«El emperador de los helados»: Wallace Stevens; poema y análisis


«El emperador de los helados»: Wallace Stevens; poema y análisis.




El emperador de los helados (The Emperor of Ice-Cream) es un poema modernista del escritor norteamericano Wallace Stevens (1879-1955), publicado en la antología de 1923: Armonio (Harmonium).

El emperador de los helados, posiblemente el poema de Wallace Stevens más reconocido, es una pieza notablemente ambigua a pesar de describir escenarios bastante familiares. Sabemos que una anciana ha muerto, y que el narrador, en la primera estrofa, da instrucciones a otros para el funeral. En la segunda estrofa, el narrador parece estar en una habitación más tranquila con el cadáver. Aquí, pronuncia una misteriosa súplica para que la realidad sea despojada de apariencias ilusorias.

Superficialmente podemos interpretar El emperador de los helados de Wallace Stevens como un poema que revela el triunfo de la vida sobre el silencio de la muerte. No obstante, esta no es necesariamente una victoria heroica, sino más bien una mirada sobre la naturaleza de la experiencia de la vida y la muerte.

La sintaxis que Wallace Stevens utiliza en El emperador de los helados es vaga, confusa; y eso puede verse de forma más prominente en las últimas líneas de ambas estrofas. Su uso de la extraña imagen de este Emperador de los Helados provoca un cambio de tono desconcertante. ¿Quién es el Emperador de los Helados? ¿Qué significa? No es hasta el final que se aclara el tema del poema: la universalidad de la muerte.

El emperador de los helados de Wallace Stevens comienza con el narrador pidiendo que el oyente busque un hombre fuerte para liar cigarros. Se está produciendo algún tipo de celebración, y su ambiente se atenúa cuando el narrador les dice a todos que sigan actuando como siempre lo han hecho. No hay razón para hacer una ceremonia. Cuando el lector llega a la segunda estrofa, queda claro que el evento en cuestión es la muerte de una mujer. Será enterrada como todos los que la precedieron. No hay forma de escapar de la muerte.

El emperador de los helados es uno de los poemas de Wallace Stevens más populares. Está escrito en un verso libre espectacular, con lenguaje exótico, un interior rico y un mensaje filosófico profundo. Además, tiene mucho helado... y eso fue un problema para mí cuando me acerqué por primera vez a él. Los lectores de El Espejo Gótico sabrán ser indulgentes con esta breve anécdota.

A los doce años [u once, o trece, no estoy seguro] leí la novela de vampiros de Stephen King: Salem's Lot [ver: Drácula visita Salem's Lot]. La segunda parte de la novela se titula El emperador de los helados (The Emperor of Ice-Cream), y además hace varias alusiones al poema. Una de las líneas más enigmáticas es algo que dice Richard Straker [especie de familiar, de Renfield, del vampiro principal] durante una de sus primeras apariciones, tal vez la primera. Dice [estoy parafraseando] algo así como: Vengo del país donde la gente ha conocido la verdadera miseria de la muerte, el hambre y la peste. Pero la miseria de tu pueblo es como la de un niño que deja caer su helado. Algo como eso.

Stephen King probablemente estaba tratando de decir que Straker es el emperador de la miseria, una especie de heraldo de la muerte; pero a mí, en aquel entonces, solo me interesaba conocer más sobre este Emperador de los Helados. Cuando por fin conseguí encontrarlo, me sentí completamente desconcertado. El poema lo tenía todo [helados, una mujer muerta, imágenes fuertes e inusuales], pero no pude procesarlo. En retrospectiva, creo que me sentí perturbado por la conexión entre el helado y un libro tan aterrador. Tanto es así que el nombre se quedó conmigo. Creo que una buena forma de garantizar que un poema te persiga durante la mayor parte de tu vida es encontrarlo por primera vez en una novela sobre vampiros de Stephen King cuando tienes doce años.

El único emperador es el emperador de los helados...

¿Qué significa eso? ¿Cómo se relaciona el helado con la muerte? Bueno, el helado podría representar la vida misma. No tienes poder sobre ella. Te derretirás en algún momento. No se puede congelar el tiempo, pero sí hay alguien que lo gobierna, alguien que puede decidir cuánto tiempo permanecerás con vida [o sin derretirte]; y ese sería el Emperador. Creo que esta explicación nunca me gustó porque no consigo relacionarla con la segunda parte de la novela de Stephen King. En este punto de la historia, la gente comienza a desaparecer, y en algunos casos a morir sin explicación. Hay un miedo atávico que atraviesa a los personajes principales: Susan, Ben, Mark y Matt sienten que ya no tienen control sobre lo que está sucediendo, mientras que Barlow [el vampiro principal] está en absoluto control de la situación, planeando quién morirá, y cuándo, para convertirse en vampiro bajo sus órdenes.

Parece que Stephen King pone más énfasis en la línea que dice: el único emperador es el emperador de los helados que en el mensaje del poema de Wallace Stevens, relacionado con la celebración de la vida. Quizás esto tenga que ver con la incertidumbre que atraviesan los personajes en ese momento de la historia. Su hora de desaparecer podría ser esta noche.

El emperador de los helados de Wallace Stevens es uno de esos poemas que, al terminar de leerlo, plantea un desafío adicional: descifrar las emociones encontradas que produce; en mi caso, una mezcla de atracción y perplejidad; y creo que hasta ahí podemos llegar con este conspicuo análisis. Eventualmente, alguna vez me topé con una frase del autor que muestra exactamente cuáles eran sus intenciones: un poema debe resistir la inteligencia, casi con éxito. El emperador de los helados, entonces, es un poema sensorial, casi onírico, que desafía al lector con inusuales juegos de palabras y un lenguaje exótico. He leído este poema muchas veces, y con cada lectura obtengo imágenes ligeramente diferentes, signo de un gran poema.




El emperador de los helados.
The Emperor of Ice-Cream, Wallace Stevens (1879-1955)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Llama al que hace los grandes cigarros,
a ese musculoso, y dile que bata
cremas concupiscentes en tazones de cocina.
Que las muchachas se recreen con las ropas
que acostumbran usar, y que los chicos
traigan flores en diarios del mes pasado.
Que ser sea final de parecer.
El único emperador es el emperador de los helados.

Toma del aparador de pino,
al que le faltan las tres perillas de vidrio, esa sábana
en la que ella una vez bordó palomas,
y extiéndela de modo que su rostro quede cubierto.
Si sus pies callosos sobresalen, lo hacen
oara mostrar cuán fría está, y callada,
que la lámpara proyecte su rayo.
El único emperador es el emperador de los helados.


Call the roller of big cigars,
The muscular one, and bid him whip
In kitchen cups concupiscent curds.
Let the wenches dawdle in such dress
As they are used to wear, and let the boys
Bring flowers in last month’s newspapers.
Let be be finale of seem.
The only emperor is the emperor of ice-cream.

Take from the dresser of deal,
Lacking the three glass knobs, that sheet
On which she embroidered fantails once
And spread it so as to cover her face.
If her horny feet protrude, they come
To show how cold she is, and dumb.
Let the lamp affix its beam.
The only emperor is the emperor of ice-cream.


Wallace Stevens
(1879-1955)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas modernistas.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Wallace Stevens: El emperador de los helados (The Emperor of Ice-Cream), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Poky999 dijo...

Sinceramente, me produce una sensación algo de morbo o contradicción el mencionar una fiesta mientras alguien muere. No lo sé realmente. Lamentablemente no me produce esa sensación de perplejidad, quizás porque no he leído a Stephen King tanto tiempo y solamente relatos. Gracias por compartir análisis.



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Leyendas de vampiros.