La superstición de «TOCAR MADERA»


La superstición de «TOCAR MADERA».




¿De dónde proviene la superstición de tocar madera?

Es decir, aquella creencia que, frente a determinadas circunstancias, postula que es necesario tocar madera para ahuyentar a la mala suerte.

En algunos sitios alcanza simplemente con tocar algo de madera, en otros hace falta golpear tres veces sobre cualquier superficie que sea de madera para que el rito sea eficaz, pero independientemente de estos detalles secundarios hay que decir que la vieja superstición de tocar madera proviene de varios lugares.

Para descubrir su origen debemos trasladarnos a las antiguas creencias paganas, más precisamente a los mitos celtas, los cuales aseguran que todos los árboles son sagrados y que cada especie posee un espíritu guardián.

De hecho, en la versión más antigua de esta tradición, no solo era necesario tocar madera para ahuyentar a los espíritus o la mala suerte, sino específicamente la madera del árbol sagrado que correspondía a cada persona de acuerdo a su nacimiento.

Aquellos que se disponían a emprender un viaje, por ejemplo, tocaban la corteza de su árbol sagrado, en parte, para reconocer su importancia e influencia sobre sus vidas, en parte, para pedir protección contra la mala fortuna.

El reverso de esta leyenda sostiene que también Satanás y Lucifer poseen sus propios árboles protectores, como el Tejo, capaz de estirar las raíces para alimentarse de los muertos. Es por eso que las escobas de las brujas eran hechas con la madera de este árbol necrófago, invirtiendo además la forma de tocar madera, en este caso, un tanto más íntima.

También los mitos griegos tenían una superstición similar, aunque en este caso la única madera que había que tocar para pedir protección era la madera de roble.

Al parecer, todos los robles del mundo están conectados con el pensamiento de Zeus, el rey del Olimpo, de manera tal que al tocar un roble uno podía comunicarse directamente con el dios y solicitarle su bendición respecto de un variado abanico de situaciones desagradables.

No cuestionamos la eficacia del método, desde luego, pero nos permitimos dudar acerca de la frecuencia con la que está permitido ejercerlo. De otro modo, sería proverbial suerte de los carpinteros.

Pero lo cierto es que nadie sabe con exactitud en qué momento los árboles fueron dejados de lado y envilecidos por un miserable trozo de madera.

Mayor asombro causa que, en determinadas regiones, ni siquiera es imprescindible tener un pedazo de madera a mano, a veces basta con decir en voz alta: «toco madera», para obtener sus reconocidas propiedades como repelente de la mala suerte.

Esto indica una clara y acaso irreversible degradación de la creencia.

La razón por la cual es importante tocar madera, incluso la forma en que debe realizarse esta operación y sobre qué especie de árbol, se ha olvidado. Lo único sobrevive es el acto de tocar, o su mención, sin que el motivo original que impulsaba esa superstición tenga algo que ver en el proceso.

No es asombroso que tales deshonras mortifiquen lo que alguna vez fue una creencia legítima y ampliamente extendida entre los pueblos de antaño.

Muchas personas hacen la señal de la cruz sin entender realmente por qué, o para qué, ejecutan ese rito ancestral. De manera tal que no es ultraje o vejación tocar madera sin conocer el origen de ese acto. Nosotros lo hemos olvidado, pero tal vez los árboles lo recuerden.




Leyendas oscuras. I Misterios miserables.


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3 comentarios:

Javier Merino dijo...

Es fascinante hasta qué punto la cultura europea aún conserva elementos del paganismo.

Roberto Berríos dijo...

La persona que escribe estos post es un talentoso y verdadero escritor, no sé quién sea pero le admiro y aplaudo.

Sebastián Beringheli dijo...

Muchas gracias, Roberto.



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