No voy a extenderme demasiado sobre la cuestión, ya que aquellos que conocen la existencia de La Diosa Blanca (como la llama Robert Graves) no necesitan de nuestros exordios, y los que la desconocen no necesitan llegar a ella a través de este espejo.
Digamos en cambio que la verdadera poesía, la poesía que huye del refinamiento excesivo, de la gloria personal del poeta, es ciertamente mágica. Y esta magia no se limita a los artificios literarios, sino que está vinculada al poeta en tres formas, tres vínculos que sólo él reconoce.
De nada sirve hablar sobre ella ¿qué podríamos agregar nosotros? Las siluetas de la Diosa se confunden con otras, siempre cambiantes y esquivas. Seguramente ustedes la han percibido en algún poema, es la misma que estremece la piel ante un verso preciso y que nada tiene que ver con un efecto estético. Los viejos cantos galeses decían que la Diosa Blanca se acerca al poeta en los versos que tienden hacia el mundo: el viento silbando entre las piedras, el ladrido de un perro en la noche, el sonido de unos pasos que se apagan en la calle...
El secreto está bien guardado. Los poemas mágicos se protegen solos y los ciegos no pueden contemplarlos sin consumirse en la inquietud.
Nos quedamos con una gran traducción de Graves sobre un hermoso pasaje de la Canción de Amergin. Descifrarlo requiere de cierta intimidad con la Diosa. Si la has escuchado humildemente sabrás reconocerla, así como John Keats, que afirmó: Todo lo que me recuerda a ella me atraviesa como una lanza...
Este poema es para todos los poetas que no se avergüenzan de serlo
Soy un ciervo: de siete astas,
soy una creciente: a través del llano,
soy un viento: en un lago profundo,
soy una lágrima: que el Sol deja caer,
soy un gavilán: sobre el acantilado,
soy una espina: bajo la uña,
soy un prodigio: entre flores,
soy un mago: ¿quién sino yo
inflama la cabeza fría con humo?
Soy una lanza: que anhela la sangre,
soy un salmón: en un estanque,
soy un señuelo: del paraíso,
soy una colina: por donde andan los poetas,
soy un jabalí: despiadado y rojo,
soy un quebrantador: que amenaza la ruina,
soy una marea: que arrastra a la muerte,
soy un infante: ¿quién sino yo
atisba desde el arco no labrado del dolmen?
Soy la matriz: de todos los bosques,
soy la fogata: de todas las colinas,
soy la reina: de todas las colmenas,
soy el escudo: de todas las cabezas,
soy la tumba: de todas las esperanzas.
Más poemas mitológicos. I Poemas medievales. I Poemas irlandeses.
Digamos en cambio que la verdadera poesía, la poesía que huye del refinamiento excesivo, de la gloria personal del poeta, es ciertamente mágica. Y esta magia no se limita a los artificios literarios, sino que está vinculada al poeta en tres formas, tres vínculos que sólo él reconoce.
De nada sirve hablar sobre ella ¿qué podríamos agregar nosotros? Las siluetas de la Diosa se confunden con otras, siempre cambiantes y esquivas. Seguramente ustedes la han percibido en algún poema, es la misma que estremece la piel ante un verso preciso y que nada tiene que ver con un efecto estético. Los viejos cantos galeses decían que la Diosa Blanca se acerca al poeta en los versos que tienden hacia el mundo: el viento silbando entre las piedras, el ladrido de un perro en la noche, el sonido de unos pasos que se apagan en la calle...
El secreto está bien guardado. Los poemas mágicos se protegen solos y los ciegos no pueden contemplarlos sin consumirse en la inquietud.
Nos quedamos con una gran traducción de Graves sobre un hermoso pasaje de la Canción de Amergin. Descifrarlo requiere de cierta intimidad con la Diosa. Si la has escuchado humildemente sabrás reconocerla, así como John Keats, que afirmó: Todo lo que me recuerda a ella me atraviesa como una lanza...
Este poema es para todos los poetas que no se avergüenzan de serlo
Canción de Amergin.
Soy un ciervo: de siete astas,
soy una creciente: a través del llano,
soy un viento: en un lago profundo,
soy una lágrima: que el Sol deja caer,
soy un gavilán: sobre el acantilado,
soy una espina: bajo la uña,
soy un prodigio: entre flores,
soy un mago: ¿quién sino yo
inflama la cabeza fría con humo?
Soy una lanza: que anhela la sangre,
soy un salmón: en un estanque,
soy un señuelo: del paraíso,
soy una colina: por donde andan los poetas,
soy un jabalí: despiadado y rojo,
soy un quebrantador: que amenaza la ruina,
soy una marea: que arrastra a la muerte,
soy un infante: ¿quién sino yo
atisba desde el arco no labrado del dolmen?
Soy la matriz: de todos los bosques,
soy la fogata: de todas las colinas,
soy la reina: de todas las colmenas,
soy el escudo: de todas las cabezas,
soy la tumba: de todas las esperanzas.
Más poemas mitológicos. I Poemas medievales. I Poemas irlandeses.
Más Literatura:




























1 comentarios:
estan super padre los poemas
porque son de diferentes movimientos literario
pero estan increibles
EL ESPEJO GOTICO***
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