El hombre al pie de mi cama


El hombre al pie de mi cama.




Otro interesante caso recibido en el Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico relacionado con la Gente Sombra, pero también con algunos matices particulares, distintos de las habituales descripciones del Hombre del Sombrero (ver: El Hombre del Sombrero y la Amiga Imaginaria).


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Un saludo al equipo de El Espejo Gótico. Mi nombre es Nicolás, y esta es mi experiencia paranormal.

El hogar de mi infancia era una pequeña chacra. La mitad de nuestra propiedad era una arboleda de cedros, y la otra mitad se dividía entre cultivos, caballos, gallinas, conejos; en fín, lo típico en un ambiente rural. En muchos aspectos, era el hogar idílico; pero siempre hay un lado oscuro.

Todavía hay muchas cosas que no sé sobre la casa y sobre las personas que vivieron allí antes que nosotros, pero lo que sí sé es que eran fanáticos de algún tipo de culto. Había un sótano en la casa, de esos que antiguamente se usaban para refrigerar los alimentos y conservar vinos. Nosotros la utilizábamos para almacenar conservas, hasta que eventualmente la convertí en mi habitación.

Las cosas estuvieron bien durante unos años, hasta que mi padre murió en un accidente de tractor. Los eventos que rodearon su muerte son un misterio para mi familia hasta el día de hoy.

Como seguramente pueden imaginar, todos nos sentimos devastados por la muerte de mi padre. Personalmente, me volví un poco la oveja negra de la familia. Comenzó a interesarme el esoterismo, el ocultismo, y en general todo lo oculto.

Durante unos años mi madre nos llevó a vivir a la ciudad. Simplemente no estábamos en condiciones de vivir donde mi padre había muerto, pero hasta las heridas más dolorosas cicatrizan con el tiempo, de modo que eventualmente regresamos, y volví a instalarme en mi habitación en el sótano.

Todo lo que puedo decir es que estaba tratando de leer el primer libro de El Señor de los Anillos. Todos estaban obsesionados con eso después de que salieran las películas de Peter Jackson. Estaba a mitad de camino del libro una noche, cuando me dispuse a dormir. En algún momento de la madrugada me desperté y había un hombre parado a los pies de mi cama, mirándome (ver: Una sombra se sienta en el borde de mi cama)

Mi habitación estaba a oscuras, pero de todos modos podía ver al hombre perfectamente. No había luz brillando sobre él, más bien era como si estuviera iluminado por su propia fuente de luz (ver: ¡Algo sacude la cama!).

El hombre tenía la piel blanca, pálida, y una cara redonda con mejillas extrañamente abultadas. Era de estatura mediana, tirando a baja, y un poco corpulento. Tenía el pelo negro a los lados y detrás de la cabeza, calvo en la parte superior. Sus ojos eran completamente negros, y me estaba mirando directamente con un odio palpable (ver: Algo me tira de los pies en la cama).

De alguna manera sabía que no podía tocarme, pero que si pudiese me mataría sin vacilar. No tengo idea de quién era esta persona. Nunca conocí a nadie que se viera así, y si lo viera en la vida real lo reconocería al instante (ver: Figuras humanas que caminan por tu casa de noche).

Me senté en la cama e intenté gritar pero no pude emitir sonido. Cuando finalmente lo conseguí, el hombre al pie de la cama desapareció. Literalmente (ver: Cuando algo invisible te toca).

Poco después de que este evento tuviese lugar, mi casa fue infestada por moscas gigantes. Recuerdo que mi madre trató de explicarlo diciendo que seguramente se debía al hecho de que habíamos olvidado lavar los platos la noche anterior, pero las moscas también estaban en el sótano. ¡Y salían de las vigas! Eran casi del tamaño de tábanos (ver: Infección Astral: casas tomadas por los espíritus).

Mi madre y yo enrollamos unas revistas y empezamos a matar a las moscas (mi hermana estaba demasiado asqueada como para sumarse). Lo curioso es que, cinco minutos después de haber aplastado una, de algún modo se agitaba, se contraía, y comenzaba a volar de nuevo (ver: Las sombras del plano astral que habitan en tu casa).

Mi madre y yo estábamos tan horrorizados que nos recluimos en el cuarto de mi hermana. No estoy seguro de qué pasó con las moscas, aparte de que se fueron en unos días (ver: Señales de que hay un espíritu en tu casa).

Cuando finalmente le conté a mi hermana sobre el hombre al pie de mi cama, me contó una historia interesante.

A veces, mi hermana se quedaba a dormir en mi habitación en el sótano cuando nos quedábamos despiertos hasta tarde jugando videojuegos. Me dijo que una noche se despertó y vio a un hombre parado junto a mi cama. Dijo también que el hombre se sentó en la cama y se inclinó sobre mí, como si estuviera diciéndome algo al oído (ver: Cuando algo invisible te respira en la cara). Después de eso, desapareció.

Todo esto, sostuvo mi hermana, duró apenas una fracción de segundo; de manera tal que lo racionalizó, creyendo que era un sueño o una ilusión óptica, y volvió a dormir (en su habitación, y no la culpo por ello).

Cuando me contacté por correo con Sebastián para compartir esta experiencia en El Espejo Gótico, me pidió que, antes de publicarla, llamara a mi hermana para ver si recordaba este evento o no. Lo recordaba, y también otro suceso que yo había olvidado.

Cuando ella solía dormir en una habitación del piso de arriba (cuando mis abuelos nos visitaban y ocupaban los dormitorios principales) escuchaba algo, un ruido singular, como si alguien rascara en la ventana. Yo mismo lo escuché varias veces, y también mi madre. Nunca pudimos descubrir qué era exactamente. ¿Una rama? ¿Un pájaro? En fin, nunca pudimos resolverlo (ver: Sentir que hay un espíritu en casa).

El hombre al pie de mi cama me ha atormentado durante años. Nunca olvidaré su apariencia, o la expresión de su rostro. No sé qué era, pero su recuerdo me acompaña todas las noches (ver: «Estoy aquí»: algo susurra debajo de mi cama).

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