Su voz: Oscar Wilde

Existe una posibilidad que pocos han considerado, incluso entre los grandes de la poesía romántica, para justificar la ruptura de dos personas que se aman. El hecho es curioso, ya que se trata de la posibilidad más alejada de la razón, y por ello mismo, más cercana a la realidad del amor.

Tal vez el amor, el verdadero amor, la intensa pasión de sentir que el otro es insustituible, no concluya como la consecuencia de las tribulaciones y pesares propias de cada uno. Quizás, el amor muere allí donde no encuentra espacio para seguir creciendo. Es decir, uno pierde la voluntad de amar cuando se llega al límite, a esa frontera sospechosa entre nosotros y el espacio que nos rodea.

Pensando mucho en las penas que deben estar atormentándote, mi vida; e instigado por la pluma lacerante de Oscar Wilde, he llegado a pensar que el problema no está en nosotros...

...sino en lo pequeño que es este mundo para dos que se aman.

Su Voz.
Her Voice, Oscar Wilde.

La intrépida abeja vaga de rama en rama,
Con su hirsuto abrigo y ligeras alas,
Ahora sobre el pétalo del lirio,
Ahora balanceándose en un jacinto,
En torno a él:
Estaba cerca el amor; y fue aquí, supongo,
Donde realicé mi voto.

Juré que dos almas deberían ser una,
Mientras las gaviotas amen el mar,
Mientras los girasoles amen el sol.
Será, dije, nuestra eternidad,
Tuya y mía.
Querida amiga, aquellos tiempos se han ido,
La red del Amor se ha cerrado.

Mira hacia arriba, donde los álamos
Danzan y danzan en el aire del estío,
Aquí en el valle, la brisa nunca
Agita los frutos, pero allí
Los grandes vientos soplan,
Y desde el susurro místico del mar
Arriban las olas que acarician la costa.

Mira hacia arriba, donde gritan las níveas gaviotas,
¿Qué pueden contemplar qué nosotros no vemos?
¿Acaso una estrella? ¿O quizás la lámpara que ruge
En algún lejano y perdido buque?
¡Ah, puede ser!
¡Hemos vivido en una tierra de sueños!
Y que triste parece.

Mi Vida, no queda nada por decir,
Salvo esto: el amor nunca se pierde,
El filo del invierno desgarra el pecho de mayo,
Y sus rosas carmesí brotan quebrando el hielo.
Los navíos de la tempestad
En alguna bahía encontrarán su muelle,
Así como nosotros deberíamos hacerlo.

Y no queda nada por hacer
Salvo besarnos una vez más, y partir.
No, no hay nada que debamos lamentar,
Yo tengo mi belleza, y tu el arte.
No, que nunca comience,
Un mundo no es suficiente
Para dos como tú y yo.

Oscar Wilde.

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Más Literatura:
El poema de Oscar Wilde: Her Voice, fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la utilización de nuestra versión escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena introducción, y el final del poema es hermoso y emocionante.
Felicidades por exponer literatura tan bella y sentimental.