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«Noche blanca»: Sidoine Colette; relato y análisis


«Noche blanca»: Sidoine Colette; relato y análisis.




Noche blanca (Nuit blanche) es un relato feminista de la escritora francesa Sidoine Colette (1873-1954), publicado en la antología de 1908: Los zarcillos de la viña (Les vrilles de la vigne).

Noche blanca, uno de los cuentos de Sidoine Colette más interesantes, está dedicado a su amante, Mathilde de Morny, también conocida como Missy. La narradora siente la presencia de Missy en su cama a través de su aroma, un halo de perfume que lo envuelve todo. Sin embargo, hay otro aroma que sobrevuela el lecho, el suyo, y un tercero, que expresa la unión entre ambas mujeres.




Noche blanca.
Nuit blanche, Sidoine Colette (1873-1954)

No hay en nuestra casa más que un lecho, demasiado ancho para ti, un poco estrecho para nosotros dos. Es casto, blanco del todo, desnudo del todo; ningún cubrecama oculta, en pleno día, su honesto candor. Los que vienen a vernos lo miran tranquilamente, y no vuelven los ojos con un aire cómplice, porque está marcado, en medio, por un solo valle, como el lecho de una muchacha que duerme sola. No saben, los que entran aquí, que cada noche el peso de nuestros cuerpos juntos ahonda un poco más, bajo su mortaja voluptuosa, ese valle no más amplio que una tumba.

¡Oh, nuestro lecho desnudo! Una lámpara deslumbrante, inclinada sobre él, lo desviste más todavía. No buscamos, en el crepúsculo, la sombra sabia, de un gris de araña, que filtra un dosel de encaje; ni la luz rosa de una lamparilla color de conchas marinas... Astro sin alba y sin ocaso, nuestro lecho no cesa de irradiar más que para hundirse en una noche profunda y aterciopelada.

Un halo de perfume lo aureola; embalsama, rígido y blanco como el cuerpo de una bienaventurada difunta. Es un perfume complicado que sorprende, que se respira con atención, con la preocupación de distinguir el alma rubia de tu tabaco preferido, el aroma más rubio de tu piel tan clara, y ese sándalo quemado que se exhala de mí; pero este agreste olor de hierbas aplastadas, ¿quién puede decir si es mío o tuyo?!

¡Acógenos esta noche, oh nuestro lecho, y que tu fresco valle se ahonde un poco más bajo la somnolencia febril con que nos ha embriagado una jornada de primavera, en los jardines y en los bosques. Yazgo sin movimiento, la cabeza sobre tu dulce hombro. Voy a descender, seguramente hasta mañana, al fondo de un negro sueño, un sueño tan obstinado, tan cerrado, que las alas de los sueños vendrán en vano a golpearlo. Voy a dormir... Espera tan sólo que busque, para la planta de mis pies que hormiguea y arde, un sitio fresco del todo.

Tú no te has movido. Respiras con largas aspiraciones, pero siento tu hombro todavía despierto, atento a ahuecarse bajo mi mejilla... Durmamos... Las noches de mayo son tan cortas... A pesar de la oscuridad azul que nos baña, mis párpados están todavía llenos de sol, de llamas rosas, de sombras que se mueven, balanceadas, y contemplo mi jornada con los ojos cerrados, como se inclina una detrás del abrigo de una persiana, sobre un jardín de verano deslumbrante.

¡Cómo palpita mi corazón! Oigo también el tuyo bajo mi oreja. ¿No duermes tú? ¿No duermes? Levanto un poco la cabeza, adivino la palidez de tu rostro caído hacia atrás, la sombra salvaje de tus cortos cabellos. Tus rodillas son frescas como dos naranjas... Vuélvete hacia mi lado, para que las mías les roben ese liso frescor. ¡Ah! ¡Durmamos...! Mil hormigas corren mil veces, con mi sangre, bajo mi piel. Los músculos de mis tobillos palpitan, mis orejas tiemblan, y nuestro dulce lecho, ¿está sembrado de agujas de pino, esta noche? ¡Durmamos! ¡Lo quiero!

No puedo dormir. Mi insomnio feliz palpita, alegre, y adivino, con tu inmovilidad, el mismo abatimiento tembloroso... Tú no te mueves. Tú esperas que yo me duerma. Tu brazo se aprieta, a veces, en torno de mí por tierna costumbre, y tus pies encantadores se entrelazan con los míos... El sueño se acerca, me roza y huye... ¡Lo veo! Es semejante a esa mariposa de pesado terciopelo que yo perseguía en el jardín inflamado de iris... ¿Recuerdas? ¡Qué luz, qué impaciente juventud exaltaba toda aquella jornada...!

Una brisa ácida y apresurada lanzaba sobre el sol una humareda de nubes rápidas, ajaba al paso las hojas demasiado tiernas de los tilos, y las flores del nogal caían convertidas en orugas enrojecidas sobre nuestros cabellos, con las flores de las paulonias, de un morado lluvioso de cielo parisiense... Los brotes de las grosellas que tú magullabas, la acedera salvaje en forma de rosa en medio del césped, la menta tierna del todo, todavía morena, la salvia vellosa como una oreja de liebre, todo desbordaba un jugo fuerte y pimentado, del que mezclaba en mis labios el gusto de alcohol y de licor de limón.

Yo no sabía más que reír y gritar, pisoteando la larga hierba jugosa que manchaba mi vestido... Tu alegría tranquila velaba sobre mi locura, y cuando he tendido la mano para alcanzar aquellas gavanzas, ¿sabes? de un rosa tan conmovedor, la tuya ha roto la rama antes que yo, y has quitado, una por una, las espinitas curvadas, color de coral con forma de garras... Me has dado las flores desarmadas...

Me has dado flores desarmadas. Me has dado, para que descanse jadeante, el mejor sitio a la sombra, bajo el árbol de lilas de Persia con racimos maduros. Has recogido para mí las anchas azulinas de las canastillas, flores encantadas cuyo corazón velloso emana olor a albérchigo... Me has dado la nata del botecito de leche, en la hora de la merienda; cuando mi hambre feroz te hacía sonreír... Me has dado el más dorado pan, y veo todavía tu mano transparente al sol, alzada para arrojar la avispa que se ahogaba, cogida en los rizos de mis cabellos... Has colocado sobre mis espaldas una ligera capa cuando una nube más larga ha pasado lentamente, hacia el fin del día, y he temblado toda sudorosa, ebria del todo, de un placer sin nombre entre los hombres, el placer ingenuo de los animales, felices en la primavera... Me has dicho: «Vuelve... Párate... ¡Regresemos!» Me has dicho...

¡Ah! Si pienso en ti se acabó mi descanso. ¿Qué hora acaba de sonar? He aquí que las ventanas azulean. Oigo palpitar mi sangre, o tal vez es el murmullo de los jardines, allá lejos... ¿Duermes? No. Si acercara mi mejilla a la tuya sentiría temblar tus cejas como el ala de una mosca cautiva... Tú no duermes. Espías mi fiebre. Me guareces contra los malos sueños; piensas en mí como pienso en ti, y fingimos, por un extraño pudor sentimental, un apacible sueño. Mi cuerpo entero se abandona distendido, y mi nuca pesa sobre tu dulce espalda pero nuestros pensamientos se aman, discretamente, a través de esta alba azul, tan presta a crecer.

Pronto la barra luminosa, entre las cortinas, va a avivarse, a tornarse rosa... Unos cuantos minutos más, y podré leer en tu hermosa frente, en tu mentón delicado, en tu boca triste y tus párpados cerrados, la voluntad de aparecer dormido... Es la hora en que mi cansancio, mi insomnio enervador no podrán ya callarse, en que sacaré los brazos fuera de este lecho febril y mis talones malvados preparan ya su andar astuto...

Entonces, fingirás que te despiertas. Entonces podré refugiarme en ti, con confusas quejas injustas, con suspiros exagerados, con crispaciones que maldecirán el día llegado ya, la noche tan tarde en terminar, el ruido de la calle... Porque sé que entonces apretarás tu abrazo, y que, si el acunamiento de tus brazos no es suficiente para calmarme, tu beso se hará más tenaz, tus manos más amorosas, y que me concederás la voluptuosidad como un socorro, como el exorcismo soberano que expulsa de mí a los demonios de la fiebre, de la ira, de la inquietud... Me darás la voluptuosidad, inclinado sobre mí, los ojos llenos de una ansiedad maternal, tú que buscas, a través de tu amiga apasionada, el hijo que no has tenido...

Sidoine Colette (1873-1954)




Relatos góticos. I Relatos de Sidoine Colette.

Más literatura gótica:
El análisis y resumen del cuento de Sidoine Colette: Noche blanca (Nuit blanche), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

«Canción de la bailarina»: Colette; relato y análisis


«Canción de la bailarina»: Colette; relato y análisis.




Canción de la bailarina (Chanson de la danseuse) es un relato de la escritora francesa ColetteSidonie Colette (1873-1954)—, publicado en la antología de 1908: Los zarcillos de la viña (Les vrilles de la vigne).

Canción de bailarina, sin dudas uno de los grandes cuentos de Colette, es un ejemplo notable de eficacia narrativa. En unos pocos párrafos, Colette logra desarrollar una historia verdaderamente atrapante, sin caer en ningún momento en los artificios impresionistas de su época.




Canción de la bailarina.
Chanson de la danseuse, Sidonie Colette (1873-1954)

¡Oh tú, que danzarina me llamas, sabe hoy que no aprendí a danzar! Me encontraste juguetona y pequeña, danzando en el sendero y persiguiendo a mi sombra azul. Giraba como una abeja, y mis pies y mis cabellos, color de camino, se empolvaban con el polen de un polvo rubio.

Me viste venir de la fuente, meciendo el ánfora en mi cadera, mientras, al compás de mis pasos, sobre mi túnica saltaba el agua en redondas lágrimas, en serpientes de plata, en menudos cohetes rizados que ascendían, helados, hasta mi mejilla. Yo caminaba lenta, seria, mas llamaste danza a mis pasos. No mirabas mi rostro, seguías el movimiento de mis rodillas, el balanceo de mi talle, en la arena leías la forma de mis talones desnudos, la huella de mis dedos abiertos, que comparabas con la de cinco perlas desiguales.

Me dijiste: Toma esas flores, persigue esa mariposa...

Llamabas danza a mi carrera, y cada reverencia de mi cuerpo inclinado sobre los claveles purpúreos, y el ademán, repetido en cada flor, de echar atrás, por encima de mi hombro, un chal resbaladizo.

En tu casa, sola entre tú y la alta llama de una lámpara, me dijiste: ¡Danza!, y no dancé...

Pero desnuda en tus brazos, sujeta a tu lecho por la cinta de fuego del placer, me llamaste, sin embargo, danzarina, al ver agitarse bajo mi piel, desde mi pecho ofrecido a mis pies crispados, la inevitable voluptuosidad.

Fatigada, anudé mis cabellos, y los contemplabas, dóciles, arrollados a mi frente como serpientes hechizadas por la flauta.

Abandoné tu casa mientras murmurabas: La más hermosa de tus danzas no es cuando acudes corriendo, jadeante, poseída de un deseo irritado y atormentado ya, por el camino, el broche de tu vestido. Es cuando de mí te alejas, serena y con las rodillas temblorosas, y al alejarte me miras, tu barbilla en el hombro. Tu cuerpo me recuerda, oscila y titubea, me echan de menos tus caderas y tus senos me están agradecidos...Me miras, vuelta la cabeza, mientras tus pies adivinadores tantean y escogen su camino...

Te vas, siempre pequeña y maquillada por el sol poniente, hasta no ser, en lo alto de la colina, más esbelta en tu túnica anaranjada que una llama vertical, que danza imperceptiblemente...

Si tú no me abandonas, iré danzando hasta mi blanca tumba.

Saludaré a la luz, que me hizo hermosa y me vio amada con una danza involuntaria, cada día más lenta.

Una última danza trágica me enfrentará con la muerte, mas sólo lucharé para sucumbir con elegancia.

Que los dioses me concedan una caída armoniosa, juntos los brazos en mi frente, doblada una pierna y extendida la otra, como presta a franquear, de un salto ingrávido, el negro umbral del reino de las sombras...

Me llamas danzarina, y, sin embargo, no sé bailar...

Colette (1873-1954)




Relatos góticos. I Relatos de Colette.


Más literatura gótica:
El análisis y resumen del cuento de Colette: Canción de la bailarina (Chanson de la danseuse), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

Colette: novelas y relatos


Colette: novelas y relatos.




ColetteSidonie Gabrielle Colette (1873-1954)— fue una notable escritora francesa, autora de algunas de las novelas y relatos más interesantes de aquel período.

En esta sección iremos repasando los mejores relatos y novelas de Colette.




Colette: obras completas:
  • Canción de la bailarina (Chanson de la danseuse)
  • Noche blanca (Nuit blanche)
  • Bella Vista (Bella Vista)
  • Claudina (Claudine)
  • Crónicas y reportajes (Chroniques et reportages)
  • Cuarto de hotel (Chambre d'hôtel)
  • Cuentos de las mil y una mañanas (Contes des mille et une matins)
  • Diálogo de animales (Dialogues de bêtes)
  • Diario a contrapelo (Journal à rebours)
  • Dúo (Duo)
  • El faro azul (Le Fanal bleu)
  • El final de Querido (La Fin de Chéri)
  • El niño y los sortilegios (L'Enfant et les Sortilèges)
  • El obstáculo (L'Entrave)
  • El lucero vespertino (L'Étoile Vesper)
  • El nacimiento del día (La Naissance du jour)
  • El quepis (Le Képi)
  • El retiro sentimental (La Retraite sentimentale)
  • El reverso del music-hall (L'Envers du music-hall)
  • El trigo verde (Le Blé en herbe)
  • En la muchedumbre (Dans la foule)
  • Esplendor de mariposas (Splendeur des papillons)
  • Gigi (Gigi)
  • Historias para Bel-Gazou (Histoires pour Bel-Gazou)
  • Julie de Carneilhan (Julie de Carneilhan)
  • La cámara oscura (La Chambre éclairée)
  • La casa de Claudina (La Maison de Claudine)
  • La gata (La Chatte)
  • La ingenua libertina (L'Ingénue libertine)
  • La jungla negra (La Jumelle noire)
  • La mujer oculta (La Femme cachée)
  • La paz en la casa de los animales (La Paix chez les bêtes)
  • Las horas largas (Les Heures longues)
  • La vagabunda (La Vagabonde)
  • Lo puro y lo impuro (Le Pur et l'Impur)
  • Los zarcillos de la viña (Les Vrilles de la vigne)
  • (Me)
  • Mis aprendizajes (Mes Apprentissages)
  • Mitsú o Cómo el carácter viene a las muchachas (Mitsou ou Comment l'esprit vient aux filles)
  • París desde mi ventana (Paris de ma fenêtre)
  • Querido (Chéri)
  • Sido (Sido)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artículo: Colette: novelas y relatos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com



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