«La condesa sangrienta»: Alejandra Pizarnik; ensayo y análisis


«La condesa sangrienta»: Alejandra Pizarnik; ensayo y análisis.




La condesa sangrienta (La condesa sangrienta) es un ensayo de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972), publicado en 1971.

La condesa sangrienta realiza un exquisito retrato psicológico, histórico, y sobre todo poético, de Elizabeth Bathory, la condesa sangrienta; mujer acusada de realizar las prácticas más abominables con el objetivo de perpetuar su juventud y belleza, y a quien se le atribuye el perfil arquetípico de la vampiresa, la mujer fatal.

En este fascinante ensayo de Alejandra Pizarnik, La condesa sangrienta, se realizan importante revelaciones acerca de la personalidad de Elizabeth Bathory; no ya únicamente bajo la óptica de la historia y la psicología, sino de la poesía como medio para vislumbrar el horror que se oculta tras las grietas de la personalidad.

Con una agudeza que no sorprende, tomando como referencia su obra poética, Alejandra Pizarnik se hunde en los profundos abismos de la melancolía, arrebatándole a las sombras y el olvido algunos secretos que atormentaban el alma de Elizabeth Bathory.

La condesa sangrienta no es un artículo que se limite sólo a aspectos biográficos, ya que no presenta una sucesión lineal de hechos e interpretaciones, sino que intenta penetrar en la mente perturbada de Elizabeth Bathory desde un ángulo completamente novedoso.


Antes de pasar directamente a La condesa sangrienta les dejamos uno de sus capítulos más interesantes: El espejo de la melancolía.



El espejo de la melancolía.
El espejo de la melancolía, Alejandra Pizarnik (1936-1972)


...vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma... tan confortable era, que presentaba unos salientes donde apoyar los brazos, pudiendo permanecer muchas horas frente a él sin fatigarse.


Podemos conjeturar que habiendo creído diseñar un espejo, Erzébet trazó los planos de su morada. Y ahora comprendemos por qué sólo la música más arrebatadoramente triste de su orquesta de gitanos o las riesgosas partidas de caza o el violento perfume de las hierbas mágicas en la cabaña de la hechicera o —sobre todo— los subsuelos anegados de sangre humana, pudieron alumbrar en los ojos de su perfecta cara algo a modo de mirada viviente. Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos.

Nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexualidad de la condesa, ignorándose si se trataba de una tendencia inconsciente o si, por el contrario, la aceptó con naturalidad, como un derecho más que le correspondía. En lo esencial, vivió sumida en un ámbito exclusivamente femenino. No hubo sino mujeres en sus noches de crímenes. Luego, algunos detalles son obviamente reveladores: por ejemplo, en la sala de torturas, en los momentos de máxima tensión, solía introducir ella misma un cirio ardiente en el sexo de la víctima. También hay testimonios que dicen de una lujuria menos solitaria. Una sirvienta aseguró en el proceso que una aristocrática y misteriosa dama vestida de mancebo visitaba a la condesa. En una ocasión las descubrió juntas, torturando a una muchacha. Pero se ignora si compartían otros placeres que los sádicos.

Continúo con el tema del espejo. Si bien no se trata de explicar a esta siniestra figura, es preciso detenerse en el hecho de que padecía del mal del siglo XVI: la melancolía.

Un color invariable rige al melancólico, su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre esa inercia. Este quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como si hubiera fracasado Teseo si, además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro, matarlo, entonces, habría exigido matarse.

Pero hay remedios fugitivos. Los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta puede iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuita. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto.

De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya “la farsa que todos tenemos que representar”. Pero por un instante —sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia—. El ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa, y el yo vibra animado por energías delirante.

Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir —en verdad, hay que transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos— que procede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestidas de variadas formas que van desde la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes.

El libro que comento en esta notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parecen a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.

Alejandra Pizarnik (1936-1972)




La condesa sangrienta.
La condesa sangrienta, Alejandra Pizarnik (1936-1972)
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  • http://ral-m.com/revue/IMG/pdf_Pizarnik_Alejandra_-_La_Condesa_Sangrienta.pdf




Poemas de Alejandra Pizarnik. I Feminología: la mujer en la literatura y el mito.


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El análisis y resumen del ensayo de Alejandra Pizarnik: La condesa sangrienta (La condesa sangrienta)
fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

alas de mariposa dijo...

no se me hizo interesante el relato, por que es demasiado largo para lo que en vdd quiere proyectar

Cristián Kristian . dijo...

¿Me equivoco o este es sólo una parte del ensayo dela Pizarnick?
¡¡Y la comentarista anterior lo encuentra muy largo¡¡ bueno, cuestión de gustos jajaja.
Interesante la idea de que el ritmo que viven los melancólicos está disociado al ritmo de las personas "normales", de que es más lento. La verdad creo que inconscientemente tenía esa idea en la cabeza, pero el texto de Alejandra logra expresarlo muy bien.
Según la poeta(así lo pienso yo) la pobre Bathory vivía la maldición de Narciso, porque ser narcisista es una maldición, maldición, maldad, perversión, aunque entremedio esté metida la belleza; es increible cómo lo horrible puede entremezclarse con la belleza.
Saludos



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