«Los oyentes»: Walter de la Mare; poema y análisis


«Los oyentes»: Walter de la Mare; poema y análisis.




Los oyentes (The Listeners) es un poema gótico del escritor inglés Walter de la Mare (1873-1956), publicado originalmente en la edición del 29 de abril de 1911 de la revista The Living Age, y luego reeditado en la antología de 1812: Los oyentes (The Listeners).

Los oyentes, uno de los grandes poemas de Walter de la Mare, es también una de las piezas góticas más elegantes del período.

Los oyentes refleja la fascinación de Walter de la Mare por el misterio y lo sobrenatural. El poema narra la historia de un Viajero que se acerca a una casa abandonada, aparentemente habitada por fantasmas, dejando sin respuestas buena parte de los interrogantes que surgen a partir de la naturaleza de estas entidades (ver: Casas como metáfora de la psique en el Horror)

Por un lado tenemos al Viajero, una figura misteriosa, anónima, que llama a la puerta de una casa en medio del bosque. Nadie responde, nadie sale a recibirlo; sin embargo, dentro de la casa hay un grupo de seres fantasmales. Estos «oyentes» se quedan inmóviles mientras escuchan la voz humana que viene del exterior. Afuera, el Viajero percibe esas extrañas presencias en el silencio. De repente, el Viajero vuelve a golpear la puerta, incluso más fuerte que antes. Luego grita, pidiendo a quien esté escuchando que transmita un mensaje: que nadie le respondió cuando llegó a la casa, pero que cumplió su promesa (ver: La Casa como entidad orgánica y consciente en el Gótico)

Los oyentes no hacen ningún movimiento. Las palabras del Viajero resuenan a través de la casa oscura y vacía, provenientes de la única persona viva en los alrededores. Eventualmente, los oyentes lo escuchan saltar sobre su caballo y alejarse por el camino. El silencio, momentáneamente perturbado, regresa con solemnidad cuando el sonido de los cascos se desvanece.

Los oyentes de Walter de la Mare es un poema inquietante, quizás porque su significado es ambiguo. Desafía la interpretación precisamente porque trata sobre lo desconocido. En cierto sentido, el poema sugiere que no siempre podemos encontrar las respuestas que buscamos, por mucho que llamemos a la puerta. El Viajero claramente llega a la casa buscando algo, aunque nunca se especifica exactamente qué. Hay algo de urgencia en su insistencia en llamar a la puerta. Podemos suponer que necesita transmitir un mensaje, pero no lo sabemos con certeza.

Además, Walter de la Mare menciona que el Viajero está perplejo, lleno de extrañeza. Esto ilustra su confusión sobre la situación en la que se encuentra, y refleja el aire de misterio que impregna el poema en general. Porque lo verdaderamente espeluznante de Los oyentes proviene del hecho de que el Viajero —y el lector— no saben qué hay detrás de la puerta.

La casa, situada en lo profundo de un bosque, de algún modo conecta nuestra realidad con lo desconocido. Su conexión, y la clara incapacidad del Viajero para comunicarse con los que están dentro, evidencia una separación entre los dos planos. En este contexto, la puerta es una especie de portal, cuyos misterios están más allá de nuestra comprensión (ver: Psicología del bosque encantado) El hecho de que el Viajero le declare a la casa, aparentemente vacía, que ha cumplido su palabra, sugiere que, a pesar de haber cumplido su parte de algún trato, no es recompensado por sus esfuerzos.

Finalmente el Viajero se retira. El poema concluye así, sin proporcionarle al lector ninguna explicación sobre quién es, o qué vino a buscar a una casa abandonada en medio de la noche. No hay conclusión, no hay catársis en Los oyentes. La puerta está cerrada para el Viajero, pero nos abre muchos interrogantes. Walter de la Mare crea magistralmente una distinción entre su sujeto humano aislado, el mundo natural que rodea la casa abandonada, y los espíritus que no responden al llamado del Viajero.

Tomada de manera alegórica, la pregunta que abre el poema: ¿Hay alguien allí?, podría leerse como un eco del llamado de la humanidad a un dios ausente. Después de todo, el Viajero es humano (¿lo es?), y sus esfuerzos contrastan con la quietud fantasmal de los oyentes. Puede anunciar su llegada llamando a la puerta y gritando; sin embargo, es consciente de otra presencia que no responde a estas señales. Al otro lado de la puerta hay un grupo de fantasmas —o espíritus— que escuchan al Viajero pero no pueden o eligen no responderle. La inmovilidad colectiva de los oyentes aumenta la soledad del Viajero. ¿O acaso estamos entendiendo todo al revés, y el Viajero es en realidad un espíritu que llama a la puerta en medio de la noche, y los ocupantes de la casa, atemorizados, contienen el aliento y no responden a su llamado sobrenatural?

Es una interpretación interesante, pero Walter de la Mare es claro al respecto. Los oyentes, sean quienes sean, no pueden o no quieren interactuar con el mundo de los vivos. Para ellos, el Viajero es simplemente una voz del mundo de los hombres, un representante del otro lado de la mortalidad. No obstante, sí hay una conexión a través de la puerta: el silencio. De algún modo, es un silencio intencional, no un silencio vacío, que anuncia al Viajero que efectivamente hay algún tipo de presencia en la casa; una presencia que se asemeja a un dios que nunca responde, pero que escucha (ver: Horror Cósmico: la vida no tiene sentido, la muerte tampoco). Esta última posibilidad me parece remota en un poema de Walter de la Mare, salvo que veamos en ese dios a un representante de las antiguas deidades paganas del bosque, ahora inmóviles y silenciosas, indiferentes ante los escasos devotos que llegan a golpear su puerta.




Los oyentes.
The Listeners, Walter de la Mare (1873-1956)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


—¿Hay alguien ahí? —preguntó el Viajero,
llamando a la puerta iluminada por la luna;
su caballo en el silencio pisaba la hierba
del suelo del bosque;
un pájaro voló desde la torreta
sobre la cabeza del Viajero:
Entonces golpeó la puerta de nuevo:
—¿Hay alguien ahí?
Pero nadie le abrió al Viajero;
ninguna cabeza se asomó por el alféizar
bordeado de hojas y miró sus ojos grises,
perplejo e inmóvil.
Pero una multitud de fantasmales oyentes
que habitaban en la casa solitaria
escuchaban en la quietud de la luz de la luna
esa voz del mundo de los hombres:
quietos bajo los tenues rayos de luna
en la escalera oscura,
que baja al salón vacío,
escuchando en el aire agitado,
sacudido por la llamada del Viajero.
Y sintió en su corazón su extrañeza,
su quietud respondiendo a su llamado,
mientras su caballo se movía, cortando los pastos
bajo el cielo estrellado;
porque de repente golpeó la puerta, aún más fuerte,
y levantó la cabeza:
—Diles que vine y nadie respondió, que cumplí mi palabra —dijo.
No hubo ni un movimiento entre los oyentes,
aunque cada palabra resonaba
a través de la penumbra de la casa,
cada palabra del único hombre vivo.
Ay, oyeron su pie en el estribo,
y el sonido del hierro sobre la piedra,
y cómo el silencio regresó suavemente,
cuando los cascos hundidos desaparecieron.


"Is there anybody there?" said the Traveller,
Knocking on the moonlit door;
And his horse in the silence champed the grass
Of the forest's ferny floor;
And a bird flew up out of the turret,
Above the Traveller's head:
And he smote upon the door again a second time;
"Is there anybody there?" he said.
But no one descended to the Traveller;
No head from the leaf-fringed sill
Leaned over and looked into his grey eyes,
Where he stood perplexed and still.
But only a host of phantom listeners
That dwelt in the lone house then
Stood listening in the quiet of the moonlight
To that voice from the world of men:
Stood thronging the faint moonbeams on the dark stair,
That goes down to the empty hall,
Hearkening in an air stirred and shaken
By the lonely Traveller's call.
And he felt in his heart their strangeness,
Their stillness answering his cry,
While his horse moved, cropping the dark turf,
'Neath the starred and leafy sky;
For he suddenly smote on the door, even
Louder, and lifted his head:—
"Tell them I came, and no one answered,
That I kept my word," he said.
Never the least stir made the listeners,
Though every word he spake
Fell echoing through the shadowiness of the still house
From the one man left awake:
Ay, they heard his foot upon the stirrup,
And the sound of iron on stone,
And how the silence surged softly backward,
When the plunging hoofs were gone.


Walter de la Mare
(1873-1956)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Poemas góticos. I Poemas de Walter de la Mare.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del poema de Walter de la Mare: Los oyentes (The Listeners), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

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