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El regreso de las brujas

El regreso de las brujas.
Por Milos de Azaola.

"Yo soy la primera y la última, la respetada y la despreciada, la prostituta y la sagrada, la esposa y la virgen, la estéril y la fértil Yo soy aquella a quien se ha odiado en todas partes y a quien se ha amado en todas partes. Yo soy aquella a quien llaman vida, y a quien vosotros habéis llamado muerte. Yo soy aquella a quien llaman ley, y a quien habéis llamado anarquía. Yo soy aquella a quien habéis perseguido, y yo soy aquella a quien habéis atrapado. Yo soy aquella que habéis esparcido, y me habéis recogido y reunido."

(El trueno, mente perfecta, himno gnóstico a Sofía).

En el siglo XIII, los cátaros ardieron en las hogueras inquisitoriales, y la Iglesia creyó así que Occidente se había librado por fin de la herejía gnóstica. Pero no fue así. A finales de la Edad Media a los gnósticos ya se les llamaba de otra forma: brujos. Y como entre los gnósticos siempre abundaron las mujeres, se habló sobre todo de brujas.

Hoy en día la mayoría de la gente no cree que las brujas hayan existido realmente,  diciendo que eso son paparruchas. Los sabelotodos afirman que fueron un invento del fanatismo religioso de la época. Bien es cierto que en los años de la "brujomanía" (siglos XV-XVII) católicos y protestantes veían brujas por todas partes, y acusaron injustamente a muchas mujeres de serlo. Pero eso no quiere decir que las brujas no existieran. Existían, sólo que no hacían las barbaridades de las que se las acusaba. Simplemente eran mujeres que profesaban un culto de origen gnóstico. Las primeras brujas mencionadas por las fuentes de la Edad Media aparecieron ni más ni menos que en el Languedoc, el país de los cátaros.

Y es que los gnósticos venían empleando la magia para sus fines desde sus orígenes, principalmente mediante la invocación de eones y arcontes (los ángeles y demonios gnósticos). Los maestros gnósticos más importantes e influyentes del período clásico (Valentín, Basílides y Carpócrates) procedían todos de Egipto, la cuna de la magia, y todos eran famosos magos. Los seguidores de Carpócrates, por ejemplo, se jactaban de poder dominar a cualquier tipo de demonio que invocaran. A esto hay que añadir que el mito de Isis (que precisamente era la diosa egipcia de la magia) influyó mucho en el de Sofía, la diosa gnóstica; digamos que los gnósticos griegos de Alejandría lo helenizaron.

Las brujas adoraban a la Diosa Madre y a su consorte, el lujurioso Dios Cornudo… y estos no eran otros que la Gran Madre Sofía y Azazel, el ángel caído condenado por amar a las mujeres, también conocido como Lucifer. La diosa de las brujas era la encarnación del saber: hay que recordar que el nombre de Sofía significa Sabiduría. La brujería es una forma de gnosis: es la búsqueda de conocimientos y sabiduría, principalmente a través de las artes mágicas (esas que Azazel enseñó a las primeras mujeres antes del Diluvio, según El Libro de Enoch). Es la misma búsqueda que emprendió Sofía en el mito, cuando quiso descubrir cómo era el rostro de Dios. Precisamente la palabra inglesa para bruja, witch, deriva del anglosajón wit, que significa conocer. En cuanto al Dios Cornudo, algunas brujas (las llamadas brujas negras), desviándose de la doctrina original por influjo del cristianismo, asimilaban erróneamente a Azazel con el Diablo, lo cual no hacía más que poner las cosas fáciles a la Iglesia a la hora de acusarlas de hacer el mal. Sólo que estas brujas no veían en el Diablo el Mal, sino que lo consideraban un "pobre diablo" digno de compasión por haber sido expulsado injustamente del cielo. Al fin y al cabo, Satán fue al principio Satanael, el ángel más amado por Sofía… Pero la mayoría de las brujas eran brujas blancas: para ellas el Dios Cornudo no era el Diablo, sino simplemente Azazel, el ángel que se metamorfoseó tras ser "vencido", pero que se quedó en la tierra para instruir a la humanidad (especialmente a las mujeres). Para estas brujas Azazel era el falso diablo. El verdadero sería el Dios de la Iglesia. O sea, lo mismo que decían los gnósticos en tiempos del Imperio Romano, y lo mismo que decían los cátaros.

Una bruja solía trabajar para el bien de la comunidad, preparando, por ejemplo, medicinas, o ejerciendo de comadrona. Pero también empleaba sus conocimientos para contactar con el otro mundo (el mundo celestial), haciendo de medium o recurriendo a actividades como la cristalomancia. Una bruja podía iniciar sus estudios a cualquier edad a partir de la pubertad, pudiendo alcanzar numerosos niveles de competencia. La aspirante solía comenzar con brujerías menores, como la preparación de filtros de amor (en realidad simples afrodisíacos), e iba progresando lentamente hasta los grados finales, que incluían la profecía (con la ayuda opcional de un ángel) y los viajes astrales. El aprendizaje de los hombres era exactamente el mismo, ya que los gnósticos no creían en las diferencias sexuales. Todas estas prácticas mágicas se remontaban a los siglos del gnosticismo clásico (y según el mito de Azazel, a los tiempos antediluvianos).

Los grupos de brujos y brujas se reunían cada mes cuando había luna llena, y organizaban grandes Sabbats cuatro veces al año: en la Candelaria (rito de purificación del 2 de febrero), en la Noche de Walpurgis (víspera del 1 de mayo, para celebrar la primavera), en la Fiesta de la Cosecha o de San Pedro Encadenado (el 1 de agosto; se asimilaba a San Pedro con Azazel, que también fue encadenado) y en Hallowe’en (la víspera del 1 de noviembre, cuando las puertas con el otro mundo estaban abiertas).

En estas reuniones de adeptos, se practicaban ritos sexuales de carácter sagrado. Los asistentes solían acudir desnudos, o desnudarse una vez que llegaban al lugar elegido. Para los brujos esta desnudez les vinculaba con la pureza de Adán y Eva en el paraíso. Los hombres llevaban máscaras de macho cabrío, encarnando a Azazel y los suyos, y se unían sexualmente a las brujas, que representaban el papel de las hijas de Adán que se entregaron a los Vigilantes. Evidentemente estas prácticas sexuales ponían los dientes largos al clero, obligado a guardar votos de castidad. La Iglesia se desquitaba acusando a los brujos de burradas que se inventaban sobre la marcha, como incesto y canibalismo.

Pero aquí no está de más recordar que ya los antiguos gnósticos practicaban cultos orgiásticos (como en Grecia y en el antiguo Egipto, por otra parte). La unión de lo ascético con lo licencioso, de la aversión a la materia con la complacencia y permisividad respecto de la misma, fue una de las constantes del gnosticismo dualista. El historiador Jeffrey Russell dice que los gnósticos más extremistas adujeron al menos cinco razones doctrinales para negar la moral en general y la sexual en particular: 1) la carne debe prestar servicio a la carne antes de ser vencida; 2) el cuerpo es de origen inferior al alma, por lo que puede hacerse lo que se quiera con él; 3) una vez que estamos llenos del Espíritu Santo (que hemos alcanzado la Gnosis) ya no podemos hacer mal alguno ni tienen validez para nosotros las leyes de este mundo; 4) quienes no están llenos del Espíritu pueden pecar todo lo que quieran, pues nada podrá salvarlos de todos modos; y 5) la verdadera libertad y vida en el Espíritu exige la destrucción de la ley. Yo añadiría una sexta razón: que en el sexo dejamos atrás nuestras identidades, nos quitamos las máscaras y nos olvidamos de las preocupaciones materiales, ofreciéndonos desnudos a la otra persona, abriéndonos a ella y al universo. Por eso los gnósticos consideraban el sexo sagrado. El sexo es, junto con la muerte, el único momento en el que la mayoría de la gente experimenta ese "desprendimiento de uno mismo"que tanto anhelaban los gnósticos.

Como buenas dualistas gnósticas, las brujas consideraban que tenían los mismos derechos que los hombres, y ejercían esos derechos. Llamaban la atención por su conducta, diametralmente opuesta a la de las típicas mujercitas cristianas sumisas. Al comportarse como mujeres fuertes, independientes y con una vida sexual activa, se volvían impopulares entre sus vecinos cristianos, despertando las habladurías de los envidiosos. Esto solía ser el germen de las persecuciones. Como puede verse, la misma historia que sufrió Sofía en el cielo a manos de los ángeles celosos… ¿la tierra imita al cielo o el cielo imita a la tierra? Las mujeres eran blancos más fáciles que los hombres, de ahí que fueran condenadas muchas más mujeres que hombres.

Hoy en día sigue habiendo brujas. Las brujas modernas, como los antiguos gnósticos, están obligadas a guardar secreto una vez que se han iniciado en la brujería (algunas firman el llamado Juramento de Sigilo). Muchas son feministas, y en eso tampoco se diferencian gran cosa de los antiguos gnósticos. Suelen seguir la filosofía hedonista de Epicuro: alcanzar la satisfacción y la alegría evitando los extremos y manteniendo el equilibrio. Y aunque se definen a sí mismas como neopaganas, en realidad le deben bastante al dualismo gnóstico. En su mayor parte son adoradoras de la Diosa y el Dios Cornudo… ¿os suenan estos epítetos? Muchas adoran a la Diosa en primavera y verano (en este caso, simbolizaría la fertilidad de la tierra en época de crecimiento) y en Hallowe’en pasan a adorar al Dios Cornudo (para el resto del otoño y el invierno). La adoración del dios y de la diosa representa el principio de la dualidad, la creencia de que el cosmos está dividido en dobletes: masculino y femenino, luz y oscuridad, negativo y positivo. La unión sexual del dios con la diosa representa el principio de la unificación.

La bruja moderna Candice Haddad Campbell escribió un poema llamado Evocación de la diosa. Reproduzco un fragmento:

mi herencia se desentraña dentro de mí
se desenrosca como una larga galaxia
mediante el oscuro nucleoplasma

cual serpiente tornada opaca
ella se oculta en las junglas del cromosoma

yace en el corazón del hidrocarburo
es el verdadero agujero negro
entre sus muslos
nace el universo del espíritu.
Milos de Azaola.


El artículo: El regreso de las brujas fue realizado por Milos de Azaola para El Espejo Gótico.