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Tír na mBan, la tierra de las mujeres

Tír na mBan, la tierra de las mujeres.


La mitología celta ofrece un sinnúmero de islas misteriosas, por ejemplo, Avalon, la isla de los manzanos; habitadas por criaturas inmemoriales que responden a los viejas regulaciones del universo pagano, como la Dama del Lago, consorte del mago Merlín y depositaria del destino de la espada Excalibur.; o la lasciva Dahut, reina de la isla sumergida de Ys; homenajeada en el nombre de París, que literalmente significa "similar a Ys".

Una de estas islas es Tír na mBan, la tierra de las mujeres.

Hacia allí, cuenta la leyenda, partió el audaz Bran mac Febal y sus camaradas. Al desembarcar fueron recibidos por una comitiva de Hadas, quienes los escoltaron hasta el palacio de la reina. Se les permitió residir en esa tierra durante un día. Al partir, los viajeros advirtieron con cierta desazón que un solo día en el reino de las hadas equivalen a trescientos años solares.

El mito de Tír na mBan no murió con la caída del paganismo, sino que sobrevivió como un mito cristianizado, puntualmente en los viajes de San Amaro, quien alcanzó las costas de Tír na mBan pero no halló a las hadas de Bran mac Febal, sino una corte de doncellas castas que cantaron y bailaron para entretener a los marinos. La reina de las hadas, en este relato, se convirtió en la Vírgen María.

Tir na mBan es, mitológicamente hablando, la tierra sagrada de todas las mujeres de todos los planos de existencia; y más aún, el reino de lo femenino absoluto, que a menudo prescinde de la genitalidad para manifestarse. En todas las leyendas antiguas se lo describe como un territorio de placer y belleza; un paraíso, literalmente, donde el tiempo se detiene, o bien transcurre de forma discontinua.

Podemos pensar en Tir na mBan como un punto en el cosmos donde lo Femenino es celebrado como parte de la divinidad; algo que podemos advertir en informes que ni siquiera lo mencionan, pero que sin dudas lo intuyen oscuramente; por ejemplo: Cuando Dios era mujer (When God was a Woman, Merlin Stone); El significado de la brujería (The Meaning of Witchcraft, Gerald Gardner); La Diosa Blanca (The White Godess, Robert Graves) y La Diosa hebrea (The Hebrew Goddess, Raphael Patai).

Se dice que en Tir na mBan lo Femenino se despoja de sus manifestaciones superficiales y rudimentarias, es decir, de la genitalidad, que a menudo confunde el principio femenino de la naturaleza. El viajero puede descubrir que su ideal Femenino en realidad se vincula directamente sobre las cualidades de la mujer, desechando la estructura de un principio más amplio, y acaso más oscuro, donde el placer sensual transita paralelamente a renacer espiritual.

Tir na mBan está gobernada por una Sacerdotiza, cuyo nombre no debe pronunciarse jamás en voz alta, en cuyo caso, esa tierra formidable se cerrará irremediablemente para el viajero. 

En todas las leyendas sobre Tir na mBan se sucede la misma secuencia de acontecimientos: el viajero llega, es bien recibido, disfruta de todas las delicias que se disponen generosamente para él, pero luego ocurre algo extraño: cierto agotamiento, cierta aniquilación del ser que se manifiesta a través del deseo repentino de abandonar esa tierra y regresar al mundo de los hombres.

Se cree que, aún hoy, algunos espíritus venturosos logran arribar a las costas plateadas de Tir na mBan. El viaje, claramente simbólico, se produce durante el sueño; aunque para entrar en el Reino Escondido es preciso manifestar una sinceridad total. Si el viajero osa mentir, o bien responde elusivamente a los interrogantes de la Guardiana, no solo nunca conocerá las delicias y voluptuosidades de Tir na mBan, sino que posiblemente jamás logre despertar en nuestro mundo.

Frente a las arenas inmemoriales una voz portentosa formulará las siguientes preguntas; no con palabras, sino con símbolos inequívocos para el Inconsciente:

¿Cuál es tu opinión secreta sobre las mujeres?

Y si el viajero es mujer:

¿Qué es lo primero que piensas frente a una mujer hermosa?

Entonces, narra la leyenda, la Guardiana de Tir na mBan nos ofrecerá una serie de enigmas acerca del principio femenino del universo:

¿Cuán a menudo ves a Ella como Madre Sagrada?
¿Cuán a menudo ves a Ella como una Fuerza Oscura, destructiva y osada?
¿Cuán a menudo la ves Virtuosa, llena de Pureza?
¿Cuán a menudo la ves como la Hembra, la Puta Perfecta?


Si el viajero logra superar esta dificil tarea (hay una sola respuesta venturosa) debe enfrentarse a otro reto, que a continuación traducimos literalmente, prescindiendo de la métrica y la rima del original.

¿Quién eres? ¿Y quién de esos que eres desea entrar en Tir na mBan?
¿Todo espíritu o todo cuerpo?
¿Te incomoda la piel de un extraño? ¿Te estremece el roce de la muerte?
Piensa en la Diosa y responde: ¿la ves Madre, Hembra o Hija?
¿Cuál es la fortaleza de lo Femenino?
¿Cuál es la debilidad de lo Femenino?
¿Morirías para ser Uno en Ella?
¿Tendrías la templanza necesaria para aceptar
que la verdadera muerte es no ser Uno en Ella?


Solo quedan algunas leyendas dispersas y distorsionadas de Tir na mBan, comentadas apresuradamente por soñantes que prefieren ser cautos al revelar sus misterios. Las mujeres, en cambio, nos han ofrecido atisbos de esa tierra formidable a través de algunos relatos fantásticos y novelas de ciencia ficción, como: El hombre hembra (The Female Man, Joanna Russ); Herland (Herland, Charlotte Perkins Gilman); El bosque de la noche (Nightwood, Djuna Barnes); La puerta al país de las mujeres (The Gate to Women's Country, Sheri S. Tepper); Las nieblas de Avalon (The Mists of Avalon, Marion Zimmer Bradley); Mizora (Mizora: A Prophecy, Mary E. Bradley Lane); La mano izquierda de la oscuridad (The Left Hand of Darkness, Ursula K. Le Guin); La pasión de la Nueva Eva (The Passion of New Eve, Angela Carter); Venus más X (Venus Plus X, Theodore Sturgeon); La mujer comestible (The Edible Woman, Margaret Atwood), por mencionar solo algunas.

Pero lo cierto es que Tir na mBan, así como otros reinos prodigiosos, se han retirado para siempre del mundo sensorial, aunque basta un poco de determinación y mucha imaginación para ganarse el derecho a recorrer en sueños sus playas ignotas.



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