La gran Paradoja Lovecraftiana que admiramos, y que sus seguidores deberían evitar


La gran Paradoja Lovecraftiana que admiramos, y que sus seguidores deberían evitar.




No es necesario aclarar que en El Espejo Gótico estimamos sinceramente a H.P. Lovecraft; en parte, debido a su extraordinaria obra, desde el Ciclo Onírico a los Mitos de Cthulhu, pero también a sus fracasos, o mejor dicho, a los insondables huecos en su producción literaria que, paradójicamente, ponen de relieve con mayor énfasis sus aciertos.

Los Monstruos de H.P. Lovecraft son, indudablemente, la mejor evidencia de su ingenio y originalidad. Sin embargo, es en la figura incierta de estas criaturas donde crece la gran paradoja lovecraftiana.

Podemos desarrollarla de la siguiente manera:

Cada vez que H.P. Lovecraft presenta a uno de sus monstruos —pensemos en: Cthulhu, Dagón, Yith, Hastur, Azathoth, Nyarlathotep, por ejemplo—, emplea dos recursos que se oponen mutuamente.

Por un lado, cuando una de las criaturas aparece en el relato, H.P. Lovecraft recurre a una abundancia de términos que, lejos de intentar describir al monstruo, tienen como objeto reafirmar que tal descripción es imposible.

Es así como H.P. Lovecraft insiste constantemente en palabras como inconcebible, inimaginable, imposible, indescriptible, etc. La herramienta no es elegante, pero logra su objetivo, que es impedir que el lector asimile al monstruo con una forma en particular. Cuanto más monstruosa es la criatura, más lejana está del lenguaje, y por lo tanto de la posibilidad de imaginarla.

Este es un factor importante para entender la obra y el estilo del autor, y sobre todo porqué tan pocos cuentos de H.P. Lovecraft fueron llevados al cine con éxito. Después de todo, si hay una materia exigua para el cine es justamente aquello que no puede representarse.

Pero H.P. Lovecraft no se detiene ahí, sino que, a continuación, opera en la dirección contraria.

La ausencia de términos cabales para describir al monstruo da lugar a largos párrafos de una adjetivación exagerada, donde el autor da cuenta de los aspectos más destacados y desagradables de la criatura, como rasgos tentaculares, bulbosos, multiformes, fungiformes, etc.

De manera tal que, inicialmente, H.P. Lovecraft nos presenta a una entidad tan horrorosa que no hay palabras para describirla, solo términos que aluden a la imposibilidad de tal descripción. Por otro lado, presenta una nutrida cantidad de información adjetivada respecto de ciertos rasgos que, a su vez, logra el verdadero efecto lovecraftiano: que sea condenadamente imposible imaginar a la criatura.

En esta paradoja, creo, reside el éxito de las historias de H.P. Lovecraft. El lector sencillamente no cuenta con las herramientas necesarias para adecuar a la criatura dentro del plano objetivo, es decir, adolesce de información concreta que le haga posible conjeturar sobre su forma física, lo cual la deja en una especie de limbo, de confuso pero decididamente atrayente plano de lo simbólico.

El problema de este doble recurso: la descripción de lo indescriptible de la criatura y la sobreadjetivación de sus rasgos singulares, en cuyo vértice florece la exquisita paradoja lovecraftiana, es que fatiga rápidamente al lector cuando el artífice no es el propio Lovecraft.




Más sobre H.P. Lovecraft. I Autores con historia.


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4 comentarios:

erick dijo...

Lovecraft es mi autor favorito.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Lo que este artículo considera contradicción es uno de los recursos más acertados recursos de Lovecraft.
Es terrorifíco el monstruo, ser, que no puede ser descrito con precisión. Un extremo son los Perros de Tíndalos, de lo único que se saben que no son perros. No se sabe de su apariencia, porque nadie que los ve sobrevive para contar como son.
Del más allá muestra a unos seres que usualmente son invisibles.
Muchas veces los seres primordiales no son descritos objetivamente, sino por algún espantado testigo. Incluso los personajes que cuentan las historias está afectados por la locura o al borde de la locura. Sus testimonios podrían no ser confiables.

¿Y que hay de El Círculo de Lovecraft? Son muy efectivos como escritores.

Sebastián Beringheli dijo...

El artículo se refiere a dos recursos que Lovecraft utiliza a menudo, sin emitir un juicio desfavorable al respecto. De hecho, eso queda claro en el título. Por otro lado, «Los perros de Tíndalos» pertenece a Frank Belknap Long, de manera tal que no hacemos referencia a él aquí, ni por tal caso a ningún otro autor del Círculo de Lovecarft. Pertenecer a un movimiento no garantiza la eficacia de nadie. Por cierto, hay excelentes autores en el círculo lovecraftiano, y otros de menor interés. A muchos de ellos se los puede encontrar en este espacio. Saludos.

Jes-kun dijo...

El otro día vi un meme justamente sobre esto.



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