«El Devorador de Almas»: Henry Kuttner; relato y análisis


«El Devorador de Almas»: Henry Kuttner; relato y análisis.




El Devorador de Almas (The Eater of Souls) es un relato de horror cósmico del escritor norteamericano Henry Kuttner (1915-1958), publicado originalmente en la edición de enero de 1937 de la revista Weird Tales, y luego reeditado en la antología de 1995: El libro de Iod (The Book of Iod).

El Devorador de Almas, posiblemente uno de los cuentos de Henry Kuttner menos conocidos, relata la historia del Sindara, gobernante de Bel Yarnak, quien se enfrenta al Devorador de Almas, una criatura capaz de atraer a sus presas hacia la muerte en el Golfo Gris de Yarnak, donde literalmente se alimenta de sus almas (ver: Los Mitos de Khut-N’hah)

SPOILERS.

Sindara pide ayuda al dios Vorvadoss, pero solo recibe un mensaje críptico antes de enfrentarse al Devorador de Almas. Después de un intervalo de eternidad sin tiempo, Sindara está gravemente herido mientras que su oponente está ileso. En este momento Sindara descifra el mensaje de Vorvadoss. Entiende que tiene que fusionarse con la criatura y sacrificarse arrojándose al vacío.

El Devorador de Almas de Henry Kuttner pertenece a los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft (ver: Henry Kuttner en los Mitos de Cthulhu). Es una breve ensoñación, casi un poema en prosa, más que un relato de terror propiamente dicho, con un estilo que recuerda al Ciclo Onírico del maestro de Providence y con algunas reminiscencias a Lord Dunsany.

Aun siendo un cuento muy breve, El Devorador de Almas de Henry Kuttner tiene algunos personajes muy extraños. Uno de ellos es el Sindara, el benevolente gobernante de Bel Yarnak, pueblo constituido por seres que no se parecen en nada a los humanos. El Sindara es el único que puede adorar a Vorvadoss, tal vez por eso el dios está dispuesto a sacrificarlo para vencer al Devorador de Almas recién cuando se nos informa que el gobernante tiene un hijo. El Devorador de Almas es más difícil de describir. Sabemos que es mitad demonio, mitad dios, y que acaso fue creado por los Antiguos. Tiene la habilidad de atraer a sus víctimas mediante una llamada hipnótica. Las almas que devora quedan atadas a él en una eterna servidumbre. Henry Kuttner no hace grandes esfuerzos para describirlo, pero sí menciona que tiene un cuerpo hirsuto, una cabeza deforme, ojos negros y extremidades como arañas.

No confundir a este Devorador de Almas de Henry Kuttner con aquella manifestación espantosa de Nyarlathotep, también llamada Devorador de Almas, la cual aparece como un hombre de estatura imponente, vestido como un faraón egipcio, y con un vacío negro en lugar de rostro.

No es mucho lo que se sabe sobre Vorvadoss, este dios que parece jugar al ajedrez con la vida del Sindara. No es un Antiguo ni un Primigenio. En algunas historias se lo menciona como el Flameante, el Alborotador de las Arenas o el Señor de los Espacios Universales. Vorvadoss aparece como una figura encapuchada, rodeada de llamas verdes, y tiene un rostro velado por una niebla plateada y ojos negros con pequeñas llamas bailando en su interior. En Bel Yarnak, donde se sitúa El Devorador de Almas de Henry Kuttner, Vorvadoss decretó una ley para que solo el Sindara, es decir, el máximo gobernante del planeta, pudiera adorarlo.

El Devorador de Almas de Henry Kuttner no es un gran relato, ciertamente; más bien constituye una pequeña joya para el coleccionista de mitos lovecraftianos.




El Devorador de Almas.
The Eater of Souls, Henry Kuttner (1915-1958)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Cuentan en Bel Yarnak, en un idioma que no es de la Tierra, que un ser maligno y terrible habitó una vez en ese increíble abismo llamado Golfo Gris de Yarnak. Ni en la tierra, ni en ningún planeta que gire alrededor de una estrella en los cielos que conocemos, está Bel Yarnak; pero más allá de Betelgeuse, más allá de las Estrellas Gigantes, en un mundo verde y alegre aún en su juventud lujuriosa, están las torres y los minaretes de plata de esta ciudad. Los habitantes de Bel Yarnak tampoco son antropoides ni en modo alguno semejantes a hombres; sin embargo, hay fuegos durante las largas y cálidas noches en hogares curiosos, y dondequiera que haya fogatas en este universo, se contarán historias sobre ellos, y habrá oyentes sin aliento para llevar alegría al corazón del narrador de cuentos.

El Sindara gobierna benignamente a Bel Yarnak; sin embargo, en los viejos tiempos, el miedo y la fatalidad yacían como un sudario sobre esta tierra, y en el Golfo Gris de Yarnak un horror inquietante habitaba repugnantemente.

Un extraño encantamiento enfrió los cielos y escondió las lunas triples detrás de un manto oscuro. Porque un ser había venido a saciar su hambre maligna. Los que habitaban en Bel Yarnak lo llamaban el Devorador de Almas.

De ninguna manera podía describirse, porque nadie lo había visto, salvo en circunstancias que excluían la posibilidad de regresar. Sin embargo, en el golfo se hundía, y cuando su hambre se agitaba enviaba una llamada silenciosa, de modo que en la taberna y el templo, junto al fuego y en la oscuridad de la noche, algunos se levantaban lentamente, con la mirada desapasionada de la muerte en sus facciones, y partían de Bel Yarnak hacia el Golfo Gris. Ninguno volvería.

Se decía que la cosa del golfo era mitad demonio y mitad dios, y que las almas de aquellos a quienes mataba le servían eternamente, cumpliendo extrañas misiones en los gélidos páramos entre las estrellas.

Este ser había venido del sol oscuro, dijeron los hidromantes, donde había sido concebido por una alianza impía entre esos Antiguos eternos que se filtran extrañamente entre los universos y un Negro Brillante de origen desconocido. Los nigromantes dijeron otras cosas, pero odiaban a los hidromantes, que eran poderosos entonces, y la lectura de runas estaba generalmente desacreditada. Sin embargo, Sindara escuchó a ambas escuelas de magos y reflexionó sobre su trono de calcedonia, y en ese momento decidió partir voluntariamente hacia el Gran Golfo de Yarnak, que tenía fama de no tener fondo.

Los nigromantes le dieron a Sindara curiosos implementos hechos con los huesos de los muertos, y los hidromantes le dieron tubos de cristal transparentes intrincadamente retorcidos, que serían útiles para luchar contra el Devorador de Almas.

A partir de entonces, los nigromantes y los hidromantes se sentaron en cuclillas en la puerta de la ciudad y aullaron lúgubremente mientras el Sindara cabalgaba hacia el oeste en su gorlak, ese reptil flotante de forma repugnante. Después de un tiempo, Sindara descartó tanto las armas de los hidromantes como las de los nigromantes, porque era un adorador de Vorvadoss, como lo había sido cada Sindara en su tiempo. Nadie podría adorar a Vorvadoss salvo el Sindara de Bel Yarnak, porque tal es el mandato del dios. Y luego Sindara desmontó de su gorlak y rezó fervientemente a Vorvadoss. Durante un tiempo no hubo respuesta.

Entonces las arenas se agitaron y un remolino y un baile de motas de niebla cegaron a Sindara. Desde la vorágine, el dios habló débilmente, y su voz era como el tintineo de innumerables copas de cristal diminutas.

—Te diriges hacia la perdición —dijo Vorvadoss siniestramente—. Pero tu hijo duerme en Bel Yarnak, y tendré un adorador cuando desaparezcas. Ve, pues, sin miedo, ya que dios no puede conquistar a dios, sino solo al hombre que lo creó.

Hablando así, crípticamente, Vorvadoss se retiró, y Sindara, después de reflexionar, continuó su viaje.

Con el tiempo llegó a ese increíble abismo del que los hombres dicen que nació la luna más cercana, y en su borde cayó boca abajo y yació enfermo y temblando, mirando hacia el vacío envuelto por la niebla. Porque un viento frío soplaba desde el golfo y parecía no tener fondo. Asomándose a lo lejos en la distancia, sólo pudo discernir el borde más lejano.

Trepando por las toscas piedras llegó aquel a quien Sindara se había propuesto encontrar; llegó rápidamente, haciendo uso de sus múltiples apéndices para levantarse. Era blanco y velludo y espantoso, pero su cabeza deforme llegaba solo a la cintura de Sindara, aunque en la circunferencia, sus extremidades como arañas representaban una impactante ilusión de inmensidad. A su paso vinieron las almas que había tomado como suyas; eran un susurro quejumbroso y se agitaba en el aire, bajando en picada, gimiendo y suspirando por el Nirvana perdido.

El Sindara desenvainó su espada y golpeó a su enemigo.

De esa batalla todavía se cantan sagas, ya que rugió a lo largo del borde durante un intervalo de eternidad sin tiempo. Al final, Sindara fue vencido, sangrando y agotado, y su oponente estaba intacto y riendo con repugnancia. Entonces el demonio se preparó para su comida.

En la mente de Sindara llegó un susurro, la débil llamada de Vorvadoss.

Él dijo:

—Hay muchas clases de carne en los universos y otros compuestos que no son carne. Así se alimenta el Devorador de Almas.

Y le contó a Sindara la manera increíble de esa alimentación, de la fusión de dos seres, de la absorción del menor y de la emergencia de un semidiós aumentado, mientras el alma sin jaula volaba gimiendo en la sombra de esos que sirvió al ser.

En la mente de Sindara llegó el conocimiento y con él una determinación sombría. Abrió los brazos y dio la bienvenida al espantoso abrazo, ya que Vorvadoss también había hablado de la forma en que podría levantarse la condenación.

La cosa saltó a su encuentro, y una intolerable agonía se hundió espantosamente en los huesos y la carne de Sindara; la ciudadela de su ser fue sacudida, y su alma se encogió gritando en su recámara. Allí, en el borde del Golfo Gris de Yarnak, tuvo lugar una fusión monstruosa, una metamorfosis y una mezcla que fue blasfema y horrible más allá de toda imaginación.

Así como una cosa desaparece en las arenas movedizas, el ser y Sindara se fundieron en el cuerpo del otro.

Sin embargo, incluso en esa agonía cegadora, Sindara sintió un dolor más agudo al ver a través de la llanura la belleza de esta tierra sobre la que había gobernado. Pensó que nunca había visto algo tan hermoso como esta tierra verde y alegre, y un dolor en su corazón, una sensación de pérdida y un vacío doloroso que nunca podría ser llenado.

Y apartó la mirada hacia los ojos negros y malvados del Devorador de Almas que estaban a unos centímetros de los suyos, y miró más allá del ser hacia donde el frío vacío yacía gris y horrible. Tenía lágrimas en los ojos y un dolor punzante en el corazón por los minaretes de plata y las torres de Bel Yarnak, que yacían desnudas y hermosos bajo la luz resplandeciente de las lunas triples, porque nunca volvería a ver ese lugar.

Volvió la cabeza de nuevo y, por última vez, quedó cegado por las lágrimas y con su pesado destino a cuestas.

Cuando dio un salto hacia adelante, escuchó un grito desesperado, y luego medio-dios y hombre giraron vertiginosamente hacia abajo, viendo el precipicio que se precipitaba a su lado. Pues Vorvadoss había dicho que así, y solo así, se podía levantar el hechizo.

Y la pared del acantilado se curvó hacia adentro a medida que descendía, de modo que al poco tiempo retrocedió en la tenue neblina gris, y el Sindara cayó en una niebla vacía y en una inquebrantable oscuridad.

Henry Kuttner (1915-1958)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de Henry Kuttner.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Henry Kuttner: El Devorador de Almas (The Eater of Souls), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que gran historia. Gracias por la traducción.

Se presenta esos seres con apariencia distinta a los humanos, no describiéndolos. Y a la vez tan parecidos, con sus conflictos internos, como entre las dos escuelas de magos. Y tan atentos a las historias.
Y el protagonista, es un heroico, con rasgos positivamente humanos. Capaz de sacrificarse, para vencer al demonio.

No está la idea del Horror Cósmico, los seres cuentan para ese dios, aunque sea para sacrificar a su líder.

Saludos.

luis dijo...

Joya y media sebastian, la verdad corto si y no es el mejor relato de kuttner,más bien parece un boceto,algo que daría para un relato más extenso, más desarrollado,el parecido con el ciclo onírico es indudable, faltaría el soñador, algún Caballero victoriano que no tenga necesidad de trabajar y que arrastre a dos amigos para verlos morir y terminar el mismo en un psiquiátrico,el horror cósmico es así,no tiene piedad con la alta sociedad, un saludo.



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