Dentro de la literatura, y especialmente dentro de ese género fantástico que llamamos mitología, y en ocasiones religión, existen innumerables lugares de trascendencia, casi para cualquier cosa que podamos imaginar: las almas de los piadosos conocerán cielo cristiano, o el Olimpo griego, el Tir-Na-Nog celta, los Elíseos romanos, o el Valhala escandinavo. Las almas impías conocerán el Hades, el Tártaro, el Sheol o el frío Helheim; incluso los animales y vegetales tienen su lugar de reposo final en las distintas mitologías. Pero el único sitio de descanso pensado para las lágrimas hay que buscarlo, naturalmente, en la poesía.
El poeta Arthur William Edgar O'Shaughnessy ha soñado con ese extraño país; donde la pena y la desdicha no son castigos, y donde la tristeza encuentra el único lugar donde es bienvenida. Probablemente, ustedes ya hayan visitado esta lejana tierra, pues todos alguna vez hemos sido transportados allí en las alas del infortunio. Hoy les pido que me acompañen nuevamente, dejando de lado el infortunio, y viajando sólo de la mano de la poesía; hasta aquella remota Fuente, en la que descansan todas nuestras lágrimas.
La Fuente de las Lágrimas.
Arthur William Edgar O'Shaughnessy
Arthur William Edgar O'Shaughnessy
Atravesando desiertos y montañas,
lejos en el País del Dolor,
durante mañanas, días y noches,
o acaso durante meses y años;
con el corazón palpitando desgarrado,
el cuerpo sediento y abrumado,
ciertamente llegarás hasta tu destino,
en La Fuente de las Lágrimas.
Solemne y pacífico es aquel lugar,
sólo para el llanto lastimoso y el suspirar,
para los que en vida o muerte arriban,
junto con sus miedos y fantasías.
Sombríos cipreses adornan el lugar,
con máscaras que velan todos los rostros,
y de aquellas brumosas penumbras
brota cálida y hermosa, La Fuente de las Lágrimas.
Así flota y flota, en una danza
tan gentil como encantadora,
susurrando apenas su melodía armoniosa;
para aquel que debió sufrir y oír
(como tú, seguramente) en pesaroso silencio.
Arrodíllate allí y conoce a tu corazón roto,
y derrama la emoción tanto tiempo contenida,
allí, en La Fuente de las Lágrimas.
Porque crece y crece, como si al rozar
sus celestiales alturas uno pensase
si alguna de sus melodías pueden hundirse
en los oídos con más ternura.
Sí, venerable y bendita parece la Fuente
alcanzada tras el desierto y la montaña.
Allí caerás al fin en un profundo llanto,
y lavarás con lágrimas la tristeza de tu rostro.
¡Entonces el asombro! Mientras yaces allí por un tiempo,
y te debates entre la vida y la muerte,
abandonando la tierra que intentabas
alcanzar con tus miedos y esperanza,
el mundo se alzará y descenderá sobre tí.
Hombres fuertes no permanecerán para cuidarte,
ni se preguntarán porqué razón
tu camino es más duro que el de ellos.
Y mientras allí descansas, tus mejillas
no rechazarán las húmedas hojas,
ni te importará secar tus cabellos mojados,
o contemplar cómo el frío mundo amanece.
Tal vez, en aquel silencio que te rodea,
sientas que toda la Angustia finalmente te ha alcanzado.
Sí, hasta las nubes que sobre tí se pasean
quizás ayuden a vaciar tu alma de toda Pena.
Entonces puedes sentir, cuando una perdida hoja acaricie
tu rostro, que se trata de un beso que alguien ha enviado,
o soñar al menos que en algún sitio eres extrañado,
y que ese anhelo hasta tí llega, si eso te alegra.
O la humilde canción de un pájaro, desmayado y roto,
pueda pasar por una sensible palabra hablada,
mientras a tu alrededor se precipita
aquella Fuente que ahoga la vida en Lágrimas.
Y el llanto fluirá, cada vez más rápido,
confundiendo y derribando toda resistencia,
rodando abajo hasta que toda la desolación pasada,
bajo el peso de los años quede sepultada;
hasta que cubra cada hebra de tu desdicha,
y te dejen sin historia y sin mañana.
¿Pues quién entre los mortales puede someter
a la gran Fuente de las Lágrimas?
Pero la Angustia y las Lágrimas se encuentran y juntan,
y el sonido que emiten crece como el trueno.
¿En qué oscuro abismo, me pregunto,
descansa la pena de todos nuestros años?
Pues sólo la Eternidad parece llevar
la cuenta del gran Lamento humano.
Tal vez Dios, el Hacedor y Padre,
haya creado un sitio para nuestras perdidas lágrimas.
Arthur William Edgar O'Shaughnessy
El poema La Fuente de las Lágrimas fue traducido por El Espejo Gótico, para la utilización total o parcial de nuestra versión escríbenos a: elespejogotico@gmail.com
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2 comentarios:
porque cuando quieres llorar no puedes y porque cuando lloras no sirve de nada ya que te sigues sintiendo igual porque no me explico el porque
La razon de vivir ,¿ cual es esa razon? ¿acaso existe?
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