Vardøgr: el «déjà vu» al revés


Vardøgr: el «déjà vu» al revés.




Todos hemos experimentado un déjà vu alguna vez. La sensación es menos espectacular de lo que sugiere el cine, donde en general aparece como un instante significativo, incluso trascendental, cuando en realidad suele ocurrir en momentos más bien insípidos.

—Siento que ya estuve aquí —podría decir alguien—, exactamente aquí, en este mismo vagón de subterráneo, rodeado por la misma gente, aturdido por el mismo saxofonista inescrupuloso.

Entonces uno espera que déjà vu devenga en algo más, algo revelador; pero normalmente la cosa se queda en una simultaneidad desabrida. Quizás uno ya vivió esas mismas circunstancias, quizás no. La verdad es que no importa demasiado.

Hay otros fenómenos cognitivos más interesantes.

Los noruegos tienen una palabra excepcional, que no tiene traducción al español: vardøgr, la cual define a cualquier elemento que preceda la aparición de una persona. Básicamente un déjà vu al revés.

Este elemento puede ser un sonido, un olor, una sensación, algo expresivo que anuncie la llegada de alguien.

Ejemplo: A piensa en B. Momentos después, B llama por teléono a A.

Ese pensar (o sentir u oler o escuchar) constituye la esencia del vardøgr.

Originalmente el vardøgr prescindía de dispositivos tecnológicos, como el teléfono, y consistía más bien en todo sonido premonitorio que anunciara la llegada de alguien. A veces la experiencia se tornaba más inquietante, y el que precedía a la persona era una visión o réplica de la propia persona.

Ejemplo: A cree ver a B llegando a casa. Quizás oye sus pasos. Momentos después, B llega a casa.

En términos etimológicos, la palabra vardøger está conformada por el norso vǫrð, que significa «guardia», «vigilante»; y hugr, que indica tanto «mente» como «alma». Es decir, un destello que se anticipa o prefigura al ser real. En los mitos nórdicos, el Vardøger era una criatura perteneciente a los Fylgja, espíritus capaces de anunciar un vasto catálogo de calamidades.

El fenómeno del vardøger, al menos en lo personal, posee instancias mucho más interesantes que las del déjà vu.

No solo consiste en imaginar que algo va a ocurrir, y que luego suceda, sino que realmente ocurra dos veces, primero en el universo cognitivo, y luego en la realidad objetiva, y sin que sea uno el protagonista, sino un testigo circunstancial.

La mecánica es inversa a la del déjà vu, donde es el propio sujeto quien sospecha haber vivido la misma circunstancia en el pasado.

Es justo pensar que el vardøger y el doppelgänger son esencialmente lo mismo; dobles o réplicas de alguien, pero el doppelgänger es un duplicado, mientras que el vardøger, cuya connotación es tal vez menos siniestra, actúa como predecesor de ese alguien.

Este fenómeno se multiplica en las características particulares que individualizan a alguien: es su andar, su voz, su olor, incluso su apariencia, quienes lo preceden en un sitio y generan en los demás la creencia de que han visto o escuchado a la persona real antes de que esta llegue.

En la infancia ejercité la experiencia del vardøger de forma bastante competente. No solo podía visualizar cuando alguien estaba a punto de llegar, sino que además imaginaba su modo de caminar, sus gestos, mientras se aproximaba. Podía incluso afirmar con absoluta certeza el instante exacto en el que mi abuelo doblaría la esquina, y hasta cuál sería su estado de ánimo.

Pero esa destreza se va perdiendo con los años.

A veces trato de volver a ejercitarla, aunque con motivos más bien miserables, como visualizar el colectivo antes de que llegue, o decidir qué persona se levantará de su asiento; con resultados poco concluyentes en términos estadísticos.

Hay mañas que sencillamente no se recuperan, que no son como andar en bicicleta.

Tantear los rastros del futuro, y procurarse un destino inmediato que no nos sorprenda, es menos angustioso que vivir en los constantes sobresaltos del presente. De todos modos, quizás infantilmente pero con la misma audacia, o esperanza, que justifica la fe y las religiones, sigo imaginando a mi abuelo, pero ahora es él quien me espera al otro lado de la esquina.




Egosofía. I Fenómenos paranormales.


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1 comentarios:

El desflorador de Flores dijo...

Realmente me gustó mucho. Excelente argumento para un buen microcuento. Gracias.



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