«El suicidio en el estudio»: Robert Bloch; relato y análisis


«El suicidio en el estudio»: Robert Bloch; relato y análisis.




El suicidio en el estudio (The Suicide in the Study) es un relato de terror del escritor norteamericano Robert Bloch (1917-1994), publicado originalmente en la edición de junio de 1934 de la revista Weird Tales, y luego reeditado en la antología de 1984: Misterios del gusano (Mysteries of the Worm).

El suicidio en el estudio, quizás uno de los cuentos de Robert Bloch menos conocidos, relata la historia de James Allington, un nigromante decidido a llevar adelante un peligroso experimento capaz de desdoblar físicamente su personalidad, de tal forma que pueda extraer de sí mismo su costado diabólico para dar forma a un ser completamente nuevo y despojado de cualquier rasgo de humanidad (ver: Atrapado en el cuerpo equivocado: la identidad de género en el Horror)

SPOILERS.

Si bien El suicidio en el estudio pertenece a los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft, su verdadera fuente de inspiración es el clásico de Robert Louis Stevenson: El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde (Dr. Jekyll and Mr. Hyde). Stevenson propone un cuerpo ocupado alternativamente por dos personalidades, mientras que Robert Bloch examina la posibilidad de que esas personalidades existan en dos cuerpos separados, generando así una escisión total. El resultado de la proyección del costado diabólico de James Allington es un desagradable homúnculo de aspecto simiesco.

El suicidio en el estudio de Robert Bloch se inscribe en el universo de los Mitos de Cthulhu a través de algunos libros prohibidos en la biblioteca de James Allington, como el Necronomicón, el De Vermis Mysteriis, los Ritos Negros, y hasta aporta un nuevo volumen a esa biblioteca apócrifa: el Cultes des Goules, del comte d’Erlette, cuyo autor hace referencia a August Derleth. Por otra parte, el nombre de Lovecraft aparece ligeramente disfrazado como «Luveh-Keraph», sacerdote de Bast y autor de los Ritos Negros.

Resulta extraño que el protagonista de El suicidio en el estudio de Robert Bloch decida separar físicamente su personalidad sin analizar los posibles resultados. Desafortunadamente, Allington no advierte que su costado bueno se ha reducido a una cuarta parte de su ser. Su Yo maligno, al adquirir entidad física propia (similar a la de un Ghoul), lo asesina brutalmente. ¿Se trata de un asesinato o de un suicidio? En cualquier caso, las autoridades lo declaran un suicidio —a pesar de las extrañas y simiescas huellas dactilares encontradas en el arma homicida— por tratarse de una escena del crimen cerrada y sin ventanas.

En lugar de crear un flujo narrativo, El suicidio en el estudio de Robert Bloch solo describe una escena y las acciones previas. Es una especie de Misterio de Habitación Cerrada (Locked-Room Mystery) pero sin el misterio, ya que sabemos desde el principio quién mató a Allington. En cualquier caso, el nigromante es un tipo de apariencia normal. No hay nada en él que sugiera que es un ocultista. Este es otro aporte interesante de Robert Bloch, porque prescinde de los estereotipos. Para aquellos que se sientan tentados a emitir juicios prematuros sobre alguien basados ​en detalles superficiales, puede ser información útil.

La teoría subyacente en El suicidio en el estudio es que cada persona tiene dos personalidades, y que estas pueden separarse, ya sea en la mente misma o incluso en términos físicos. Allington cree que podría controlar ambas formas físicas con una sola mente, lo cual es conveniente para él ya que planea vengarse de varias personas. Es decir, quiere separar su Yo maligno para poder controlarlo y hacer todas las cosas que se abstiene de hacer debido a lo que considera una debilidad de la voluntad.

Como bien podríamos sospechar, esto resulta ser una muy mala idea. La separación de Allington es exitosa, pero el mago no tiene el control de su Yo malvado. Este es incluso más poderoso, violento y amoral de lo que Allington esperaba. Tal es así que mata a su Yo bueno, ahora reducido a una diminuta porción de su ser. ¿Por qué? Quizás simplemente porque puede, o tal vez como una especie de retribución o castigo, o para liberarse del todo. En defintiva, por miserable que fuese el lado bueno de Allington, era un obstáculo que lo retenía.

Robert Bloch no explica el destino de la criatura. ¿Acaso escapó? Es poco probable, teniendo en cuenta que la policía encuentra una habitación cerrada desde adentro. ¿Se disolvió al asesinar a Allington? Pero dado que el cadáver de Allington no parece de ninguna manera disminuido, la conclusión obvia parecería ser que, al matar al yo más débil, el malvado Allington también se destruyó a sí mismo. Los dos no pueden existir separados.




El suicidio en el estudio.
The Suicide in the Study, Robert Bloch (1917-1994)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Verlo sentado allí, en la penumbra del estudio, nunca hubiera sugerido lo que realmente era. Los magos de hoy en día no se visten con túnicas cabalísticas de plata y negro; en cambio, usan batas de color púrpura. No es necesario que sus cejas se junten, que sus uñas crezcan como garras y que sus ojos brillen como llamas. Tampoco andan necesariamente encubiertos, ni son furtivos y viejos. Éste no lo era; era joven y delgado, casi imperialmente sencillo.

Se sentó bajo la luz de la lámpara en la gran habitación con paneles de roble; un hombre moreno y apuesto de unos treinta y cinco años de edad. Había poca audacia o malicia visible en su rostro afilado y limpio, y poca locura en sus ojos; sin embargo, era un mago, tan seguro de sí mismo como si estuviera al acecho de sacrificios humanos en la oscuridad de las tumbas prohibidas.

Solo era necesario que uno inspeccionara las paredes de su estudio para corroborarlo. Sólo un mago poseería esos voluminosos y desgarrados libros de saber monstruoso y fantástico; solo un adepto se atrevería con los misterios más oscuros del Necronomicón, los Misterios del Gusano de Ludvig Prinn, los Ritos Negros del loco Luveh-Keraph, sacerdote de Bast, o el espantoso Cultes des Goules del conde d’Erlette. Nadie, salvo un hechicero, tendría acceso a los manuscritos antiguos encuadernados en piel etíope, o quemaría incienso rico en afrodisíaco en una calavera engarzada. ¿Quién más llenaría la piadosa oscuridad de la habitación con reliquias curiosas, recuerdos mortuorios de tumbas profanadas o pergaminos de pavor primigenio roídos por gusanos?

Superficialmente, esa noche era una habitación normal y su ocupante era un hombre normal. Pero como prueba de su inherente extrañeza, no era necesario echar un vistazo al cráneo, las librerías o los lúgubres restos envueltos en sombras, para reconocer a su ocupante por lo que era. Porque James Allington escribió esta noche en su bitácora, y sus cavilaciones estaban lejos de la cordura.


***

»Esta noche estoy listo para hacer la prueba. Estoy convencido por fin de que la escisión de la identidad se puede lograr mediante el hipnotismo terapéutico, siempre que se pueda inducir la actitud mental que conduce a tal partición.

»Asunto fascinante. Identidad dual ¡El sueño de los hombres desde el principio de los tiempos! Dos almas en un cuerpo... toda la filosofía se basa en la lógica comparativa; el bien y el mal. ¿El alma humana? Stevenson sólo tenía razón en parte cuando escribió Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Imaginó una metamorfosis que variaba de un extremo al otro. Creo que ambas identidades coexisten; que, una vez separadas por el pensamiento autohipnótico , un hombre puede disfrutar de dos existencias simultáneamente: su yo bueno y su yo malo.

»Se rieron de mi teoría en el club. Foster, ¡ese viejo tonto pomposo!, me llamó soñador. ¿Soñador? ¿Qué sabe él, un químico insignificante, sobre los misterios elementales de la vida y la muerte? Un vistazo a mi laboratorio sacudiría su alma presumida hasta la locura. Los otros, también; escritores, fósiles pedantes que se llaman a sí mismos profesores, biólogos remilgados que se horrorizan ante la mención de mis experimentos en la creación sintética de la vida. ¿Qué podrían entender? Temblarían ante el Necronomicón; lo quemarían, si pudieran, como lo hicieron sus piadosos antepasados hace trescientos años. ¡Cazadores de brujas, escépticos, materialistas todos ellos! Estoy harto de esta estúpida manada. El destino del genio es vivir solo. Muy bien, entonces. Viviré solo, ¡pero pronto vendrán encogidos de miedo a mi puerta y suplicarán misericordia!

»¡Si mi trabajo de esta noche tiene éxito, si puedo hipnotizarme a mí mismo y desdoblar mi personalidad, manifestarlas físicamente… Incluso la psicología moderna afirma que se puede hacer. El espiritismo acredita sus posibilidades. Los antiguos me han proporcionado la clave del problema, como lo han hecho antes. Alhazred sabía muchas cosas, era solo el peso del conocimiento lo que lo volvía loco.

»¡Dos cuerpos! Una vez que pueda alcanzar ese estado a voluntad, tendré la llave de los poderes para siempre negados a los hombres. La inmortalidad, tal vez; es sólo un paso más. Después de eso, no habrá necesidad de esconderse aquí; no habrá necesidad de hacer pasar mis investigaciones como un pasatiempo inofensivo. Soñador, ¿eh? ¡Yo se los demostraré!

»Me pregunto cómo se verá la otra forma. ¿Será humana? Debe serlo, de lo contrario… pero es mejor que no piense en eso. Es muy probable que sea de aspecto feo. No me halaga. Sé que el lado malo de mi naturaleza, aunque oculto, es indudablemente dominante. Sin embargo, existe el peligro: el mal es una fuerza incontrolable en su forma más pura. También extraerá fuerza de mi cuerpo, energía para manifestarse físicamente. Pero eso no debe disuadirme. Debo hacer la prueba. Si tiene éxito, tendré poder, poder jamás soñado, poder para matar, desgarrar, destruir. Después de eso, habrá otras cosas agradables que hacer.

»Pero basta de reflexiones. Debo empezar. Cerraré las puertas del estudio; los sirvientes se han ido por la noche y no habrá nadie que se inmiscuya en mi intimidad. No me atrevo a arriesgarme a utilizar una máquina manipulada eléctricamente Puede haber consecuencias adversas al eliminar la hipnosis. Intentaré inducir un trance hipnótico concentrándome intensamente en este pesado y pulido cortapapeles que está aquí en mi escritorio como punto focal.

»Pondré la alarma para las doce, exactamente dentro de una hora. Su timbre romperá el hechizo. Creo que eso es todo lo que necesito hacer. Como precaución adicional, quemaré este registro. Si algo sale mal, odiaría que todos mis pequeños planes fueran revelados al mundo.

»Sin embargo, nada saldrá mal. He usado la autohipnosis muchas veces antes, y seré muy cuidadoso. Será una sensación maravillosa controlar dos cuerpos a la vez. Apenas puedo controlarme a mí mismo. Siento que mi cuerpo tiembla de entusiasmo y anticipación por su próxima metamorfosis. ¡Poder!

»Muy bien. Después de que este informe se reduzca a cenizas, estaré listo para emprender el mayor experimento que el hombre haya intentado.

***


James Allington se sentó ante la lámpara. Delante de él, sobre la mesa, estaba el cortapapeles, con la reluciente hoja pulida. Sólo el lento tic-tac de un reloj rompió el silencio de la habitación cerrada.

Los ojos del mago estaban vidriosos; brillaban, inmóviles como los de un basilisco. El reflejo de la superficie del cuchillo atravesó su retina como el rayo de fuego de un sol ardiente, pero su mirada nunca vaciló.

¿Quién sabe qué extraña inversión estaba ocurriendo en el cerebro embrujado del soñador? ¿Qué sutil transmutación generó a partir de su propósito? Se había dormido con la firme determinación de cortar su alma, dividir su personalidad, separar su ego. ¿Quién sabe? El hipnotismo hace muchas cosas extrañas.

¿Qué poderes secretos invocó para ayudarlo en su lucha? ¿Qué génesis negra de vida impía acechaba entre las sombras de su conciencia interior? ¿Qué demonios del mal lascivo le concedieron sus oscuros deseos?

De repente se despertó y pudo sentir que ya no estaba solo en esa habitación nocturna. Sintió la presencia de otro, allí en la oscuridad, al otro lado de la mesa.

¿Era otro? ¿No era él mismo? Miró su cuerpo y no pudo reprimir un grito de asombro. ¡Parecía haberse reducido a menos de una cuarta parte de su tamaño normal! Su cuerpo era ligero, frágil, empequeñecido. Por un momento fue incapaz de pensar o moverse. Sus ojos se desviaron hacia un rincón de la habitación, tratando en vano de ver los movimientos oscurecidos por la penumbra de una presencia que se tambaleaba allí.

Entonces sucedieron varias cosas. De la oscuridad surgió una pesadilla; cruda y fija: una figura monstruosa y peluda; enorme, grotesca, simiesca, un espantoso viaje por todas las cosas humanas. Fue una locura negra; babeante y burlona con ojillos rojos de sabiduría vieja y malvada y un hocico lascivo y colmillos amarillos en una mueca muerta. Era como un cráneo vivo y podrido sobre el cuerpo de un mono negro. Era espantoso y malvado, troglodita y sabio.

Un pensamiento monstruoso asaltó a Allington. ¿Era este su otro yo, este horror carnal generado por un necrófago?

Demasiado tarde, el mago se dio cuenta de lo que le había sucedido. Su experimento había tenido éxito, pero terriblemente... No se había dado cuenta de cuánto el mal en su naturaleza había superado al bien. Ese monstruo, esa espantosa abominación de la oscuridad, era más fuerte que él y, al ser únicamente malvado, no estaba controlado mentalmente por su otro yo.

Allington lo vio ahora con nuevo miedo en sus ojos. Era como una criatura del Abismo. Todo lo que era repugnante, obsceno y antihumano yacía detrás de esa sonriente parodia de un semblante. El cuerpo de bestia insinuaba sombras que se arrastran debajo de la tumba o acechan sepultadas en los recovecos más profundos de las mentes normales. Sin embargo, en él, Allington reconoció una caricatura loca y atávica de sí mismo: toda la lujuria, la codicia, la loca ambición, la crueldad, la ignorancia; Los secretos de su alma engendrados por el demonio dentro del cuerpo de un simio gigantesco.

Como en respuesta a su reconocimiento, la criatura se rio y tentáculos de terror se apoderaron del corazón del mago.

La cosa venía hacia él, tenía la intención de destruirlo, como siempre lo hace el mal. Allington, con su diminuto cuerpo luchando ridículamente por moverse mientras se lo impedía la ropa, ahora grande para su diminuta figura, corrió de su silla y se aplastó contra la pared del estudio. Su voz, curiosamente aguda, gritaba una súplica frenética y órdenes inútiles a la némesis que se acercaba.

Sus oraciones se convirtieron en los roncos balbuceos de la locura cuando la enorme bestia se abalanzó sobre la mesa. Su experimento estaba teniendo éxito con creces… ¡Venganza! Sus ojos deslumbrantes observaron, fascinados, cómo una gran zarpa agarraba el cortapapeles y una risa aterradora acribillaba la noche. Estaba riendo… ¡riendo! En algún lugar sonó un despertador, pero el mago no pudo oírlo...

Encontraron a James Allington muerto en el suelo de su estudio. Había un cortapapeles incrustado en su pecho, y lo llamaron suicidio, porque nadie podría haber entrado en esa habitación cerrada y sin ventanas.

Pero eso no explicaba las huellas dactilares en el mango del cuchillo, las terribles huellas dactilares, como las dejadas por la mano de un simio gigantesco.

Robert Bloch (1917-1994)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de Robert Bloch.


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El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Robert Bloch: El suicidio en el estudio (The Suicide in the Study), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

3 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Supuse que iba terminar mal, aunque eludí la crítica con spoilers.
El personaje se quejó de ser llamado soñador pero lo era, como suelen serlo los personales de los Mitos, en búsquedas le los llevaran a la locura, al confrontar al Horror Cósmico.

Ana Lecea dijo...

Sumamente interesante y creativa la forma de encauzar el bien y el mal supuestamente intrínseco y discutido filosóficamente desde el comienzo de la Historia de la Filosofía. Una forma más directa, dramática y pese a lo imaginario irónicamente realista de ver ésta dualidad. No he visto las películas, una pena si lo interpretan como "trastorno bipolar" que sin dudas es un trastorno anímico al "trastorno disociativo de personalidad" donde se puede encuadrar el resultado sintomatológico de éste literario y clásico experimento.

Poky999 dijo...

Excelente relato.



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