Un ojo de la cara: el sacrificio de Odín a la sabiduría


Un ojo de la cara: el sacrificio de Odín a la sabiduría.




A comienzos del siglo XVIII, cuando algunos estudiosos intentaron recomponer la vieja mitología nórdica, la complejidad del pasado mítico del norte deslumbró a los espíritus románticos, y el mito de Odín en particular los hizo reflexionar acerca los prejuicios intelectuales sobre ese pasado (ver: La verdadera muerte de Odín).

Epítetos como Bileygr,«tuerto»; y Báleygr, «sin ojo», no son extraños en el norte. La ironía no les era desconocida, ni siquiera si se proyectaba al Señor de los Dioses, Odín. Después de todo, los dioses nórdicos generalmente eran individuos maltrechos (ver: Los dioses maltrechos de la mitología nórdica)

Al contrario de lo que sucede en otras mitologías, entre ellas, los mitos bíblicos, Odín no sólo debe ganarse su lugar como rey de los dioses, sino que además debe luchar para alcanzar la verdadera sabiduría, y de este modo reinar con justicia sobre los Nueve Mundos, entre ellos, la Tierra Media, o Midgard, nuestro plano de existencia.

Odín es el maestro de todas las artes, que trasmitió cariñosamente a los hombres. Algunos de sus nombres secretos son Fjölnsviðr, «gran sabio», Sanngetall, «el que intuye la verdad», Sannr, «el que dice la verdad», y Forni «conocedor del pasado». La erudición de Odín quedó registrada en otros epítetos circunstanciales como Gágnraðr, «victoria», cuando venció al gigante Vafþrúðnir en un duelo intelectual sobre historia; o como Gestumblindi, «huésped ciego», cuando venció al rey Heiðrekr en un áspero duelo de adivinanzas.

Pero esto no siempre fue así. Odín debió ganar su sabiduría, y pagar un precio por ella.

Sediento de conocimiento, Odín se aventuró hasta el Pozo de Mímir, en las cercanías del Jötunheim, la oscura tierra de los gigantes, bajo el aspecto de un peregrino llamado Vegtamr. Mímir, enano malicioso y avaro, vigilaba el pozo, cuya virtud era otorgar infinita sabiduría a quien bebiese de él. Odín se presentó ante el enano, y éste advirtió rápidamente que estaba frente al Señor del Asgard. A cambio de beber de la fuente, Mímir le pidió a Odín que sacrifique su ojo izquierdo como signo de voluntad por alcanzar un conocimiento superior.

Odín accedió, se arrancó el ojo izquierdo y lo arrojó al pozo. A continuación, bebió desesperadamente, como si la sed de conocimiento no conociese la saciedad; y de inmediato fue conciente de todos los sufrimientos y tragedias que tanto dioses como hombres deberán atravesar, y también que así debía suceder.

Esta historia, sencilla en apariencia, esconde una verdad alta y noble. Odín no nace siendo sabio, sino que gana su erudición con sufrimiento y entrega, y, en consecuencia, también se hace digno de su lugar como señor de dioses y hombres. Pensemos el tema en otros términos. Si alguien nace infinitamente sabio, ¿deberíamos alabarlo por su sabiduría? ¿Hay algún mérito en los atributos naturales? La razón sugiere lo contrario, que el esfuerzo y el sacrificio forjan sabios, y que cualquier dios que nace omnipotente es, en definitiva, un dios menor.

Para mayor asombro de anticuarios y mitólogos, Odín no sólo alcanzó la iluminación tras su ofrenda ocular, sino que a partir de alli sólo habló en un lenguaje poético, en versos; como si la sabiduría sólo pudiese trasmitirse mediante la poesía. Esta es la verdadera filosofía de los cielos boreales: el sabio es también un poeta; y la poesía, el único vehículo capaz de trasmitir las verdades más altas (ver: Billy Blind y la degradación de Odín).

Cuando algo nos resulta particularmente difícil o caro decimos «me ha costado un ojo de la cara». Esa frase, reducida a meras cuestiones económicas, proviene del viejo Odín en el pozo del enano; un dios que para alcanzar el conocimiento absoluto tuvo que sacrificar una parte de sí mismo. En lo personal, no creo que haya sido un precio excesivo.




Mitos nórdicos. I Mitología.


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6 comentarios:

STEBAN DIDO´T dijo...

... brillante...!!!

Anónimo dijo...

Como amante de la mitología en especial la nórdica, quiero felicitarte por este fascinante articulo.

daniel dijo...

Un ojo de la cara (¿pleonasmo?) a cambio de la sabiduría absoluta, me parece una ganga.

Anónimo dijo...

mmm al parecer en este relato odin nos de una clase sobre equivalencia "El hombre no puede obtener nada sin dar algo a cambio. Para crear, algo de igual valor debe perderse. Esa es la primera ley de la Alquimia de Equivalencia de Intercambio.

Unknown dijo...

hola buenas tardes, interesante relato, coincido con anónimo, sobre la equivalencia, y puede ser observado con los creadores de algo artístico, les toma tiempo hacerlo, es decir, crean algo superior, en sacrificio de su tiempo. saludos.

Anónimo dijo...

La verdad mas alta y noble ¿no cree que es la de un Dios que, aun siendo omnipotente, decide perder esa omnipotencia para hacerse igual a su creatura? Y todavia ¿no es mayor el sacrificio por amor a los hombres que por amor a la sabiduria la cual, en definitiva, no existiria sin ellos? ¿y no es mayor sacrificio el ofrecer en holocausto la propia vida, como Cristo, Dios unico y Verdadero, que ofrecer apenas un ojito y encima para un fin de avaricioso conocimiento? "Si tu ojo es causa de pecado, arrancatelo y arrojalo lejos, porque mas vale entrar tuerto en el Reino de los Cielos que ir a parar con los dos ojos al Infierno?
"mitologia judeocristiana" que le dicen...



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