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¿De quién es el placer? (según Tiresias)

¿De quién es el placer? (según Tiresias)


¿De quién es el placer? ¿Cuál de los géneros puede atribuirse el umbral del goce más alto? 

La respuesta a este enigma solo podría ser formulada por alguien que haya sido tanto hombre como mujer. Afortunadamente, la mitología nos ofrece un personaje con estas características.

Tiresias fue un adivino de la ciudad de Tebas, cuya vida se vio sacudida por diversos acontecimientos asombrosos. Entre sus raras cualidades hay tres que se destacan especialmente: Tiresias fue ciego, adivino, y también mujer.

Algunos comentan que siendo muy joven Tiresias tuvo la mala fortuna de sorprender involuntariamente a Atenea mientras se bañaba en la fuente de Hipocrene, sobre las faldas del Monte Helicón. La diosa, que defendía su castidad incluso cuando el único peligro que corría era una mirada indiscreta, consideró que la irrupción de Tiresias era una ofensa imperdonable. Encolerizada, Atenea le puso las manos sobre los ojos y lo dejó ciego.

Tras este incidente, la madre de Tiresias, la ninfa Cariclo, que además formaba parte del cortejo de la diosa, le suplicó a Atenea que le devolviera la vista a su hijo, o en su defecto que lo beneficiara con algún don adicional. La diosa se negó rotundamente a restaurar su visión, pero en cambio accedió a la segunda propuesta. Con sus propios dedos "purificó" las orejas de Tiresias, que desde entonces entendió el lenguaje de los pájaros, sus murmullos y rumores secretos.

Adicionalmente, Atenea le regaló un bastón con propiedades oculares para que no tropezara al caminar, además de una vida prodigiosamente longeva. 

Algunos sostienen que la piedad de Atenea fue todavía más lejos, y que le permitió a Tiresias conservar estos dones aún en los salones lóbregos de la Casa Oscura, también conocida como Hades.

Ya en posesión de su ceguera, y sobre todo de su sabiduría, Tiresias fue convocado por Zeus para mediar sobre un asunto que levantó fuertes polémicas en el Olimpo.

En una discusión entre Zeus y Hera, su esposa, el señor de los dioses sostuvo que la mujer sentía más placer que el hombre durante el acto amoroso. Hera, que defendía cierta resignación femenina frente al goce, propuso lo contrario; que era el hombre, de hecho, el dueño de un placer mayor y más duradero que el de las mujeres.

Sin posibilidades de resolver el asunto por sí mismos, Tiresias escuchó los argumentos de unos y otros, y se declaró incompetente para decidir sobre algo que en última instancia desconocía. Después de todo, era un hombre. ¿Cómo podría saber cuáles son los límites del placer femenino?

La reunión se disolvió entre murmuraciones y reproches; y Tiresias retornó al mundo de los mortales con su fama de sabio peligrosamente herida.

Cierto día, mientras se paseaba por el Monte Cilene, se topó con dos serpientes en pleno acto de apareamiento. Sin posibilidad de verlas, las rozó apenas con los pies, y, asqueado por el espectáculo de cuerpos retorcidos y unidos en fantásticas ataduras, las pisoteó ferozmente. Hera, todavía disgustada por no recibir un fallo favorable, lo transformó inmediatamente en mujer.

Tiresias vivió durante siete años como mujer. No ya como el rubio Aquiles, que se vistió de doncella para evitar su participación en la guerra de Troya, sino realmente como mujer. Durante ese lapso se convirtió en sacerdotisa de Hera, se casó e incluso tuvo una hija, Manto, que heredó de su padre-madre el don cuestionable de la profecía.

Otras versiones discrepan sobre las actividades de Tiresias bajo su nuevo género. Algunos sostienen que se dedicó obsesivamente al comercio carnal, ganando gran prestigio en los burdeles de Tebas.

Lo cierto es que en el octavo año de su vida como mujer Tiresias volvió a encontrarse con las serpientes. En algunas versiones se dice que las dejó continuar con sus abrazos retorcidos, y en otras que volvió a pisotearlas furiosamente. Sea como sea, Hera volvió a atestiguar su encuentro con estos ofidios y decidió levantar el castigo. Desde entonces Tiresias recuperó la vista y además volvió a ser hombre, aunque profundamente cambiado.

Con la experiencia ganada como mujer, Tiresias fue nuevamente convocado al Olimpo para resolver de una vez por todas aquel enigma elusivo. En definitiva, solo él conocía el placer de ambos géneros. Tras unos breves instantes de reflexión, acaso para que no se lo condene por apresuramientos discursivos, Tiresias se puso prudentemente del lado de Zeus, y declaró oscuramente:

De diez partes del placer el hombre solamente goza de una.

Indignada, Hera renovó el contrato de Tiresias con las sombras. Y Zeus, que no podía contravenir la decisión de su esposa, le dio en compensación una larga vida y acentuó sus cualidades proféticas.

Independientemente de las anécdotas de género, Tiresias agrupa tres ingredientes arquetípicos del mito: la ceguera, el testimonio de un rito natural (ya sea el baño de Atenea o su encuentro con las serpientes) y finalmente la ambigüedad sexual.

Podemos pensar que Tiresias fue menos importante por su don profético que por sus experiencias personales. Para algunos, sus metamorfosis simbolizan una idea progresiva: que el don de la profecía carece de géneros.

Salvo durante aquel debate en el Olimpo, cuya resolusión está lejos de allanarse, las intervenciones míticas de Tiresias siempre son certeras. Ya sea como hombre o como mujer, sus sentencias simplemente son perfectas. A menudo daba oráculos, o interpretaba el canto de los pájaros, o desmenuzaba figuras inciertas en el humo de las ofrendas. En cualquier caso, sus pronósticos tenían una tasa de aciertos absoluta.

Se dice que Tiresias murió durante la invasión de los Epígonos. Toda la tradición griega lo recuerda con lamentos y alabanzas. Extrañamente, Dante no creyó en él, y en la Divina Comedia lo sitúa en el cuarto abismo del octavo círculo del infierno, geografía destinada a los personajes fraudulentos.

En esta región de olvido y penas desproporcionadas, Tiresias fue condenado a vagar eternamente con la cabeza vuelta hacia atrás; acaso para castigar su obsesión por el futuro.




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El artículo: ¿De quién es el placer? (según Tiresias) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

diego ospina dijo...

Muy buen articulo, soy lector regular de ustedes y la verdad es que se lucen :D

Selenee1000 dijo...

excelente articulo, soy fan de ustedes y la mitologia Griega!!!