Freud y el caso del Hombre de los Lobos


Freud y el caso del Hombre de los Lobos.




El sueño del Hombre Lobo es uno de los sueños más famosos en la historia del psicoanálisis. Así comienza la angustiosa pesadilla infantil de Sergei Konstantinovitch Pankejeff (1886-1979), un paciente a quien Sigmund Freud rebautizó como el Hombre de los Lobos (Der Wolfsmann), en parte, para proteger su verdadera identidad, tratándose de un prestigioso aristócrata ucraniano:


[De repente, la ventana se abrió por sí sola y me aterrorizó ver que algunos lobos blancos estaban sentados en un gran nogal.]


La noche anterior a su cumpleaños número cuatro, Pankejeff soñó que estaba acostado en la cama cuando de repente se abrió la ventana. Al asomarse, vio a seis o siete lobos blancos sentados en un árbol fuera de su dormitorio, con los ojos fijos en él. Aterrado, se despertó gritando. Posteriormente hizo un boceto del sueño para Freud, y durante su vida posterior produjo varias pinturas más. El sueño intrigó a Sigmund Freud, quien pronto descubrió que éste sería un punto de inflexión en la infancia de Pankejeff [ver: Freud y la interpretación de los sueños]

Al parecer, en los meses previos al sueño, Pankejeff había atravesado por una «fase traviesa», pero después del sueño esto fue reemplazado por un período de intensa ansiedad. Gran parte de su terapia con Freud estuvo dedicada a desentrañar este peculiar sueño. ¿Qué significaba? ¿Y por qué produjo un cambio tan dramático en la personalidad de Pankejeff? [ver: Significado de soñar con animales]

Sergei Pankejeff, el «Hombre Lobo», era un aristócrata. Tenía 23 años cuando comenzó su tratamiento con Sigmund Freud, más precisamente en febrero de 1910, en un estado de colapso mental. Un ataque de nervios algunos años antes, seguido de los suicidios de su padre y su hermana, lo habían dejado gravemente deprimido. No podía viajar solo, ni siquiera vestirse solo [o defecar sin asistencia], y sentía como si un velo invisible lo separara de la realidad.

Cuando Pankejeff describió sus primeros años a Freud, comenzó a surgir la historia de una infancia atribulada. Su familia estaba constituida por aristócratas. Vivían en una gran finca en la Rusia anterior a la revolución. Su padre padecía depresión y alcoholismo; y su madre, graves problemas abdominales. Tenía una relación difícil con su hermana, que era dos años mayor que él. Lo cuidaba su niñera, a quien le tenía mucho cariño. Inicialmente era un niño tranquilo y afable, pero desde los tres años su personalidad sufrió una serie de transformaciones dramáticas:

Un análisis del árbol genealógico del Hombre de los Lobos es revelador: su padre se suicidó y había sido diagnosticado como maníaco-depresivo y hospitalizado por depresión varias veces. De hecho, fue el rival de Freud, el psiquiatra Emil Kraepelin, quien diagnosticó al padre como un caso de psicosis maníaco-depresiva. La hermana del Hombre de los Lobos se suicidó cuando tenía poco más de veinte años. Su abuela paterna intentó suicidarse en una depresión posparto [ver: La depresión posparto en el relato de terror], y su abuelo paterno era alcohólico.

Hasta los 3 años, Pankejeff era un niño tranquilo y de buen carácter, tanto que sus padres decían que debería haber nacido niña, y su hermana, niño. A partir de los 3 se volvió irritable y propenso a tener rabietas. Luego vino un período de intensa ansiedad y fobias, seguido por fases de obsesiva religiosidad. En este punto Pankejeff sueña con los lobos en el árbol. Empieza a manifestar miedo por los animales, especialmente fantasías de ser devorado por un lobo. Realiza elaborados rituales de oración y lucha contra lo que él consideraba «pensamientos blasfemos».

Para Freud, la clave de estos cambios de comportamiento residía en el sueño, que trajo consigo la primera aparición de sus ansiedades. Pankejeff esbozó el sueño para Freud durante su análisis y, en años posteriores, pintó otras imágenes de la escena [algunas son muy buenas]. La interpretación de este sueño desveló los secretos de la extraordinaria infancia de Pankejeff, y también llevó a Freud a reafirmar sus puntos de vista.

A medida que se desarrolló el análisis, quedó claro que este cambio en la personalidad y el comprotamiento de Pankejeff coincidían con el sueño, y este con una serie de hechos preocupantes. Su hermana lo había tocado inapropiadamente y poco después él trató de repetir el episodio frente a la niñera. Ella le reprendió, declarando que los niños pequeños que hacían esas cosas recibían una «herida» en ese lugar [ver: Vermifobia: gusanos y otros anélidos freudianos en la ficción]

Una afirmación clave del psicoanálisis es que la sexualidad no es solo un bloque granítico, sino una especie de mosaico formado por diferentes impulsos. Estas unidades pueden ser pasivas o activas. Por ejemplo, el impulso oral puede estar relacionado con comer [activo] o ser comido [pasivo]. Eventos como el destete, el entrenamiento para ir al baño o las experiencias traumáticas pueden cambiar los intereses y ansiedades del niño de un impulso a otro. Los avances de la hermana habían estado dirigidos a una parte específica del cuerpo de Pankejeff, pero también lo habían puesto en una posición pasiva. Esto es lo que luego recreó en relación con su niñera, quien bloqueó sus avances con una amenaza.

Inhibido por esta amenaza, las preocupaciones de Pankejeff se desplazaron de lo oral. El argumento de Freud es que las rabietas de Pankejeff fueron en realidad intentos de hacer que su padre lo castigara.


[Bajo la influencia persistente de esta experiencia, siguió un camino desde su hermana, a través de su niñera, hasta su padre.]


Esto puede parecer una explicación absurda, pero Freud la basa en una atención meticulosa a los detalles de la infancia de Pankejeff. El material del caso está repleto de temas de pasividad y una preocupación apenas velada por las heridas del cuerpo. También vale la pena señalar que el argumento de Freud se basa en la idea de que las experiencias infantiles de agresión o abuso pueden tener graves consecuencias para el desarrollo psicológico, algo con lo que pocos profesionales podrían estar en desacuerdo

La «fase traviesa» de Pankejeff terminó prácticamente de la noche a la mañana y fue reemplazada por un período de intensa ansiedad. Pero esta vez, la transformación no estuvo vinculada a una experiencia traumática sino a un sueño aterrador. Así se lo describió a Freud:


[Soñé que era de noche y que estaba acostado en la cama. De repente, la ventana se abrió por sí sola, y me aterrorizó ver que unos lobos blancos estaban sentados en un gran nogal. Había seis o siete de ellos. Los lobos eran bastante blancos, tenían grandes colas y las orejas aguzadas, como perros cuando prestan atención a algo. Con gran terror, evidentemente de ser devorado por los lobos, grité y me desperté.]


Para Freud, un sueño es un mosaico de pensamientos y motivos. Su teoría de los sueños hace una distinción crucial entre el contenido manifiesto [el sueño tal como lo recordamos] y el contenido latente. Este se combina en el contenido manifiesto mediante un proceso inconsciente de cifrado. El objetivo de Freud era sacar a la luz los deseos ocultos en el contenido latente. Hizo esto preguntando a sus pacientes qué les venía a la mente en relación con cada elemento del sueño.

El sueño del Hombre de los Lobos ilustra algunas de las afirmaciones clave de Freud sobre los sueños, quien los describe como representaciones del cumplimiento de deseos infantiles reprimidos. El sueño del Hombre de los Lobos no es una excepción, a pesar de que el deseo que cumple causa angustia al soñador y transforma el sueño en una pesadilla. ¿Qué hizo que el sueño se convirtiera en una pesadilla? El sueño muestra una conciencia naciente de la diferencia física entre hombres y mujeres. En el momento del sueño, Pankejeff se acerca a la culminación de su complejo de Edipo, cuando los niños se enfrentan a la pregunta de cómo llegaron al mundo y comienzan a darse cuenta de que tendrán que asumir una posición de género, como niño o niña [ver: Lo que Sigmund Freud no te contó sobre el complejo de Edipo]

Freud argumentó que los niños no nacen con ningún conocimiento de las diferencias de género. Es a medida que avanzan por el complejo de Edipo que el enigma de esas diferencias se convierte en fuente de una intensa especulación imaginativa y miedo.

El sueño manifiesto invierte muchos de los pensamientos oníricos latentes. Invierte la posición de los lobos, les da grandes colas, hace que Pankejeff sea el objeto que se está mirando. Freud se pregunta si acaso el sueño no está invirtiendo todo el contenido latente, con lo cual la quietud de los lobos [en el sueño manifiesto] también podría ser una inversión.

Freud reúne los elementos del sueño, junto con una gran cantidad de material de otro caso, para hacer una afirmación extraordinaria: el sueño tocaba el recuerdo anterior de presenciar a sus padres teniendo relaciones [algo traumático, sin dudas], que Freud llama «escena primaria». La «escena primaria» es algo difícil de entender para los niños. Por lo general, primero lo interpretan como un acto de violencia ejercido por el padre. Solo más tarde comienzan a pensar en ello en términos de posiciones de género.

En el relato de Freud, el sueño se desarrolla durante varias instancias:

a- Pankejeff se duerme pensando en los regalos del árbol [el sueño se produjo en Navidad, fecha que coincide con el cumpleaños del paciente]. Podríamos imaginar que al comienzo del sueño el árbol donde están los lobos es un árbol de Navidad.

b- Sus impulsos dominantes encuentran expresión en el deseo de recibir un regalo. El tema de «recibir» algo de su padre adquiere una connotación pasiva.

c- Un pensamiento se entromete. Su otra preocupación en ese momento entra en el sueño: las diferencia de género.

d- Los pensamientos convergen: la escena primaria se convierte, y su posición pasiva [en relación con su padre] adquiere nuevas connotaciones aterradoras.

e- Un intento de distorsión: el trabajo onírico lucha por hacer inofensiva esta idea angustiosa invirtiendo los elementos de la escena primaria. Deja a los lobos perfectamente quietos y les da enormes colas.

f- El sueño se derrumba. No logra contener la perturbación. Se rompe y se convierte en una pesadilla. Pankejeff despierta presa del pánico.

También hay un curioso elemento popular en el caso, del que tanto Freud como Pankejeff eran muy conscientes. El cumpleaños del paciente era el 25 de diciembre. En muchas leyendas, aquellos que nacen en Navidad estaban destinados a convertirse en monstruos o agentes del diablo. Además, Pankejeff también había nacido «enmantillado» [con una membrana translúcida del saco amniótico en la cara], que se consideraba un mal presagio en algunas partes de Rusia [curiosamente, el propio Freud también nació «enmantillado»]. Freud también registra que la niñera que lo había atendido cuando era niño era profundamente religiosa [y extremadamente supersticiosa] y tomó esto como una señal de que el niño se convertiría en un hombre lobo cuando creciera [ver: Razas y clanes de hombres lobo]. Con esto en mente, el sueño de los lobos adquirió un significado adicional.
 
La solución de Freud al cambio de carácter de Pankejeff es, bueno, netamente freudiana. Si la pasividad de Pankejeff implicaba el deseo de ser castigado por su padre, el descubrimiento de las diferencias de género hizo que se situara en la posición de su madre. Según Freud, Pankejeff había tomado varios recuerdos, observaciones y fragmentos de información y los había reunido en una teoría: los hombres tienen pene y las mujeres no; pero su sueño lo enfrentó con algo impensable: ser la mujer de su padre implicaría una pérdida aterradora en su anatomía.

Esta segunda transformación [de travieso a ansioso] es similar a la primera [de tranquilo a travieso], cuando su niñera había hecho la oscura amenaza sobre una «herida». Pero en esta transformación, la amenaza es internalizada. En el relato de Freud, Pankejeff se despertó en un estado de intensa ansiedad de castración, que durante los siguientes seis meses se expresó en un registro oral, como el terror de ser devorado por un lobo.

En 1897, Freud desarrolló la teoría de que la «histeria» asociada con la licantropía podría ser una reacción emocional retardada a un abuso anterior [ver: El origen del hombre lobo y la licantropía]. Según su propio relato de 1914, Freud se encontró cara a cara con este paciente, Pankejeff, que expresó una conexión con el motivo del hombre lobo. De hecho, Freud lo nombró el Hombre Lobo [aunque mejor sería traducirlo como el Hombre de los Lobos] tanto en sus notas como en su relato [ver: Bertha Pappenheim y la histeria femenina]

Si bien Freud se pronunció sobre la curación de Pankejeff, lo cierto es que unos años después sufrió un delirio psicótico. Fue visto en una calle, mirando su reflejo en una vidriera, convencido de que un cirujano le había perforado un agujero en la nariz. Sus obsesiones por su nariz persistían y su estado de ánimo fluctuaba entre altibajos. Después de 1945, experimentó depresiones periódicas cada pocos años, alternando con períodos de euforia e hiperactividad. Por lo tanto, está claro que el Hombre de los Lobos no se curó con su análisis con Freud. En todo caso, es posible que haya empeorado.

Ruth Mack Brunswick, una analista freudiana, aventura que este delirio en la vía pública fue un desplazamiento de la ansiedad de castración diagnosticada por Freud. Más adelante, Pankejeff publicó sus propias memorias bajo el seudónimo dado por Freud [Wolfsmann] y permaneció en contacto con los discípulos freudianos hasta su propia muerte. De hecho, se sometió a diferentes análisis, de forma ininterrumpida, durante seis décadas más, convirtiéndose en uno de los pacientes mejor documentados en la historia del del psicoanálisis.

Son muchos los que vacilan sobre la eficacia del tratamiento de Freud en el caso del Hombre de los Lobos. Otto Rank, en 1926, lo cuestionó duramente, descartando el diagnóstico de Freud por considerarlo inverosímil y especulativo. Repasemos algunos puntos:

El análisis de Freud se basó en la pesadilla de los lobos blancos sentados en un árbol frente a la ventana abierta, y dedujo que el sueño simbolizaba un trauma primario: Pankejeff, cuando era un niño, había presenciado a sus padres teniendo relaciones. Sin embargo, esta posible causa del trauma fue descartada por el propio Pankejeff más adelante, aunque con argumentos bastante endebles. Según Pankejeff, en familias acaudaladas como la suya, los niños pequeños dormían en la habitación de la niñera, no con sus padres; lo cual es cierto, tanto como que una pareja puede tener intimidad no solo en su dormitorio, cuando los niños duermen con la niñera, sino en cualquier lugar de la casa, a cualquier hora. De hecho, es mucho más probable que sean sorprendidos en áreas comunes de la casa que en el propio dormitorio.

En cualquier caso, Pankejeff no quedó conforme con su tratamiento, en absoluto. Cuestionó a Freud, y dijo que le molestaba haberse convertido en «una obra maestra del psicoanálisis». No podemos culparlo.

Es interesante mencionar que se han hecho muchos estudios adicionales del caso del Hombre de los Lobos, algunos de los cuales incluyen la posibilidad de que el sueño de Pankejeff, tal como fue narrado por el paciente, sea un criptónimo, es decir, una narración donde ciertas palabras reemplazan a otras. En este contexto, las declaraciones manifiestas de Pankejeff ocultan otras que están latentes, y el contenido real de sus palabras puede descifrarse analizando su trasfondo multilingüe. Según esta teoría, Pankejeff ocultó algunas cuestiones sobre su hermana mayor, y como el paciente quería olvidar y preservar estos secretos, cifró a su hermana mayor en el sueño. Por ejemplo, al referirse a los lobos sentados en el árbol, Pankejeff empleó la expresión «manada de seis»; en ruso, shiestorka, palabra casi idéntica a siestorka, que significa «hermana»; lo cual sitúa a la hermana del paciente en el centro del trauma [ver: Lapsus linguae: cuando decimos lo que queremos callar]

No sólo Pankejeff nunca se curó, sino que siguió siendo tratado por otros psicoanalistas hasta su muerte. Su estado empeoró considerablemente con el transcurso de los años. Algunos sostienen que Pankejeff cobraba una mensualidad a cargo de la Fundación Sigmund Freud con el propósito de mantenerlo oculto en Viena para que el fraude de su supuesta curación no se hiciera público. Otros, sin embargo, aseguran que la Fundación sostuvo económicamente a Pankejeff porque había caído en desgracia en la posguerra, tal vez como una retribución por su aporte al psicoanálisis.



El lado oscuro de la psicología. I Diccionario de sueños.


Más literatura gótica:
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1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Aunque está muy bien, al final le falta algo. Está muy sintetizada la lucha con el engendro de Chulthu.



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