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Amuletos de amor


Amuletos de amor.


En su Historia Natural (Naturalis Historia) Plinio advierte sobre la existencia de un misterioso libro proveniente de Asia, cuyo título original no aclara, acaso temiendo que sus conocimientos se propaguen entre las masas. Lo llama sencillamente Amuletum Amoris (Amuleto de amor).


Este libro de los amuletos fue diseccionado y jamás circuló de forma integral, de modo que su contenido, fragmentado y exiliado, resulta prácticamente desconocido. Se dice que todos los talismanes y amuletos de amor provienen de allí, que cada frase y número cabalístico orientado hacia el amor, cada imagen pagana sobre la atracción y la seducción del sexo opuesto encuentra allí su forma original.

Plinio se cuida muy bien de dar cuenta sobre estos amuletos de amor, es más, los condena del modo más violento, afirmando con ello su eficacia, ya que nadie en su sano juicio condenaría algo si no lo considerase peligroso.


Más acá en el tiempo, Guillermo de Occam fabuló sobre la eficacia de los amuletos de amor, y afirma que estos no tienen ningún efecto sobre la persona amada, salvo cuando lo tienen, eludiendo comprometerse innecesariamente con un tema escabroso.


¿Pero cuál es el presunto efecto de un amuleto de amor? Plinio vocifera que el Amuletum Amoris expone a los amuletos como una suerte de daga espiritual, de cuchillo que horada la personalidad, permitiendo que ideas ajenas y extrañas penetren en la mente, dando como resultado que alguien ame a quien no tenía intenciones de amar. Lord Byron, por su parte, elude cualquier juicio de valor sobre los amuletos, y declara que su efectividad queda sólidamente probada en la incontable cantidad de idiotas que consiguen esposa.


El poeta inglés John Donne es quien mejor se acerca a la falacia de los amuletos. No niega su poder, por el contrario, lo afirma con plena seguridad, pero menciona de pasada que cualquier efecto que un amuleto pueda tener sobre otra persona, entre ellos, seducirla hasta la locura, nada tiene que ver con el amor, ya que éste surge de un modo espontáneo, ajeno a las intenciones del sujeto, ya sean voluntarias o impuestas por la magia. En otras palabras, los amuletos funcionan, pero nunca en el terreno del amor.


Nuestro amigo y faro intelectual, el profesor Lugano, ha investigado a fondo el tema de los amuletos de amor, y asegura haber tenido acceso a un fragmento del Libro de los amuletos, encuentro que intenta justificar enseñando un regio amuleto con forma de rosa, del cual no se desprende ni siquiera para higienizarse. Este amuleto, declara, fue confeccionado por una bruja andina, y tiene como objeto ponerlo tras la pista de su mujer ideal, es decir, modificar el trazo predeterminado de su vida y cruzarlo eventualmente con la mujer de sus sueños. Esta mujer puede aparecer brevemente en el subterráneo, o cinco filas adelante en el cine, nadie lo sabe; pero el amuleto gritará su nombre al encontrarse con ella.


Tras esta exposición, no nos atrevimos a interrogarlo sobre la eficacia de este amuleto de amor; pero por el tinte melancólico de sus ojos, y por las miradas furtivas hacia la puerta, donde una mujer marchita cruzaba la calle, sospechamos que algunos amuletos sólo funcionan sobre quien los lleva al cuello, y que el amor, en todo caso, se encuentra en pocos lugares, pero puede perderse en cualquier sitio.

Aelfwine lord-aelfwine@hotmail.com




El artículo: Amuletos de amor (Amuletum Amoris) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

Pierrot (Horu) dijo...

los felicito por tan interesante nota, y aprovecho para preguntar si tu (ustedes en su defecto) usarían el amuleto mencionado, y para que fin.

CARLA dijo...

Bonito final, "...el amor puede encontrarse en pocos lugares, pero puede perderse en cualquier sitio"
No hay amuletos ni fórmulas mágicas, el amor es un trabajo diario, y si ya es complicado hacerlo con uno mismo, con quien llevamos juntos toda la vida, y seguimos sorprendiéndonos, incluso reprendiéndonos, pensar que amar al otro puede ser asunto fácil, rápido o alcanzable por posesiones materiales (amuletos incluidos) es no entender siquiera la vida, ni la propia existencia.
Cierto veo lo que tan bien sabía Buda, la naturaleza de toda existencia es sufrimiento, y éste sólo se puede aceptar desde el trabajo en el presente. Por tanto, el amor se hace visible en muchos o pocos lugares, mas desde nuestra experiencia física siempre vamos a sufrir si no sabemos trabajar en pos del bienestar, bien sea para con nosotros como para, en este caso, toda forma de amor.
La energía no se crea ni se destruye, se transforma; en nuestra mano está el cambio, la transformación.
Les deseo lo mejor, tienen una página web muy completa, mucho trabajo, les felicito.