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Los ángeles de Mons (los ángeles de marchan a la guerra)


Los ángeles de Mons.
El gran mito de Arthur Machen.


Existen numerosos ejemplos de historias reales que engendran mitos, hombres de carne y hueso que evolucionan en héroes y semi-dioses, pero pocos mitos que derivan en historias reales, o casi.

Esta es la historia, o el mito, o ambas cosas, de los Ángeles de Mons.


En la noche del 22 de agosto de 1914 se produjo el primer encuentro entre las tropas inglesas y alemanas. Superados en número y pertrechos, los primeros se repliegan. A pesar de que la noticia fue censurada por el gobierno y los medios dominantes, la retirada llegó a oídos del gran público, que por primera vez comprendió la magnitud de las fuerzas enemigas.


El 29 de septiembre de ese mismo año, Arthur Machen publica Los arqueros (The Bowmen) en el periódico inglés The Evening News, acaso inspirándose en las pocas noticias fidedignas que llegaban del frente de batalla.

Los arqueros se desarrolla en el mismo escenario de la guerra, es decir, en la Primera Guerra Mundial. Allí, un grupo de arqueros comandados por la bandera de San Jorge en la legendaria batalla de Angincourt, retornan al mundo para asistir a las tropas británicas en Mons, tópico que más adelante utilizaría J.R.R. Tolkien cuando Aragorn cruza el Sendero de los Muertos en la Saga del Anillo.


El relato tuvo un impacto devastador en la opinión pública, en su mayoría, desinformada por el gobierno y los medios tradicionales. Muy pronto los Ángeles de Mons se convirtió en la crónica real de la retirada de las tropas inglesas. Extraños rumores de fantasmagorías y revinientes angélicos en el frente de batalla reemplazaron a las frías crónicas periodísticas, revolucionando especialmente a los jóvenes, que a partir de la publicación de Los arqueros se enlistaron masivamente en el ejército.


Algunos sostienen que, por el contrario, Arthur Machen compuso Los arqueros basándose en un sueño autoinducido, una visión, si se quiere, de hechos que ocurrieron a muchos kilómetros de distancia. Lo cierto es que, históricamente, no existen testimonios oficiales de la aparición de arqueros muertos en la guerra, ni de ángeles de antaño que retornan al mundo de los vivos para asistir a sus camaradas de armas. Lo que sí existe es el testimonio humilde de varios soldados ingleses que estuvieron en Mons, y que aseguraron con voz queda y confiada que entre el estampido de los cañones y el atronar seco de las armas de fuego, se oyó el silbido de unas flechas invisibles que rasgaron el aire pútrido del frente, y unas voces anacrónicas que cantaban la valentía y gloria de San Jorge, matador de dragones.

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