El libro de los hechizos ínfimos


El libro de los hechizos ínfimos.




Hay libros prohibidos que ansían la grandeza, que revelan ritos arcanos y complicados procedimientos alquímicos, por ejemplo, para fabricar la Piedra Filosofal, entrar en contacto con seres de otras dimensiones, o abrir portales interdimensionales para explorar algún ignoto universo paralelo donde la fortuna nos haya sido más benévola. Otros, en cambio, tienen aspiraciones más modestas.

Una de estas obras de recatadas ambiciones es El libro de los encantamientos mágicos; un libro que, de hecho, ni siquiera tiene nombre, que jamás fue publicado, y que aun hoy se encuentra en proceso de ser traducido.

El libro de los encantamientos mágicos es, en esencia, un manuscrito compuesto en la Inglaterra del siglo XVII, y que actualmente se encuentra entre las posesiones más preciadas a la Biblioteca de Newberry, de la ciudad de Chicago, Illinois.

El manuscrito original no tiene título ni está firmado por su autor. Simplemente se lo conoce como El libro de los encantamientos mágicos (Book of Magical Charms) debido a que ése es el nombre que le asignaron los bibliotecarios cuando el texto fue incorporado en 1988.

Si bien es cierto que El libro de los encantamientos mágicos revela algunas cuestiones ominosas, como la invocación de espíritus, la mayoría de sus páginas se dedican a asuntos mucho más humildes, como recuperar la voz, curar a una mascota, ganar a los dados, e incluso un hechizo para curar el dolor de muelas.

Lo extraño de este manuscrito es el contraste entre su contenido, básicamente hechizos ínfimos, y la destreza con la que el autor maneja el latín, e incluso el Inglés Antiguo, a lo largo de todo el libro, lo cual evidencia que se trataba de una persona con una formación privilegiada.

Aunque en ningún momento el autor deja registro de su nombre, algunos estudios caligráficos sostienen que la letra se corresponde con la de Robert Ashley, un abogado londinense sobre el que poco se sabe. Probablemente compuso el libro en el transcurso de toda su vida, habida cuenta de la evolución en su estilo de escritura y de los sutiles cambios en su caligrafía. Otros aseguran que fue escrito por dos personas, pero se abstienen de respaldar esa sospecha con datos fiables.

¿Por qué una persona tan ilustrada, como indudablemente lo era el autor del libro, se habría dedicado a registrar una vasta hechizoteca de encantamientos mínimos?

Podemos pensar que un dolor de muelas en el siglo XVII era un asunto muy serio, y que encontrar alivio para semejante dolencia era una cuestión mucho más práctica que el descubrimiento de la Piedra Filosofal.

Lo más interesante de El libro de los encantamientos mágicos es su longevidad, en contraste con la naturaleza efímera de los manuscritos. Este tipo de obras aspiran a lo inmediato, y siguieron vigentes luego de la llegada de la imprenta a medidados del siglo XV. Esa fecha no marcó el final del manuscrito. Los libros siguieron escribiéndose a mano, y distribuyéndose gratuitamente, en una época donde estar alfabetizado no equivalía a contar con los recursos económicos necesarios para comprar libros impresos.

El libro de los encantamientos mágicos es una muestra de ello: un manuscrito de hechizos ínfimos para resolver cuestiones cotidianas, incluso banales, que nunca pretendió alcanzar la eternidad, pero que continúa vigente cuatrocientos años después de ser escrito.

Aquí puede leerse el texto original, e incluso colaborar para traducir algunos pasajes: http://collections.carli.illinois.edu/cdm/ref/collection/nby_dig/id/2848.




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