¡Warren NO está muerto! [análisis lateral de «La declaración de Randolph Carter»]


¡Warren NO está muerto! [análisis lateral de «La declaración de Randolph Carter»]




No es la intención de El Espejo Gótico formular revelaciones místicas sobre la obra de Lovecraft, sino más bien aproximarnos a sus misterios desde otra perspectiva, lateralmente, con un espíritu más lúdico que académico. Lo menciono al pasar para apaciguar, en la medida de lo posible, el brote histérico de algunos lectores particularmente sensibles.

La declaración de Randolph Carter (The Statement of Randolph Carter) es un relato temprano de H.P. Lovecraft. Fue escrito en 1919 y publicado en la edición de mayo de 1920 de la revista The Vagrant [luego aparecería en la edición de febrero de 1925 de Weird Tales y en la antología de Arkham House de 1939: El extraño y otros (The Outsider and Others)]. El cuento asume la forma de un testimonio legal, una especie de declaración dada por el narrador, Randolph Carter, probablemente dirigida a un grupo de interrogadores de la policía.

Randolph Carter y su amigo, Harley Warren, visitaron un antiguo cementerio por la noche, llevando linternas, palas y una bobina de alambre con diferentes instrumentos. Pero sólo Randolph Carter regresó, y la necesidad de que hiciera esta declaración sugiere que la policía tal vez sospecha de él, o al menos que espera que este explique la desaparición de su amigo, a quien dice haber visto descender a una abertura negra debajo de una tumba oculta por una losa de granito, llevándose un teléfono portátil con él y desenrollando el cable mientras avanzaba.

La naturaleza de la búsqueda de Warren, afirma Randolph Carter, no está clara para él. Al parecer, el interés casi obsesivo de Warren por los secretos que se encuentran en libros prohibidos sugiere un motivo oscuro. Randolph Carter afirma que habló con Warren a través de este teléfono portátil, quien parecía estar experimentando algo horrible en las profundidades sepulcrales, y se negó a permitir que su amigo lo siguiera. Finalmente, Randolph Carter declara que las respuestas de Warren a través del cable se volvieron frenéticas y finalmente cesaron por completo, para ser reemplazadas por una voz hueca y gelatinosa que pronunció una de las frases más célebres del multiverso de Lovecraft:


¡TONTO, WARREN ESTÁ MUERTO!


El título.

La declaración de Randolph Carter es un relato intrigante, y uno de los aspectos más intresantes es el título. Podemos pensar que un título, como lo sugiere su etimología en latín, no es otra cosa que una etiqueta. En un nivel más práctico, un título propone una expectativa a través de la cual el autor puede referirse a un aspecto importante de la historia. Pero la naturaleza del etiquetado en la La declaración de Randolph Carter dista mucho de ser simple.

Lo que inmediatamente llama la atención del título es la forma particular en que describe el relato. Dado que la historia es una declaración [la declaración legal de Randolph Carter a las autoridades, tal vez bajo juramento], el título la etiqueta en su totalidad. No es, por ejemplo, como la etiqueta de un frasco que dice «veneno», sino más bien: «esta botella de veneno». La diferencia es sutil, casi imperceptible, pero justa, porque la historia de La declaración de Randolph Carter es, en su totalidad, la declaración de Randolph Carter, tal como deliberadamente lo proclama su título.

En la mayoría de los casos, el título de un cuento refiere a algo que está dentro de la historia, no a la forma de la historia en sí. Por ejemplo, si abrimos Los gatos de Ulthar (The Cats of Ulthar), probablemente sepamos que no estamos ante un catálogo de gatos de una región llamada Ulthar, sino más bien ante una historia que involucra, entre otras cosas, algo relacionado con gatos como dispositivo de trama. Pero el título de La declaración de Randolph Carter es, en cierto modo, todo lo que sucede en La declaración de Randolph Carter. Nada, ni una palabra, escapa del título.

Comúnmente, el título de una historia corta se refiere a algo constitutivo del texto, tal vez un personaje por su nombre o por descripción, o una referencia episódica, o el nombre o descripción de un lugar implícito en el escenario, o incluso un fragmento literal de un diálogo o un párrafo. El efecto es una sinécdoque o sustitución metonímica de una parte por un todo. Así, La declaración de Randolph Carter de Lovecraft podría haberse titulado El descenso a la tumba, o algo así, siguiendo el patrón habitual que señala una característica elemental del texto.

En cambio, Lovecraft elige un título que apunta directamente al texto mismo. Está usted ante una historia autorreferencial —parece decir—, el texto se desenrollará sobre sí mismo, tal es así que Randolph Carter y el texto confluyen hasta cierto punto. Es como si se titulara: La historia que sigue a continuación. Sin embargo, un título así, en términos tautológicos, no nos diría nada sobre la naturaleza de la historia a la que apuntaría tan directamente, mientras que el título de Lovecraft se las arregla para comentar su propia textualidad (ver: Autopsias lovecraftianas: el arte de diseccionar lo innombrable).

También podríamos adoptar otra actitud ante el título, por ejemplo, que la declaración es una declaración hecha en el texto por Randolph Carter. Pero la única expresión declarativa que formula en toda la historia es Voy a bajar. Incluso entonces, sin embargo, podemos pensar en su descenso como una renuncia a su estatus de Yo, un estatus que entrega o acepta compartir con el texto mismo. En el mismo sentido, la frase preposicional de Randolph Carter en el título funciona de la misma manera que, por ejemplo, de la lujuria funcionaría en la expresión el pecado de la lujuria. Uno puede imaginarse el siguiente intercambio:

—Estoy pensando en un pecado.

—¿Qué pecado?

—Lujuria. El pecado de la lujuria.

Paralelamente se puede postular este intercambio incidental:

—Estoy pensando en una declaración.

—¿Qué declaración?

Randolph Carter. La declaración de Randolph Carter.

Con esto quiero decir que Randolph Carter es la declaración, y también que la declaración es el texto, por lo tanto, Randolph Carter es el texto. Parecería, entonces, que Lovecraft nos habilita a interpretar a Randolph Carter como identificado con el texto, con la declaración, de modo que La declaración de Randolph Carter se convierte en La declaración de La declaración de Randolph Carter, y esta en La declaración de La declaración de La declaración de Randolph Carter, y así sucesivamente, en una especie de bucle autorreferencial.

Apenas salimos del título, Lovecraft nos brinda un indicio de que el relato se ocupará de su propia textualidad. Las dos primeras palabras de la historia son I repeat, «repito», asumiendo una declaración ya hecha, previa, anterior al texto, especialmente cuando interpretamos que ese Yo [I] es, en cierta forma, el texto mismo que es [o afirma ser] su propia repetición.

Ahora bien, toda repetición, por precisa que sea, siempre implica un cambio. Una cosa repetida de una instancia anterior es una cosa cambiada, en virtud del simple hecho de que su nueva apariencia, aunque sea idéntica, es una repetición. El texto, entonces, al afirmar desde el principio que se repite a sí mismo, proclama su alteración, promete diferir de sí mismo: de hecho, ya se diferencia de sí mismo al pretender hacer un enunciado original, en presente, y en el acto de hacerlo alega que se está repitiendo.

Lovecraft está siendo brillante aquí, porque si el texto es su propia iteración, entonces ese I [«yo»] al abrir la historia no es un yo presente. Entonces, la primera «declaración» de La declaración de Randolph Carter es que el relato difiere consigo mismo incluso en el punto sobre si difiere consigo mismo, lo cual niega el acceso a cualquier lectura inequívoca.

Aún en la primera línea leemos: Repito, señores, que vuestra inquisición es infructuosa. Hacemos una pausa con cierta preocupación por la palabra infructuosa. Dado que la frase no es: será infructuosa. Seguramente la palabra más natural aquí habría sido pointless [«inútil», «sin sentido»], como en vuestra inquisición no tiene sentido. Naturalmente, se puede suponer que el narrador, Randolph Carter, apunta hacia el futuro, y dice que las preguntas de sus interrogadores no servirán de nada. Pero cuando dice que el interrogatorio es infructuoso sugiere que este ya es estéril, es decir, ya ha resultado infructuoso. El texto se anticipa a sí mismo, se ve a sí mismo como ya escrito y leído. Y, al comenzar con repito, incluso afirma que ya ha dicho antes que el interrogatorio está desprovisto de resultados favorables.

Ciertamente estamos aquí ante uno de esos maravillosos espacios interiores donde un relato, tal vez sin proponérselo conscientemente, comienza a desentrañar su propia unidad semántica.

La declaración de Randolph Carter está diciendo, como una corriente subterránea debajo de su flujo superficial, que solo es legible en su multiplicidad, es decir, que es ilegible en el sentido complementario de ser resistente a la fijeza de la lectura, y que vuestra inquisición [la del lector, quizás, con su deseo de obtener un significado definido] siempre será infructuosa. Es decir que estamos ante un cuento que, por su título, anuncia sus preocupaciones autorreferenciales encubiertas; un cuento que, al escribir él mismo, afirma que se está repitiendo, que ya lo ha dicho todo antes; un cuento que promete que su lectura será infructuosa.


Randolph Carter.

Primero comencemos por el Randolph Carter que florecería en los Mitos de Cthulhu, es decir, con todo lo que sabemos sobre él de relatos posteriores, para luego regresar a La declaración de Randolph Carter.

[El ¿doctor?] Randolph Carter (¿1873-1928?) fue un autor y místico de Boston. La familia de Carter pertenecía a un linaje antiguo y distinguido. Su antepasado, Geoffrey Carter, fue un cruzado encarcelado durante once años en Alamut. En su linaje también hay un tal Edmund Carter que escapó por poco de ser ejecutado en los juicios de Salem. A partir de los diez años, Randolph comenzó a mostrar un extraño don para la profecía, tal es así que frecuentemente visitó las Tierras del Sueño (Dreamlands). La gente de esa tierra todavía cuenta la historia de su viaje a Kadath, posiblemente la tarea más grande emprendida por cualquier soñador. Sin embargo, a medida que Randolph Carter crecía, sus viajes de ensueño se volvieron cada vez menos frecuentes, hasta que a la edad de treinta años cesaron por completo. Fue en este momento que Carter comenzó una búsqueda de significado personal que duraría el resto de su vida.

Durante la Primera Guerra Mundial, Randolph Carter sirvió en la Legión Extranjera. Fue allí donde conoció a Etienne-Laurent de Marigny, un compañero de ensueño con quien viajó a las criptas debajo de la ciudad de Bayona, y con quien forjaría una duradera amistad. Regresó a casa después de que casi lo mataran cerca de Belloy-en-Santerre. Después de recibir el alta médica, a causa de sus heridas, Randolph Carter regresó a los Estados Unidos. Poco después se convirtió en alumno de Harley Warren, un erudito que había profundizado en el ocultismo. Una noche, Warren desapareció después de que Randolph Carter lo acompañara a un cementerio en Florida. La policía interrogó a Carter, quien les dio un relato extraño de lo sucedido, pero fue puesto en libertad por falta de evidencias en su contra.

Randolph Carter fue un escritor de cierta destreza, aunque no fue muy reconocido durante su vida. Su libro Una guerra se aproxima (A War Come Near), publicado en 1919, detalla sus experiencias durante la guerra, y su historia de terror La ventana del ático (The Attic Window) se imprimió en la revista Whispers en 1922. La historia fue tan inquietante que muchos negocios se negaron a vender esa edición. Poco después de escribirla, Randolph Carter y un amigo fueron encontrados cerca de Meadow Hill con extrañas heridas que nunca explicaron. Sin embargo, Randolph Carter es más conocido por sus novelas de fantasía. Sus primeros escritos durante sus años de ensueño tuvieron poco éxito. Los posteriores, más sofisticados, despertaron cierta atención. Lamentablemente, al momento de su desaparición, ya había quemado todos sus manuscritos, habiendo encontrado insatisfactoria su carrera como autor.

El 7 de octubre de 1928, Randolph Carter desapareció entre las ruinas de la mansión ancestral de su familia en las afueras de Arkham. Los buscadores descubrieron su automóvil y un pañuelo que podría haberle pertenecido, pero nunca se encontró ningún rastro de su cuerpo. Algunos de sus amigos cercanos afirmaron que finalmente regresó a las Tierra del Sueño para convertirse en el rey de Ilek-Vad, pero esta especulación no se tomó muy en serio.

Ahora bien, ¿qué tipo de hombre es el Randolph Carter personificado en el cuento?

En primer lugar, hay que decir que Randolph Carter fue uno de los principales alter egos de Lovecraft, y de muchas maneras representa cómo a Lovecraft le hubiera gustado presentarse a sí mismo.

El nombre Randolph deriva del Inglés Antiguo Randwulf. Rand significa «borde», «margen»; y wulf, por supuesto, significa «lobo». Es decir que Randolph es el lobo de los fronteras, no en términos del lobo que merodea por los márgenes, sino el que devora las fronteras, el que roe los bordes. Los cuentos, también, muerden y deshilachan sus bordes; y algunos de hecho son acorralados por sus fronteras. Al ser un depredador fronterizo, Randolph Carter, incluso en su nombre, se está comportando como un cuento.

Carter [alguien que conduce un carro] deriva de crooked y curving, «torcido» y «curvo» respectivamente. Es decir que Carter es alguien que transporta, que proporciona o dirige un vehículo textual [cuando lo identificamos con el cuento] para el poder de Rand-wolf, el lobo fronterizo, es decir, para la capacidad del cuento de agotar sus márgenes potenciales, para superar las delimitaciones de sus bordes convencionales. Randolph Carter, como cualquier cuento que insiste en una lectura única, está semánticamente torcido. Parece que espera, pero de hecho no puede, ser leído de manera única o inequívoca. Subvierte cualquier intento de abordarlo de este modo.

No es necesario esforzarse demasiado para encontrar que Randolph Carter se equivoca consigo mismo, incluso en un nivel narrativo elemental. Les dice a sus interrogadores, describiendo su memoria imperfecta de lo que sucedió la noche en que fue al viejo cementerio con su amigo, que tiene una única escena espantosa que permanece grabada en mi recuerdo tembloroso. Pero luego continúa describiendo otros recuerdos que desmienten la afirmación de que su memoria contiene solo una escena o impresión espantosa, la cual se describe en el desenlace del cuento. Evidentemente, no se inclina a ser inequívoco, coherente o unívoco. Cuenta una historia sobre su amigo desaparecido, Harley Warren, pero nos cuesta saber qué hacer con todo eso.

La declaración en el título puede, por supuesto, sugerir un balance general, pero parecería poco probable. Si el relato de Randolph Carter es creíble, entonces es inocente de cualquier delito que sus inquisidores sospechen de él. Si su relato no es creíble, entonces surge la posibilidad de que sea de alguna manera culpable, que tal vez incluso haya asesinado a Harley Warren. Lovecraft no coquetea demasiado con la inocencia o culpabilidad del narrador, ya que la declaración de Randolph Carter proclama esta inocencia, ya sea de manera confiable o no. En esencia, el texto insta al lector a aceptar la confiabilidad de la narración, sin la cual las horribles implicaciones de la historia se desvanecerían para ser reemplazadas solo por la sugerencia relativamente prosaica de un asesinato.

No obstante, la inocencia de Randolph Carter está lejos de ser un asunto resuelto.


Harley Warren.

¿Qué hay del otro personaje, Harley Warren?

Es una figura sombría, una a quien nunca vemos excepto a través de la memoria imperfecta de Randolph Carter. Es, en toda regla, el recuerdo supuestamente fragmentado de un narrador que se fusiona con un cuento. En términos objetivos solo sabemos que Harley Warren es un ocultista de Carolina del Sur. Al parecer, fue miembro de una sociedad de Boston dedicada a la investigación de asuntos psíquicos. Después de la Primera Guerra Mundial, se dedicó a estudios ocultistas de carácter más personal, y en este proceso fue acompañado por el místico Randolph Carter.

Si el mismo nombre de Randolph Carter es sugerente, quizás el de Harley Warren también lo sea.

El nombre Harley apenas puede evitar recordarnos [quizás significativamente] la figura del arlequín [harle-quin]. Naturalmente, un arlequín es una especie de un bufón enmascarado, lo que tal vez sugiere que su naturaleza no esté meramente relacionada con la diversión [o, en este caso, con un juego textual], sino un juego de ocultamientos. Etimológicamente, harlequin [«arlequín»] deriva del Inglés Antiguo Herla Cyning, es decir, King Herla [«rey Herla»], una figura mítica identificada con Odín.

Sea lo que sea que signifique Harley Warren en el cuento, eventualmente sufre una especie de apoteosis. Es elevado a una posición de suma importancia, irónicamente, a través del descenso a una cripta. Personalmente, siempre lo sentí como una ausencia. Cuando empieza el cuento, Harley Warren ya está desaparecido; de hecho, dada la afirmación del cuento de repetirse a sí mismo, esto implica que Harley Warren siempre ha estado desaparecido. Si La declaración de Randolph Carter se precede a sí mismo, nunca podría revisitar su inicio sin la ausencia de Harley Warren.

El apellido Warren sugiere directamente el sustantivo warren, un lugar de vivienda superpoblado, el cual deriva de la raíz Indoeuropea wer, «cubrir», de la cual también deriva warrant [«orden», entre otras asepciones] ¿Podemos decir entonces que Harley Warren es un depósito de textualidad abarrotado, que existe únicamente en su ausencia y, por lo tanto, que garantiza la existencia del cuento, sin mencionar el hecho de que parece haberse emitido una «orden» policial o judicial en algún momento para que Randolph Carter fuera interrogado? Podríamos, claro.

En cierto modo, Harley Warren parece representar [al mantenerse alejado de cualquier representación] las inclinaciones complejas del cuento. Después de todo, según la declaración de Randolph Carter, Warren ha aprendido a leer una amplia variedad de idiomas y, por lo tanto, es una figura adecuada para representar ciertas complejidades lingüísticas y textuales.

Pero, si es así, ¿por qué está ausente? Nunca podremos saberlo con certeza, y todo el cuento gira en torno a este punto. ¿Acaso es producto de la imaginación de Randolph Carter? Esto no parece tener demasiado asidero, ya que la declaración afirma que los interrogadores tienen a un testigo que sostiene haber visto a dos personas distintas entrando en el cementerio esa noche. Por otra parte, ¿por qué la policía interrogaría a Randolph Carter si no hubiera una persona desaparecida?

Supongamos que podemos apartarnos de la posibilidad de que Randoph Carter sea un mentiroso. Lo que no podemos evadir es la posibilidad de que sea un esquizofrénico que se vio a sí mismo descender a la cripta debajo de la losa.


Algunas posibilidades inconducentes.

¿Es posible entonces que Randolph Carter haya imaginado todo el asunto, incluso a sus interrogadores, y simplemente haya escrito su declaración como un elemento más de su delirio?

Si bien no hay refutación para esta posibilidad, analicemos la contraprueba, aquellos detalles que sugieren que Randolph Carter y Harley Warren son dos personas distintas.

No hay forma de saberlo realmente. El relato lucha por hacernos creer el testimonio de Randolph Carter, pero esa historia, con el descenso a la cripta y una voz ominosa que responde al otro lado del cable, no es precisamente una historia que la policía admitiría. Después de todo, sabemos que Randolph Carter fue liberado por no hallarse pruebas concluyentes en su contra. ¿Qué investigación se realizó? Si la policía fue al cementerio [como seguramente lo hizo, habida cuenta que un testigo afirmó haber visto entrar a dos hombres], habría encontrado los artefactos dejados por los investigadores, y como mínimo una sugerente abertura debajo de la losa. ¿O es que acaso sí fueron al cementerio pero no encontraron nada, asumiendo luego que Carter estaba loco?

En la medida en que identificamos los intereses de Randolph Carter con los del cuento, es decir, con su repetición perpetua, encontramos una paradoja acechando a cada paso.

Si la declaración es veraz, entonces Randolph Carter es inocente. No mató a Harley Warren. Pero Randolph Carter, como hemos argumentado, es el cuento, un cuento que sí mató a Harley Warren. Una interesante paradoja, sin dudas.

Por otro lado, si la declaración es falsa, entonces Randolph Carter, habiendo mentido abiertamente, es culpable. Puede que haya matado a Harley Warren o puede que lo haya imaginado todo [pensar que está cubriendo a un tercero sería absurdo, pero es otra posibilidad]. El problema aquí es que un cuento que se supone hipotéticamente no confiable no implica nada con certeza.

El cuento afirma que Harley Warren está muerto, pero quizás no lo esté, quizás nunca existió. Si Harley Warren, que es el significado en conflicto de la historia, su depósito de duda e indeterminación, está muerto, independientemente de quién lo mató [si es que alguien lo hizo], entonces los significados en conflicto también están muertos, de manera tal que podemos tirar todo lo anterior a la basura y declarar, sin espacio para la duda, la muerte interpretativa de La declaración de Randolph Carter.

Sin significaciones enfrentadas no hay pluralidad de interpretaciones. Solo nos queda la lectura superficial, que de hecho es interesantísima. En este sentido, tenemos a un sujeto llamado Randolph Carter que hace una declaración en la que proclama su inocencia, y es inocente después de todo, a pesar de que ningún policía tomaría su testimonio como fiable. Pero si Harley Warren NO está muerto, suponiendo que alguna vez haya existido, entonces los significados en conflicto aún viven.

No creo que Lovecraft haya querido jugar con paradojas aquí, pero lo cierto es que La declaración de Randolph Carter es una gran paradoja, de principio a fin, similar a la clásica: Esta afirmación es falsa. Es decir, si esta afirmación es falsa, también lo es la noción de que sea falsa, por lo tanto, es verdadera, y la afirmación es falsa... y así sucesivamente.

Aquí en El Espejo Gótico no estamos en posición de privilegiar una posibilidad sobre otras. No sé si Randolph Carter es inocente, un asesino o un loco. A simple vista, La declaración de Randolph Carter es un relato claro, crudamente anunciado por su título, pero al mismo tiempo enigmático en relación a lo que anuncia ese título: una alternancia entre sus polos, entre sus opciones; una historia sin cierre, reinscrita perpetuamente entre sus continuas oscilaciones. El cuento afirma que se reescribe a sí mismo, que se precede, que se sigue a sí mismo, y que repite su propia escritura. En eso, al menos, es veraz (ver: Lovecraft contra los finales de mierda)




H.P. Lovecraft. I Taller gótico.


Más literatura gótica:
El artículo: ¡Warren NO está muerto! [análisis lateral de «La declaración de Randolph Carter»] fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

Azero dijo...

Genial, simplemente genial.

Poky999 dijo...

Excelente análisis. Súper motivante.



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