«La Ghoula»: Edward Lucas White; poema y análisis.


«La Ghoula»: Edward Lucas White; poema y análisis.




La Ghoula (The Ghoula) es un poema de vampiros del escritor norteamericano Edward Lucas White (1866-1934), escrito en 1897 y publicado originalmente en la colección de 1908: Líricas narrativas (Narrative Lyrics).

La Ghoula, uno de los mejores poemas de Edward Lucas White, es narrado desde la perspectiva de un Ghoul, o mejor dicho, de una Ghoula, hembra de esta antigua raza de Necrófagos que poco a poco se deslizó desde las leyendas árabes a la literatura gótica [ver: Ghouls: historia secreta de los Necrófagos en la ficción]

Edward Lucas White produjo una gran cantidad de poesía, prácticamente olvidada en nuestros días. En esta producción se encuentra un poema sorprendente: La Ghoula, donde el autor ahonda en sus pesadillas recurrentes con Vampiros. Edward Lucas White fue uno de esos autores que constantemente recurren al material de su subconsciente; de hecho, sus mejores relatos de terror son transcripciones casi literales de sus sueños; como Lukundoo (Lukundoo) y La Casa de las Pesadillas (The House of the Nightmare).

Si bien las imágenes de cubiles vampíricos repletos de crías hambrientas, y de esta madre que caza humanos para proveerles el sustento, son elementos novedosos, el concepto de La Ghoula de Edward Lucas White está inspirado en un comentario de Rudyard Kipling en Los sirvientes de Su Majestad (Her Majesty's Servants), publicado en El segundo libro de la jungla (The Second Jungle Book), donde que afirma en broma que los bueyes hindúes tienen un miedo instintivo por los ingleses porque saben que estos se los comerán. Esto disparó en Edward Lucas White la posibilidad de un fenómeno inverso: ¿y si hubiera una criatura que comiera seres humanos? Esta es la génesis de La Ghoula, que además es el predecesor del mejor relato de este autor: Amina (Amina). La principal diferencia entre La Ghoula y Amina es que, en el poema, la mujer Ghoul mata al cazador, mientras que en el relato es ella quien es asesinada.




La Ghoula.
The Ghoula, Edward Lucas White (1866-1934)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Porque mi compañero no regresó,
y como mis pequeños deben comer,
salí sola para aprender,
yo misma, a ganar la carne para mis hijos.
A cualquier hombre en mi camino,
cazador o robusto aldeano,
me encontré sola marcándolo como presa,
mi sonrisa adormecería su primera desconfianza;
mi belleza tocaría su corazón por fin,
y en mi forma no podría adivinar
ni una pizca de esa titánica fuerza
que incluso las mujeres ghouls poseen.
Al anochecer, al amanecer o al mediodía,
desde un barranco o camino lo atraía
hasta donde están las ruinas. Y pronto
cebaríamos en nuestra oscura morada.
La carne de los hombres es la mejor.
Si ninguno se me acercaba,
atrapaba algún buey, cabra u oveja, o,
esperando al ciervo junto a un estanque,
saltaba como una pantera sobre su cuello.
En tres días, a pesar de los gritos de mi cría,
no traje sino restos robados de comida.
Vi el hambre en sus ojos
y cacé con ánimo desesperado.
Al día siguiente, sobre la llanura del desierto,
nuestro cielo persa se arqueó azul y claro.
Desde el mirador donde me había acostado
vi una figura que se acercaba;
un inglés que vagaba solo,
sin importarle nómadas, ghouls o hechizos,
para batir el desierto de arena y piedra
en busca de liebres, avutardas o gacelas.
Hablaba nuestra lengua persa:
no lo encontré difícil de engañar;
y, sin embargo, era tan alto y joven,
que deseé que hubiera sido un ghoul.
La caza había ocupado mi mente,
ya que de un compañero estaba desprovista.
Entonces, mirando a través de los meses pasados,
sentí lo sola que estaba.
Mi boca hambrienta se hizo agua al ver
las mejillas rosadas, tiernas, regordetas y firmes,
y sin embargo también me dio lástima;
parecía demasiado atractivo para morir.
Mientras caminaba ociosamente a mi lado,
ante las ruinas a las que nos habíamos acercado,
entre dos peñascos en el yermo,
a cierta distancia, apareció una cierva.
Levantó su rifle y apuntó.
Luego, mientras miraba para verla saltar,
se detuvo y dijo: «Parece una pena
matar una cosa bonita y delicada».
Me sobresaltó encontrar a este joven,
tan descuidado, fuerte y ágil de miembros,
que sentía por su caza
lo mismo que yo había sentido.
Se puso de pie y miró antes de correr.
«Qué bueno para nosotros que se vaya —me dije—:
«Mejor dispárale mientras puedas —hablé—,
no tenemos nada de carne en casa».
Su bala falló. La criatura huyó.
Se sonrojó, sorprendido, disgustado y enojado.
Luego, sonriendo alegremente, dijo:
«Puede que me vaya mejor con la siguiente».
«No valía la pena esa magra cierva.
Puedes conseguir carne de otra manera.»
Respondí, con mi propósito establecido:
«Ciertamente creo que puedo».

***

¡Qué fresco olía el arco sombreado,
agradable y suavemente iluminado por dentro!
Su brazo rodeó mi cintura.
Sentí que mis crías no tendrían que esperar mucho.
Se acurrucaron en nuestra guarida,
sabía que soportarían sus dolores en silencio,
en lugar de asustar a la presa,
de la cual no estaba segura.
Embriagado con mis encantos,
me abrazó con fuerza,
sin advertir que estaba indefenso en mis brazos
como un conejo en una trampa.
Una y otra vez nuestros labios se encontraron;
acerqué su cabeza rizada a la mía,
le di un beso en la garganta
y le mordí la tráquea de lado a lado.

***

Carne firme para comer, sangre limpia para beber,
preparada para hacer prosperar a mis seres queridos.
Y, sin embargo, desde entonces, a menudo pienso
que era tan guapo cuando estaba vivo.
¿Quién sabe? Si no fuera por la necesidad
de mis crías, podría haberme ablandado,
tal vez habría podido dejarlo ir.
De hecho, a veces encuentro en mi corazón
el deseo de que a la cierva le hubiera disparado.


Because my mate did not return,
And since my little ones must eat,
I sallied forth alone to learn,
Myself, to win my children meat.
Whatever man upon my way,
Hunter or villager robust,
I met alone and marked for prey,
My smile would lull his first distrust;
My beauty touched his heart at length,
And in my form he could not guess
A hint of that titanic strength
Which even female ghouls possess.
At dusk, at sundawn, or at noon
I lured him from ravine or road
To where the ruins are. And soon
We feasted in our dim abode.
Men’s flesh is best. If none came near,
I caught some bullock, sheep, or goat,
Or, waiting at a pool the deer,
Leapt like the panther at its throat.
Three days, and to my younglings’ cries
I brought but pilfered scraps of food.
I saw the famine in their eyes
And hunted in no gentle mood.
Next day above the desert plain
Our Persian sky arched blue and clear.
From the lookout where I had lain
I saw a figure drawing near;
An Englishman who strayed alone,
Careless of nomads, ghouls, or spells,
To beat the waste of sand and stone
For hares or bustards or gazelles.
He spoke our homely Persian tongue;
I found him nowise hard to fool;
And yet, he was so tall and young,
I wished that he had been a ghoul.
My hunting had engrossed my mind,
Since of my mate I was bereft.
Now, staring through the months behind,
I felt how lonely I was left.
My starved mouth watered at the view
Of pink cheeks, tender, plump, and nigh,
And yet it seemed a pity too;
He looked too comely for to die.
As by my side he idly paced,
Before the ruins we had neared,
Between two boulders on the waste,
Some distance off, a doe appeared.
He raised his rifle and took aim.
Then, as I watched to see her spring,
He stopped and said: “It seems a shame
To kill the pretty, dainty thing.”
It startled me to find this youth,
So heedless, hale, and lithe of limb,
Felt for his game the selfsame ruth
Which I had felt at sight of him.
She stood and stared before she ran.
“What good to us that she should roam,”
I said: “Best shoot her while you can,
We have no meat at all at home.”
His bullet missed. The creature fled.
He flushed, surprised, chagrined, and vexed.
Then, smiling cheerily, he said:
“I may do better with the next.
“That lean doe was not worth regret,
You may get meat some other way.”
I answered, with my purpose set,
“Indeed, I rather think I may.”

* * *

How cool the shadowed archway smelt,
Pleasant and softly lit inside!
His arm went round my waist. I felt
My young would not have long to bide.
They cowered huddling in our lair,
Their pangs I knew they would endure
In silence, rather than to scare
Quarry of which I was not sure.
Inebriated with my charms,
He held me closely, unaware
That he was helpless in my arms
As is a rabbit in a snare.
Time after time our lips had met;
His curly head to mine I drew,
A kiss upon his throat I set—
And bit the windpipe through and through.

* * *

Firm flesh to eat, clean blood to drink,
Fitted to make my dear ones thrive.
And yet, since then, I often think—
He was so handsome when alive.
Who knows, but for my darlings’ need
I might have softened, let him go?
I find it in my heart indeed
To wish that he had shot the doe.


Edward Lucas White
(1866-1934)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Edward Lucas White


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Edward Lucas White: La Ghoula (The Ghoula), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Daniel Milano dijo...

Sí, versión poética de 'Amina' (uno de mis cuentos favoritos publicados por 'El Espejo Gótico') con final invertido. Autor muy interesante y olvidado este White, del que ojalá aparezcan más cosas. Gracias!



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