Poema Oscuro.

La Noche cambia muchos pensamientos, y bajo sus alas, todos hemos sentido alguna vez que nuestras emociones mutaban, que nuestras preocupaciones, tibias durante el día, se transformaban en verdaderos abismos.

Al parecer, esta capacidad de la Noche en influir sobre nuestro ser también es aplicable a la literatura. La cuestión me resulta interesante, ya que creo comprender, después de haber recorrido un largo camino como lector, algunas particularidades relacionadas con la literatura y la Noche.

La lectura, en mi caso, es una especie de meditación asistida, un estado al que puedo acceder con relativa facilidad. Esto no siempre fue así, desde ya; en un comienzo, requería toda una serie de rituales previos, incluso momentos particulares del día. Tanto es así, que durante mucho tiempo, sentí que era un ultraje leer a Poe o a Baudelaire durante el día.

Con el tiempo, mi capacidad de sumergirme en un texto fue haciéndose más fluida, especialmente con algunos autores; y poco a poco fui necesitando de menos elementos externos, tales como el entorno, la calma o el silencio, para concentrarme en la lectura. Ciertamente, hay libros que marcan una melodía nocturna, un ritmo que sólo puede percibirse de noche, y aunque podamos abstraernos y leerlos mientras esperamos que nos atienda el podólogo, lo recomendable es hacerlo rodeados por una atmósfera más literaria.

Esto puede parecer absurdo, pero no lo es. Un libro es una puerta hacia otra mente, es una comunicación que jamás utiliza los mismos términos, aunque sus símbolos se repitan. Cada lector completa una obra, siendo tanto su sentido como su conclusión; y para cerrar el círculo, el lector debe aportar algo de sí mismo: naturalmente, hablamos de la imaginación.
Todos nos formamos una imagen diferente para un mismo concepto: Mordor e Illión tienen una forma parcial, la soñada por Tolkien y Homero (o aquello que llamamos Homero), y una forma completa, perfectamente acabada por todos los que alguna vez imaginaron su existencia. De modo que un concepto literario sólo concluye cuando es leído, se hace real cuando la imaginación del lector hace su parte.

Ahora bien, la imaginación se modifica por la experiencia personal, y en segundo lugar por el entorno. Por lo tanto, es posible que un escenario nocturno nos sugiera determinadas imágenes que durante el día estarían veladas.
La Noche nos cambia, silencia algunos sentidos y despierta otros. Así como las estrellas brillan también durante el día, ajenas a nuestros ojos, la literatura, la esencia nocturna de una obra, también es perceptible durante el día, pero es en la oscuridad donde encuentra su plenitud.

A pesar de que esta introducción haya precipitado la huida masiva de lectores, pienso que será justificada por la lectura del siguiente poema de Chesterton, quien seguramente escribió sus versos en la penumbra.

Una Plegaria en la Oscuridad.
A prayer in the darkness, Gilbert Keith Chesterton.

Debo agitarlo, Oh Cielo, estremecer esta Tierra en un delirio.
Tened piedad de mí, pero permitid que el Mundo se alimente;
Si, en mi locura, hasta que sienta mi propia muerte,
Hasta que se escuche a la hierba crecer sobre mi tumba.

Si me atrevo a gruñir entre el sol y el césped,
A gimotear en un clamor, dadme la gracia de poseer,
Bajo esta lluvia luminosa, bajo las frutas lozanas,
El resplandeciente silencio del desprecio de Dios.

Agradezco al Cielo que las estrellas brillen lejos,
Ya que peregrino en una noche de Ira;
Agradezco que mis lágrimas no perturben a la mariposa,
Ni ser maldecido por el oprobio de cortar una flor.

Los hombres dicen que el sol se ha oscurecido,
Sin embargo, creo que nunca más ha brillado
Como durante aquella tarde del Calvario,
Donde Aquel que fue colgado del Árbol de la Tortura,
Escuchó el eco de los grillos cantando, y se alegró.

Gilbert Keith Chesterton.


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El poema de Gilbert Keith Chesterton, A prayer in the darkness, fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la utilización de nuestra versión escríbenos a: elespejogotico@gmail.com