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Los fantasmas del Castillo de Windsor


Los fantasmas del Castillo de Windsor.


El Castillo de Windsor, orgulloso palacio situado en Windsor, condado de Berkshire, Inglaterra, es una de las residencias reales con más historia y registros de fenómenos paranormales.

Su construcción comenzó en el siglo XI, acaso para honrar la conquista normanda de Inglaterra por parte de Guillermo el Conquistador. Desde la época de Enrique I, durante el siglo XII, el Castillo de Windsor ha sido la residencia de muchos reyes y miembros ilustres de la familia real británica; de hecho, se trata del palacio habitado con mayor antigüedad en Europa.

Desde luego que esta estadística se vería ligeramente extendida si, además de los vivos, contáramos a los fantasmas que habitan en el Castillo de Windsor.

Los 4 espíritus principales que acechan en las galerías, torres, patios y habitaciones del Castillo de Windsor son, naturalmente, los cuatro monarcas que han sido enterrados allí: Enrique VIII, su hija Elizabeth I, Charles I y George III.

Estos espectros soberanos se entretienen vagando por el Castillo de Windsor desde hace siglos, aunque de ninguna forma se muestran ociosos. Hay quien afirma que, si son invocados, pueden incluso participar en importantes decisiones relacionadas con los asuntos de estado.

Si bien sus nombres no han sido debidamente registrados, también se habla de la presencia de fantasmas de senescales, bufones y sirvientes que continúan atendiendo a sus reyes.

Otros espectros, afortunadamente, poseen una historia que nos permite rastrear sus apariciones.

Por ejemplo, Herne el Cazador (Herne the Hunter), miembro ilustre del guardia de Ricardo II, caído luego en desgracia, que vaga por el bosque alrededor de Windsor Great Park.

Su aspecto es tan salvaje, tan indistinguible de las presas que caza, que incluso le han crecido cuernos de ciervo en la cabeza. Monta sobre un espectral corcel negro y es escoltado por una jauría de feroces sabuesos infernales.

La leyenda sostiene que Herne era el cazador real del rey Ricardo II (para otros, de Enrique VII). Durante una incursión por el coto de caza real, Herne salvó al rey del embate de un ciervo herido, lanzándose él mismo frente al animal. En plena agonía, un mago surgió de la espesura y le dijo al rey que Herne podía ser salvado si se le colocaban los cuernos del ciervo atados en la frente.

El rey lo hizo, y Herne se recuperó. Pero los celos de los otros cazadores frente a los constantes favores que el soberano le prodigaba finalmente lo desprestigiaron. Herne fue exiliado, a causa de un crimen que no cometió. Devastado, se colgó de un roble en las cercanías del Castillo de Windsor.

Sus apariciones no fueron realmente espectaculares hasta que aquel roble fue derribado por un vendaval en 1863. Los gritos horrorosos de Herne, casi animalescos, convencieron rápidamente a la reina Victoria de que debía hacer algo. Quemó temerariamente la madera del árbol en el hogar de su habitación y plantó un sustituto con la esperanza de terminar con el fantasma.

Como era de esperar, esto no fue suficiente para acabar con él.

Si bien el fantasma de Herne es uno de los más populares en el Castillo de Windsor, su historia es una adaptación del mito de Cerunnos, el dios cornudo de la Wicca; cuya apariencia es idéntica, sobre todo por los poderosos cuernos de ciervo que porta orgullosamente.

El buen Herne continuó realizando apariciones espectaculares, siempre en tiempos de gran crisis nacional; por ejemplo, durante la depresión británica de 1931 y meses antes de la Segunda Guerra Mundial.

En 1962 realizó otro dramático regreso. Alguien dentro del Castillo de Windsor había soplado el cuerno real, llamada que fue escuchada por Herne, quién acudió a los jardines que rodean el edificio acompañado por su corcel negro y sus terribles sabuesos.

Para los interesados, la historia de Herne el Cazador fue hermosamente novelizada por William Ainsworth en la obra Castillo de Windsor (Windsor Castle).

Ya dentro del edificio del Castillo de Windsor, el fantasma con mayor actividad es sin dudas el de Enrique VIII. No solo recorre los pasillos y salones con absoluto desparpajo, sino que se queja incansablemente de la úlcera que consumió una de sus piernas.

Ahora bien, dentro del embrujado Castillo de Windsor hay una habitación por la que sus fantasmas sienten una particular predilección: el salón de la biblioteca real.

De tanto en tanto allí puede verse a la reina Elizabeth I, la última monarca de la Casa de los Tudor, leyendo con el rostro apacible. En ocasiones se muestra preocupada, como cuando se le apareció directamente a la princesa Margaret e incluso al emperador alemán Frederick, quien se encontraba de visita en el Castillo de Windsor y tuvo la mala fortuna de quedarse demasiado tiempo en la biblioteca.

Quizás el más inofensivo de los fantasmas del Castillo de Windsor sea el espíritu del rey George III, confinado en vida en el edificio a causa de un brote de locura en 1820. Sus apariciones son torpes, groseras, y para nada aterradoras. Encuentra particularmente divertido tocarle el culo a las muchachas desprevenidas que caminan solas por los pasillos.

Más dramática es la aparición del rey Charles I, que desde 1649 protesta a viva voz en los sótanos del Castillo de Windsor llevando su cabeza entre las manos, prolijamente decapitada durante las revueltas que tuvieron lugar ese año.




Fenómenos paranormales. I Leyendas urbanas.


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