El si de la Dama: Elizabeth Barret Browning

Conseguir el de una dama es imposible, es un don que sólo ellas pueden otorgarnos, y no hay nada que nosotros podamos hacer para inducirlas. El Sí de una mujer es eterno, inmutable, y sólo se quiebra cuando nosotros nos alejamos de aquella forma que ella con ternura aceptó.

Esta capacidad de la mujer para rodearse de eternidad no ha sido ajena a la curiosidad masculina. Hemos creado cosmogonías y cultos alrededor de ellas, y sin embargo jamás hemos podido acercarnos al concepto de inmortalidad que todas las mujeres comparten. Es como si fuesen de algún modo conscientes de que el universo es una ilusión, una farsa que no merece ser contemplada con demasiada atención.

¿Qué podemos hacer nosotros, temerosos niños atados a miles de convenciones, para igualar esta majestuosa muestra de realeza? Nada. Nunca alcanzaremos a despreciar el Tiempo como ellas lo hacen. Nosotros necesitamos de absurdos razonamientos y elucubraciones para las cosas más simples, y ellas, riéndose de todos los dioses en sus tronos, son capaces de decir Si eternamente.

Claro que yo mismo soy parte de esa dudosa entidad llamada hombre, razón por la cual no puedo más que atisbar una pequeña porción del alma femenina. Pero para que nuestros lectores curiosos sepan cómo se debe conservar el Sí de una mujer; he conjurado a una querida amiga de este Espejo Gótico; Elizabeth Barret Browning, quien amablemente ha abandonado por unos instantes su cómodo lecho de eternidad, donde, así lo creemos, aún permanece soñando poemas para su amado.

El Sí de la Dama.
The Lady's Yes, Elizabeth Barret Browning.

¡Si! Os respondí anoche,
¡No! Esta mañana, Señor, he dicho.
Los colores, vistos a la luz de las velas,
No brillan igual durante el día.

Cuando los tambores sonaron perfectos,
Las lámparas arriba y las risas abajo,
Ámame sonaba como algo sínico,
Tanto para el Sí como para el No.

Llámame falsa, o llámame libre;
Y no importa qué luces brillen,
Ningún hombre verá en tu rostro
La incierta pena de mi inconstancia.

Pues el pecado oscila sobre ambos;
(Es tiempo de danzas y no de compromisos,
Y la luz de la promesa destruye la fidelidad)
Abate sobre mí la cobardía que yace en tí.

Aprende a ganar la fe de una Dama;
Noblemente, como las nubes altas,
Valientemente, en la vida y la muerte
Con una noble gravedad.

Guíala por el escenario del baile;
Muéstrale con tu mano los cielos estrellados,
Cuídala con palabras delicadas,
Limpias de cortejo, puras en halagos.

Por tu Amor ella será fiel;
Siempre fiel, como las damas de antaño;
Y su , cuando sea pronunciado,
Será un para siempre.

Elizabeth Barret Browning (1806-1861)

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El poema de Elizabeth Barret Browning: The Lady's Yes; fue traducido al español por El Espejo Gótico. Para la utilización de nuestra versión escríbenos a elespejogotico@gmail.com