrada en la encrucijada, lo que refleja la forma «impía» en que se quitó la vida [ver: ¡No salgas del camino! El Modelo «Caperucita Roja»]

Dora Sigerson emplea una gran variedad de recursos sobrenaturales al servicio del miedo, la duda y la culpa. Todo el poema está impregnado de folclore irlandés, como el motivo de la procesión espectral y las encrucijadas, ambos particularmente significativos.

En nuestros tiempos, lamentablemente, las hadas y otros seres fabulosos de Irlanda han sido reducidos a meros entretenimientos infantiles, criaturas más o menos amigables. Dora Stigerson explora otra faceta, más antigua, una Irlanda nocturna poblada de espectros errantes [ver: Cuando las hadas abandonaron nuestro plano].

El Fetch es una entidad [no una criatura] que a veces se manifiesta como el doble de un ser humano vivo. Está relacionada con el concepto de doppelgänger en cuanto a ser una réplica y un mal augurio, pero en Irlanda estas entidades eran más bien espectrales. Otra diferencia es que el doppelgänger, al ser visto, siempre es un presagio de muerte, mientras que el avistamiento del Fetch solo es fatal durante la noche. De hecho, si uno lo ve durante la mañana es una señal de larga vida.




El Fetch: una balada.
The Fetch: A Ballad, Dora Sigerson Shorter (1866-1918)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


«¿Por qué llegas tan tarde a la cita?
¿Por qué has tardado tanto?
Con afán he esperado desde
la hora prometida.»

«Quisiera estar a tu lado, amor,
hace muchas horas,
pero vi una cosa al borde del camino,
triste y soñolienta.»

«¿Y qué has visto al borde del camino
que te ha hecho tardar tanto?»
«Es fatigoso el tiempo que he pasado
desde que dejé la puerta de mi padre.»

«Mientras me apresuraba al anochecer
por el camino hacia ti esta noche,
vi el cadáver de una joven doncella
vestida con un sudario blanco.»

«¿Y era ella alguna querida camarada,
o una hermana muerta,
para que dejaras así a tu amada
hasta pasada la hora de la cita?»

«¡Oh, me encantaría saberlo!
Pero nunca vi su rostro,
solo supe que debía seguirla
hasta su lugar de descanso.»

«¿Por el sendero del pueblo echó a andar
o abajo por el lago?
Sé que solo hay dos cementerios
donde un cadáver puede descansar.»

«No fueron por el sendero del pueblo,
ni se detuvieron a los pies del lago,
enterraron el cadáver en silencio
donde las encuentran las cuatro encrucijadas.»

«¿Y era tan extraño espectáculo, entonces,
para que te marcharas como un niño,
dejándome así, esperando,
olvidada, por una engañosa visión pasajera?»

«Era mi nombre lo que oía susurrar
a cada doliente que pasaba a mi lado;
y tuve que seguir sus pasos,
aunque no podía ver sus rostros.»

«Y ahora me gustaría saber quién
podría ser esta bella joven,
así que ven conmigo, mi verdadero amor,
si no tienes miedo.»

Él no bajó por la orilla del lago,
ni pasó por la ciudad,
sino que la llevó hasta las cuatro encrucijadas
y allí la dejó.

«No veo aquí ninguna huella de pie,
no veo ninguna marca de una pala,
sé muy bien que en este camino
blanco nunca se cavó una tumba.»

Y él tomó su mano con la suya
y la condujo a la ciudad,
allí le preguntó al buen anciano sacerdote
si había enterrado a una doncella ese día.

Y él tomó su mano con la suya
y la condujo hasta la iglesia junto al lago,
allí le preguntó al pálido y joven sacerdote
si una doncella le había quitado la vida.

Pero nadie había oído hablar de una nueva tumba
en todas las parroquias de los alrededores,
nadie habló de una joven doncella
puesta en tierra impía.

«Entonces él le soltó la mano,
se dio la vuelta y dijo:
"Ahora sé que eres mentiroso
por la mentira que has dicho.»

Y ella dijo: «¡Ay! ¿Qué mal
me ha pasado esta noche?»
Se arrodilló junto al agua
y lloró con el corazón destrozado.

Y ella dijo: «¡Oh! ¿Qué espectáculo de hadas
fue entonces el que me causó tanta pena?
Dormiré tranquila bajo las aguas tranquilas,
ya que mi amor se ha apartado de mí».

Y su amor se fue a las tierras del norte,
y muy al sur se fue,
y él aún podía oír su voz distante
que lo llamaba llorando amargamente.

Él podía descansar durante el día,
ni podía dormir durante la noche,
así que se apresuró a regresar al viejo camino,
con el lugar de la cita a la vista.

Lo primero que oyó fue el nombre de su amada
y, tras un lamento fuerte y prolongado,
vio fue el rostro querido de su amada,
a la cabeza de una procesión de luto.

Ella estaba tan pálida como los muertos,
y no hizo ningún gesto,
pasó junto a él con su mortaja negra,
todavía durmiendo pacíficamente.

Y ella estaba tan fría como los muertos,
y no pronunció ni una palabra
cuando dijeron: «Profana es su tumba,
porque se quitó la vida.»

Y ella estaba silenciosa como están los muertos,
nunca gritó cuando pudo escuchar,
más triste que el lamento,
el sonido de la pala al cavar.

No tuvo descanso en la vieja iglesia del pueblo,
ni una tumba junto al lago tan dulce,
la enterraron en tierra impía,
donde se encuentran las cuatro encrucijadas.


"What makes you so late at the trysting?
What caused you so long to be?
For a weary time I have waited
From the hour you promised me."

"I would I were here by your side, love,
Full many an hour ago,
For a thing I passed on the roadway
All mournful and so slow."

"And what have you passed on the roadside
That kept you so long and late?"
"It is weary the time behind me
Since I left my father's gate.

"As I hastened on in the gloaming
By the road to you to-night,
There I saw the corpse of a young maid
All clad in a shroud of white."

"And was she some comrade cherished,
Or was she a sister dead,
That you left thus your own beloved
Till the trysting-hour had fled?"

"Oh, I would that I could discover.
But never did see her face,
And I knew I must turn and follow
Till I came to her resting place."

"And did it go up by the town path,
Did it go down by the lake?
I know there are but the two churchyards
Where a corpse its rest may take."

"They did not go up by the town path,
Nor stopped by the lake their feet,
They buried the corpse all silently
Where the four cross-roads do meet."

"And was it so strange a sight, then,
That you should go like a child,
Thus to leave me wait all forgotten—
By a passing sight beguiled?"

"'Twas my name that I heard them whisper,
Each mourner that passed by me;
And I had to follow their footsteps,
Though their faces I could not see."

"And right well I should like to know, now,
Who might be this fair young maid,
So come with me, my own true love,
If you be not afraid."

He did not go down by the lakeside,
He did not go by the town,
But carried her to the four cross-roads,
And he there did set her down.

"Now, I see no track of a foot here,
I see no mark of a spade,
And I know right well in this white road
That never a grave was made."

And he took her hand in his right hand
And led her to town away,
And there he questioned the good old priest,
Did he bury a maid that day.

And he took her hand in his right hand,
Down to the church by the lake,
And there he questioned the pale young priest
If a maiden her life did take.

But neither had heard of a new grave
In all the parish around,
And no one could tell of a young maid
Thus put in unholy ground.

So he loosed her hand from his hand,
And turned on his heel away,
And, "I know now you are false," he said,
"From the lie you told to-day."

And she said, "Alas! what evil thing
Did to-night my senses take?"
She knelt her down by the water-side
And wept as her heart would break.

And she said, "Oh, what fairy sight then
Was it thus my grief to see?
I will sleep well 'neath the still water,
Since my love has turned from me."

And her love he went to the north land,
And far to the south went he,
And her distant voice he still could hear
Call weeping so bitterly.

And he could not rest in the daytime,
He could not sleep in the night,
So he hastened back to the old road,
With the trysting place in sight.

What first he heard was his own love's name,
And keening both loud and long,
What first he saw was his love's dear face,
At the head of a mourning throng.

And all white she was as the dead are,
And never a move made she,
But passed him by in her lone black pall,
Still sleeping so peacefully.

And all cold she was as the dead are,
And never a word she spake,
When they said, "Unholy is her grave
For she her life did take."

And silent she was as the dead are,
And never a cry she made,
When there came, more sad than the keening,
The ring of a digging spade.

No rest she had in the old town church,
No grave by the lake so sweet,
They buried her in unholy ground,
Where the four cross roads do meet.


Dora Sigerson Shorter (1866-1918)


(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de fantasmas.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Dora Sigerson Shorter: El Fetch: una balada (The Fetch: A Ballad), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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