Soñé que estaba muerta


Soñé que estaba muerta.




Este artículo excede los parámetros del Consultorio Paranormal de El Espejo Gótico, en tanto que no se trata de un correo de nuestros lectores, pero al mismo tiempo pertenece a la órbita de las experiencias personales, en este caso, de una prominente teósofa del siglo XX: Grace Frances Knoche, quien escribió con lujo de detalles un sueño particularmente inquietante (ver: Significado de soñar con alguien que está muerto)

Soñé que estaba muerta es el título de este curioso artículo publicado en la edición de junio de 1938 de la revista The Theosophical Forum, donde Grace Frances Knoche da cuenta de una experiencia bastante frecuente: soñar que uno está muerto (ver: Significado de soñar con alguien que está muerto).



Soñé que estaba muerta.
I Dreamed That I Was Dead, Grace Frances Knoche (1909-2006)

Tuve otro sueño:

Al llegar a casa, muy tarde en la noche, completamente agotada, me quedé dormida y soñé que estaba muerta.

En el sueño, mi cuerpo había sido puesto cuidadosamente en un ataúd. Al lado, sin embargo, estaba yo, la que soñaba. Me puse de pie y me pregunté por qué todos los que estaban a alrededor del ataúd se veían tan preocupados y tristes. Era un cuerpo, simplemente.

Hubo gemidos, llantos y una perturbación emocional general, que encontré no solo molesta sino realmente absurda. Una querida amiga mía, una vieja maestra de escuela, se acercó a mi cuerpo y, abrazando esa forma sin vida, dijo:

—Oh, hija mía, no deberías haber muerto. Es una gran desgracia ver que una mujer tan joven y llena de vida que se vaya así.

Esta actitud me sorprendió. No podía entender por qué ella le hablaba al cuerpo, y no a mí, que estaba parada justo al lado.

Todo esto, sin embargo, fue incidental, porque lo que realmente estaba ocupando mi atención era mi esfuerzo por liberarme de mi cuerpo. Algo me estaba reteniendo. Me encontré tirando desesperadamente de una cuerda que parecía provenir de mi lado izquierdo, presumiblemente desde mi corazón.

Me sacudí y tiré, luchando por romper este cordón, pero algo extraordinariamente firme lo mantenía fijo. No puedo describir la oscura tortura mental de esos breves instantes. Quería morir, pero no podía.

En una agonía indescriptible, aún luchando por la libertad, volví a mirar a mi alrededor, y de repente mis ojos se fijaron en una figura que me observaba. Era un hombre de estatura alta, delgado. Me miró directamente a los ojos y, sin pensarlo, me quedé paralizada al sentir que el dolor en mi corazón disminuía.

De alguna forma, el cordón se había aflojado.

El hombre simplemente asintió y sonrió. Entonces desperté. O no, ¿quién sabe? (ver: Si la vida es sueño, ¿la muerte es el despertar?)

Un gran porcentaje de las personas sueña vívidamente, y soñar equivale a vivir una experiencia similar a la muerte. Tal vez no sepamos nunca cuán cerca estamos de la muerte todas las noches, cuando nos acostamos para descansar. ¿No desechamos el cuerpo noche tras noche en alguna misteriosa pero segura peregrinación del alma?

Soñé que estaba muerta y, al mismo tiempo, que no podía morir completamente. ¿Qué era ese cordón que me mantuvo atada a mi cuerpo incluso en contra de mi voluntad? ¿Qué destino más fuerte prevaleció sobre mi deseo de desatarme?

Quizás el ser humano tiene un período de vida natural definido, acorde con su reserva de vitalidad, y hasta que se agote, realmente no puede morir. En mi sueño sentí que había algo más fuerte, más firme y más duradero que mi cuerpo, o incluso que mi alma. Pero a pesar de mi lucha, de mi deseo de liberarme de ese estado de sufrimiento, el cordón no se rompió.

En la muerte verdadera, no soñada, quizás el cordón de la vida se rompe, dejando que el cuerpo se disuelva libremente y que el alma se purifique y sea libre por fin. Cuando soñamos, tal vez, este cordón no se rompe sino que perdura, permitiendo el regreso seguro del alma al cuerpo después de la peregrinación de la noche.

El hombre delgado, en todo caso, le enseñó a mi alma, mientras trataba de escapar, que su deber era reingresar al cuerpo.

Desde los hilos kármicos tejidos en el pasado a lo largo de todas las líneas de nuestra constitución, desde lo físico, lo astral, lo mental, lo emocional, lo intelectual y lo espiritual, estamos urdiendo una trama de conciencia cuyo patrón abarca todos los tiempos, el pasado, el presente y el futuro. A veces, ese patrón muestra hilos de gran debilidad, y otras revela fortalezas insospechadas.

Soñé que estaba muerta, pero no hay muerte realmente, sino más bien un despertar luego de esta vida, que no es otra cosa que una forma más elaborada del acto de soñar.




Consultorio Paranormal. I Fenómenos paranormales.


Más literatura gótica:
El artículo: Soñé que estaba muerta fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Luciano dijo...

Gran artículo!



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