Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Poema de Edward Young.
Padre del género gótico en Francia.
Microficción.

Las obras más extrañas de la Edad Media.
Poema de H.P. Lovecraft.
Resumen, análisis y libro completo en español.


Qué necesito para hacer un hechizo de amor


Por Atenea Helenaus.

Qué necesito para hacer un hechizo de amor.




Hace algunas horas contesté un comentario que me hizo reflexionar, lo cual es todo un desafío a estas horas; y pensé que tal vez convendría decir algunas palabras sobre qué se necesita para hacer un buen hechizo de amor.

La magia, así como otras actividades mentales, requiere de una profunda capacidad de concentración, lo cual puede parecer desalentador para quienes suelen ser dispersos o distraidos.

Pero la concentración necesaria para los trabajos esotéricos es la más simple de alcanzar, ya que el deseo de alcanzar nuestra meta, cualquiera que fuese, es lo que nos provee la concentración necesaria para realizar el hechizo con precisión.

Es decir, si amamos profundamente a alguien que no nos corresponde, y decidimos entonces llevar a cabo algún ritual o hechizo de amor, lograr una concentración adecuada es realmente sencillo, ya que el amor por esa persona es prioritario para nosotros, y es difícil que algo pueda superar en importancia a la angustia de quien anhela al amor de su vida sin poder aferrarse a él.

Lo mismo sucede con las artes oscuras: especialmente con la nigromancia y la magia negra. El odio y el resentimiento son un móvil tan intenso como el amor, y ambos producen en el oficiante una concentración que difícilmente pueda ser abatida por pensamientos dispersos.

Los hechizos de amor más fuertes suelen ser a veces los menos recomendables para quien está enamorado; ya que intentan coartar la libertad de acción, induciendo al sujeto a realizar actos para los que su conciencia se niega.

Esta es la llamada magia roja, y tiene sus orígenes en los antiguos misterios de Levanna.

Levanna era una mítica sacerdotiza de Babilonia, quien fue ultrajada ferozmente por los sacerdotes de Baal, y luego abandonada en el yermo para que muera desangrada.

Pero los dioses (para algunos Enki, y para otros Enlil) se apiadaron de la joven, y la transportaron nuevamente hacia su hogar en el templo. Allí, tras varios días de ayuno e intensa meditación, Levanna es visitada por Lajil, que no es otra que la diosa Lilith, La Señora de las Siete Noches.

Lajil le otorgó a Levanna las doce tablas del sexo, las cuales son una especie de resumen del conocimiento esotérico sexual.

Durante la Edad Media se conoció este texto gracias a las traducciones del árabe Abdul Ben Izah, y los nigromantes de la época bautizaron esta traducción como: El Sendero Rosa.

Es entonces que la diosa Levanna conoce todos los secretos de la magia sexual, tanto la que es posible realizar en pareja, como aquella cuya función consiste en el sometimiento absoluto de la voluntad de un hombre.

Ahora bien, el mito de Levanna es un símbolo del horror que las mujeres provocaban en los antiguos; horror que, por otra parte, no estaba exento de justificativos, ya que la Mujer lleva en su naturaleza muchas virtudes y defectos que le son inherentes, que son parte de su naturaleza.

Dicho en menos palabras, los hombres primitivos veían (y tal vez, aún ven) a la mujer como una extención de la naturaleza, la cual es cruel e incomprensible.

La mujer es cíclica, posee ciclos de fertilidad que, aunque eran rigurosamente medidos, estaban más allá de la comprensión lógica del hombre.

A esto hay que sumarle la aparente infinita capacidad femenina para el sexo: mientras el hombre (rey, sacerdote o campesino) cae exhausto tras el comercio sexual, la mujer permanece, aparentemente, ajena a los avatares del cansancio; su sexualidad, símbolo del misterio y del oprobio, es la imagen viva del horror detrás de todos los mitos y leyendas sexuales.

Espero que sepan disculpar mi poca capacidad de síntesis, pero es imposible tratar el tema de la magia sin extenderse a otros campos, ya que estos dan el soporte necesario para la comprensión de la temática.

Por ejemplo: si yo diese un conjuro para convocar a un dios antiguo, un dios del desierto, de origen posiblemente volcánico, ustedes seguramente se reirán de mi ingenuidad, pero lo cierto es que Jehová es un dios volcánico perfectamente identificado por los mitólogos, y lo que en apariencia es ingenuidad, se transforma en asombro cuando leemos que el hipotético conjuro consiste en lo que todos denominamos "misa católica".

Porque allí reside el misterio de lo esotérico: mientras que algunos pocos cultos yacen en un cómodo panteón de creencias legitimadas, los misterios esotéricos permanecen en un destierro signado por el desprecio y la burla.

Lo curioso es que los grandes cultos se nutren de la misma magia, de los mismos misterios, y acaso, de los mismos ritos.

¿Cómo funciona un hechizo de amor?

Antes vimos que la concentración es fundamental, pero sólo sirve como herramienta de algo más sublime: la voluntad.

Sin ella, no hay ritual ni trabajo esotérico que de resultados.

La voluntad del oficiante es el motor que impulsa una serie de mecanismos normalmente en estado de letargo. Estos mecanismos son difíciles de precisar, al igual que intentar ubicar físicamente la locación de la voluntad, aunque nadie intentará rebatir su existencia real.

La voluntad es estimulada por el hechizo, el cual está creado especialmente para ello. Las palabras rituales, los mantras, los conjuros y los pentagramas son vehículos para que la voluntad encuentre un cauce adecuado para desarrollarse.

Ahora bien, la voluntad no surge espontáneamente, necesita ser estimulada por un anhelo, una necesidad. Normalmente, aquellas necesidades que nos impulsan hacia adelante son los deseos.

El deseo es el gérmen que soporta toda la estructura esotérica, por no decir toda la existencia humana. El deseo de alcanzar algo, en nuestro caso, el deseo de conquistar a alguien, es lo que nutrirá nuestra voluntad, la cual nos proveerá de la concentración necesaria para realizar cualquier hechizo de amor.

La base de todo trabajo mágico consiste de esta cadena de eventos: deseo, voluntad y concentración.

En circunstancias normales, estos son elementos comunes en la psiquis humana. Pero el sentido de la magia exige algo más que la expresión vulgar de estos estados mentales.

La magia comprime, en un lapso relativamente corto, la máxima expresión de estos estados y los encauza hacia un fin determinado. Esto es un hechizo.

La magia ceremonial trabaja de distinto modo, ya que casi siempre debe realizarse en grupo, o al menos de la mano de alguien con gran experiencia y temeridad, y los roles y estados suelen disolverse en la cantidad de oficiantes, repartiendo la carga mental de manera que la presión caiga sobre el grupo, y no en un individuo en particular.

Pero los hechizos de amor son diferentes: el deseo, la voluntad y la concentración, son de un sólo individuo, por eso este tipo de ritos son, en apariencia, sencillos de realizar.

Hay quienes prefieren adornar los rituales de amor con algunos anexos de magia ceremonial, lo cual es válido, pero no estrictamente necesario. Todo depende que la experiencia del oficiante: si ya ha caminado el duro camino del éxito y el error en la magia, es posible que desee agregar a sus ritos algunos matices tendientes a quebrar la rutina.

El ocultismo suele ser controvertido, pero sólo entre quienes tienen fe en él. Aquel que es escéptico (aquí aprovecho para saludar a Aelfwine) no entra en debate, simplemente ignora la realidad de la magia. La controversia no lo toca ni lo estimula, escucha pacientemente las argumentaciones del creyente y se limita a afirmar: es cuestión de fe.

Y ciertamente, esto es así.

Pero quien cree en la magia suele pasar por períodos de profundo desprecio. Duda de todo, aborrece a quienes creen en ella; pero sin embargo siente una atracción que lo impulsa al debate estéril. Se pone en la posición de un niño al que hay que explicarle las cosas, y peor aún, al que hay que probárselas con elementos irrefutables.

Por ello, todos los grimorios suelen comenzar con la misma recomendación:

Lege et claudet.
(Lee y calla)

Esto no es por desinterés en la comunicación del saber, sino simplemente porque ese saber no puede ser comprendido por quienes están predispuestos a desprecio.

Al igual que cuando hablamos sobre el Libro de las Sombras, o sobre el Libro Secreto de los Ángeles, nuestra intención es ser originales. Todos los hechizos del Espejo son traducciones hechas por nosotros mismos, lo cual no asegura su efectividad, pero sí su transparencia.

En la web hay muchísimo material de gran valor para el amante del ocultismo, de eso no hay dudas, pero creemos que la mejor fuente en donde saciar el apetito por lo mágico aún siguen siendo, afortunadamente, los libros.

Los fantasmas que peregrinamos detrás de este Espejo somos consumados ignorantes en cuestiones prácticas, pero que coincidimos en alegrarnos de esa ignorancia, ya que nos impulsa a querer saber, a enamorarnos del conocimiento, aún de aquel saber que se aleja de los cánones ortodoxos.

Por ello, el ignoto fin de nuestras letras está signado por algo que está más allá de nuestro control. Un ejemplo de ello es este artículo, escrito en Buenos Aires entre las 4 y las cinco de la mañana, nacido desde la necesidad de expresar algo tan efímero como el amor por la magia, y que, con toda seguridad, en algunos días será cubierto por un piadoso olvido.

No creo que este destino sea inmerecido.




Más literatura gótica:
El artículo: Qué necesito para hacer un hechizo de amor fue realizado por Atenea Helenaus para El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ateneahelenaus@gmail.com

3 comentarios:

Anónimo dijo...

oye pase por tu pagina y esta muy buena
todo...te felicito...cuidate

Lobito dijo...

Hola....
Buscando y buscando, he llegado hasta este blog, me ha gustado mucho. Probablemente es tambien porque me identifico totalmente con su contenido. Gracias..

Anónimo dijo...

me encanta esta pagina y desd hace mucho m llama la atencion y creo q me identifico mucho puedo durar horas leyendo su contenido y ni cuent me doy