El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales»


El Círculo de Lovecraft y la aristocracia de «Weird Tales».




A medida que los escritores de Weird Tales que formaron parte del Círculo de Lovecraft, debido a las colaboraciones cruzadas con los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft, entablaron una correspondencia frondosa entre sí, no solo forjaron amistades entrañables, sino también un grupo cohesionado que se separó conscientemente de la intelectualidad literaria establecida de su época.

La sensación de ser forasteros, de haber sido excluidos de los círculos literarios tradicionalmente legítimos, forma parte de la producción creativa de este grupo. En sus cartas y relatos publicados en Weird Tales, estos autores desconocidos para el gran público de la época desarrollaron su propia tradición literaria, sus propios mitos, en oposición a las tendencias que prevalecían en la ficción de ese momento.

El Círculo de Lovecraft, y algunos otros satélites de órbitas más inciertas pero afines, son la aristocracia de Weird Tales, un grupo que adoptó el estatus de forasteros de las letras y que ni siquiera intentó adaptarse al formato en el que publicaban habitualmente. Para ellos, el cuento extraño representaba algo más que una fuga de la sociedad de la que se sentían marginados (ver: Cosmicismo: la filosofía del Horror Cósmico)

Weird Tales tenía un lugar único en el campo del relato de terror. No obstante este valor incalculable, no era una sociedad de caridad. Era un negocio, y la revista se vio obligada a encontrar un equilibrio, no siempre feliz, entre las ventas y el apoyo a la literatura de calidad. Esta circunstancia, y el género que formaba parte de su escencia, contribuyeron a la creación de una estética separada, cuya matriz podría definirse en la necesidad de privilegiar el asombro por encima de cualquier otro efecto.

Hasta aquí, este grupo de autores parece un séquito de marginados, sin embargo, eran conscientes de la tradición gótica que los sostenía: Mary Shelley y, en particular, Edgar Allan Poe, demostraban que su propia existencia era el último eslabón de una cadena de continuidad asociada a la grandeza literaria. En este sentido, podemos pensar en ellos como una aristocrácia decrépita, despreciada, pero orgullosa de su estirpe.

Los valores de este grupo quedaron establecidos en sus propias obras. Escribían para sus lectores, desde luego, pero también para el resto de sus miembros, lo cual terminó forjando una estética única. El Círculo de Lovecraft contrastó sus historias con las de los principales autores literarios de la época, a quienes calificaron de mundanos, poco imaginativos e incapaces de apreciar la emoción sublime que los cuentos extraños produce en el lector apropiadamente sensible. En cierto modo, esta estética colectiva que privilegiaba el asombro le dio a Weird Tales su alma.

El Círculo de Lovecraft no era una sociedad organizada, ni mucho menos, pero tenía sus jerarquías, comenzando por el maestro de Providence, H.P. Lovecraft, el Big-Bang de este multiverso literario, rodeado por autores como Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, Henry Kuttner, Robert Bloch, Frank Belknap Long, entre otros (ver: El Multiverso de los Mitos de Cthulhu). El grupo privilegiaba la capacidad imaginativa, y nadie formaba parte de él empleando contactos vinculados al poder y la riqueza, ventajas de las que muchos de estos escritores estaban exluidos, a menudo injustamente.

Si Lovecraft es el sumo sacerdote de la aristocracia de Weird Tales, Edgar Allan Poe es el gran dios pagano, el mito, la leyenda, cuyos relatos eran vistos como el estándar más elevado por el cual todos los demás deberían ser juzgados.

Weird Tales era la cara visible, la plataforma en la cual se expresaba la obra acabada de su aristocracia, pero también existía una trastienda. Lovecraft no solo mantenía una exuberante correspondencia con quienes consideraba sus pares, sino que además hacía un esfuerzo monumental para alentar a otros escritores y presentarlos entre sí, logrando de este modo alianzas y colaboraciones que no se habrían producido sin su intervención.

En aquellas cartas podemos leer testimonios de autores que viajan de una ciudad a otra para encontrarse con sus pares con el mismo lenguaje sin aliento de los exploradores que visitan tierras exóticas. Sus hábitos, aventuras y excentricidades se describían con adoración. Muchas de estas anécdotas incluso eran enviadas para ser publicadas en la sección de Weird Tales dedicadas a las cartas de lectores.

Si bien es cierto que Weird Tales se vendía muy bien en general, el gran eje comercial de la revista era Seabury Quinn y los relatos de la saga de Jules de Grandin. Las ventas simplemente explotaban cuando se incluía un nuevo cuento de esta serie. Por mucho, eran las historias más populares entre los lectores, pero no tanto entre los autores de la revista. Los elogios que Lovecraft recibía de sus contemporáneos, sin mencionar su influencia como líder del Círculo, lo colocan como la cima indiscutible de la aristocracia de Weird Tales.

El lenguaje y el estilo que utilizan los miembros del Círculo de Lovecraft en sus cartas refleja un poderoso sentido de pertenencia. Comparten historias, se solicitan correcciones mutuas, colaboraciones, se prestan ideas, incluso se asesinan mutuamente —en la ficción, desde luego— utilizando seudónimos apenas disimulados, pero también se hacen partícipes de la vida cotidiana de los demás. No es un mundo idílico, ni mucho menos; hay tensiones y celos y críticas despiadadas, que se aceptan como caballeros o se refutan con vehemencia. La aristocracia de Weird Tales estaba de acuerdo en la esencia del relato extraño, pero a veces difería en relación a sus formas. Este aspecto es muy interesante, porque a menudo los puntos de vista estéticos opuestos se defendían y criticaban en sus historias. Naturalmente, el lector promedio de Weird Tales no advertía esos debates subrepticios, pero los miembros del Círculo de Lovecraft sí, y disfrutaban mucho de esos contrapuntos.

No podemos decir que escribían únicamente para ellos, excluyendo al lector de la revista. Esa sería una afirmación tan audaz como inexacta, pero seguramente no es lo mismo escribir y publicar un relato sabiendo que será impiadosamente desmenuzado por un grupo de personas a quienes admiras intelectualmente, y por las que además sientes afecto, que hacerlo para un lector sin nombre ni rostro.

El Círculo de Lovecraft fue un puesto de avanzada de lo imaginativo en oposición a lo mundano en la ficción; y este conficto puede resumirse en el interés por la comprensión cósmica, por el lugar del ser humano en un universo indiferente, y en la capacidad de imaginar un mundo más allá del aceptado, donde los personajes puedan tener breves destellos de la realidad, naturalmente, demasiado horrorosa como para observarla de frente durante mucho tiempo (ver: Horror Cósmico: el universo conspira para destruirnos). En los relatos de la aristocracia de Weird Tales hay mundos de asombro y horror cósmico; y en esa cosmología, la sociedad en general es retratada fundamentalmente como ciega, estúpida y corrupta, gente banal que se esconde en la racionalidad, indiferente a la realidad extraña que unos pocos pueden percibir. Esto refleja, en mayor o menor medida, lo que el Círculo de Lovecraft opinaba de su época.

Así como sus creadores se veían a sí mismos como exiliados sociales, sus personajes con frecuencia recorren caminos que trascienden los parámetros socialmente aceptados. Mientras la aristocracia de Weird Tales se sentía excluida de la estética dominante que marginaba su arte, sus personajes viven en un mundo desequilibrado, amenazados por fuerzas cósmicas más allá de su capacidad de controlar o incluso comprender plenamente. Están solos frente a las fuerzas de la negligencia ciega de sus contemporáneos y el peligro cósmico de lo desconocido (ver: La filosofía lovecraftiana detrás de los Mitos de Cthulhu).

Así, los miembros del Círculo de Lovecraft se ven a sí mismos como los únicos poseedores de un conocimiento genuino sobre la sociedad, paradójicamente, marginados de ella e incapaces de integrarse con una cultura que no los comprende.

Si acaso hay una biblia del Círculo de Lovecraft, esta es el ensayo del maestro de Providence: El horror sobrenatural en la literatura. Allí no solo expone su percepción de la relación de la ficción extraña con la literatura en general, sino que además argumenta a favor de la superioridad de su género y, por lo tanto, de los autores que lo componen (ver: Horror Cósmico: qué es, cómo funciona, y por qué el tamaño sí importa)

En apariencia, es un ensayo que expone algunas preferencias y antipatías, pero en esencia crea una dicotomía entre la imaginación del relato extraño y la banalidad de cualquier otro género literario. Es una postura radical, desde luego. Lovecraft creía que la forma más eficiente de transmitir horror era a través de lo extraño, siendo el horror una parte de la experiencia humana tan importante como cualquier otra emoción capturada por los escritores serios.

Para Lovecraft, como sumo sacerdote de la aristocracia de Weird Tales, aquellos escritores que se dedican a lo mundano sencillamente carecen de imaginación:


Relativamente pocos están lo suficientemente libres del hechizo de la rutina diaria como para responder a los golpes del exterior. Las distorsiones de tales sentimientos, afines a los eventos ordinarios y hechos comunes, siempre ocuparán el primer lugar en el gusto de la mayoría.


En la elección de palabras de Lovecraft —libres del hechizo— notamos su preferencia por lo sobrenatural sobre lo mundano. En definitiva, lo que sostiene el maestro de Providence es que las personas que carecen de imaginación, como aquellos autores a los que detestaba, son incapaces de percibir la verdadera belleza. Por otro lado, aquellos que escriben y disfrutan de lo extraño no están limitados por lo «común» y lo «ordinario». Es decir que Lovecraft atribuye específicamente la incapacidad de apreciar la ficción extraña a la falta de sensibilidad e insiste en que la capacidad de disfrutar del horror existe solo entre una élite, de la cual la aristocracia de Weird Tales era su forma de expresión más acabada en su tiempo:


Pero los sensibles siempre están con nosotros; de modo que ninguna racionalización, reforma o análisis freudiano pueda anular por completo la emoción del susurro en la chimenea o el bosque solitario.


No es caprichoso que Lovecraft coloque al racionalismo y la modernidad como oponentes del Horror, y tampoco que utilice la palabra «reforma» en ese contexto. Para el maestro de Providence, el Horror es capaz de representar la experiencia humana tan legítimamente como cualquier otro género; y al afirmarlo hace algo que ningún contemporáneo se hubiese atrevido: compara favorablemente la literatura extraña con la ficción convencional en términos de artesanía y representación en lugar de simplemente contenido (ver: Cómo funciona el Horror, y por qué pocos autores saben utilizarlo)

Lovecraft, y en consecuencia también toda la aristocracia de Weird Tales, establece un sistema para evaluar la calidad dentro del género, comparando historias extrañas solo con otras historias extrañas cuando describe las cualidades que distinguen una pieza particularmente exitosa. Pero en aquellos años, lo extraño era percibido desde afuera como una masa informe de elementos trillados. Por eso, Lovecraft se esfuerza por separar su forma literaria favorita de la que fácilmente podría descartarse como basura: La verdadera historia extraña tiene algo más que un asesinato, huesos ensangrentados o una forma cubierta de sábanas haciendo ruido de cadenas según la regla.

Lovecraft, que creía haber nacido en el siglo equivocado, encajaba perfectamente como el sumo sacerdote, el profeta, de la aristocracia de Weird Tales. Lo que para sus personajes es una fuente de espanto, locura y muerte, para Lovecraft era una fuente de esperanza.

Cada miembro del Círculo de Lovecraft expresó en sus propios términos las mismas ideas de alienación, del triunfo de la imaginación y de la maldad fundamental del universo que, cuando es detectada por aquellos lo suficientemente sensibles, trae tanto comprensión como locura. No es caprichoso que en estos relatos sus protagonistas sufran como consecuencia de su imaginación, aunque la destrucción final a manos de fuerzas universales —muchas de ellas, tentaculares— parece ser el destino inevitable de toda la humanidad, independientemente de las pequeñas victorias que los héroes puedan lograr (ver: Horror Cósmico: la vida no tiene sentido, la muerte tampoco)

Marginados del mercado editorial, completamente alejados de los círculos literarios tradicionales, estos escritores forjaron, entre ellos y con sus lectores, una aristocracia cuya jerarquía no se basaba en el prestigio de la literatura seria, sino en la creatividad, la imaginación y el deseo de producir historias únicas. Creo que eso los define con justicia, y también a nosotros como sus fieles lectores.




H.P. Lovecraft. I Universo pulp.


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1 comentarios:

Unknown dijo...

Soy una cucaracha en esta existencia ; pero soy superior a quienes me rodean , los comprendo y en el fondo los compadezco. Breve enlace entre un pensamiento del subterráneo y la estética de la aristocracia de weird tales



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