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La Diosa hebrea: Raphael Patai


La Diosa Hebrea.


La Diosa hebrea (The Hebrew Goddess) es un interesante estudio de mitología y religión escrito por el historiador y antropólogo Raphael Patai, publicado en 1967.

Raphael Patai declara que la religión judía posee, incluso hoy, elementos propios del politeísmo. La Diosa hebrea analiza con elegancia este pasado mitológico, y argumenta sobre la existencia pretérica, casi olvidada y sepultada por la tradición, de una Diosa Madre anterior a la concepción de Yahvé.


Siguiendo una rigurosa interpretación de fuentes arqueológicas y lingüísticas, La Diosa hebrea explora la antiquísima veneración por diversas y pluriformes deidades femeninas, tales como Asherah, Anath, Ashima, Shekhina, Matronit, entre otras. Ulteriores ediciones de La Diosa hebrea amplían este catálogo tras varios descubrimientos antropológicos y arqueológicos que revelan el misterioso Ritual de Unificación, o Yichudim, por el cual Yahvé se une con su esposa Shekinah.


Pocas religiones se mantienen tan inmutables como la religión hebrea en lo que refiere a sus postulados. Resulta difícil imaginar que el trasfondo mitológico que la sostiene tuvo como protagonista a una Diosa, y no a un riguroso dios volcánico como Jehová; sin embargo, todo parece indicar que los estudios de Raphael Patai están en lo cierto, al menos en lo que refiere a una antigua diosa en el panteón hebreo, posteriormente indentificada como portadora de los atributos femeninos del Señor.

Repasemos algunas características de esta extraña Diosa hebrea.


Shekhiná:
Shekhiná o Shejiná proviene del verbo Shakan, que significa literalmente Habitar. Se lo usaba para referirse a los nidos y a la costumbre avícola de habitar en ellos. Esotéricamente, Shejiná apunta a la morada de la presencia de Dios. Varios helenistas sugieren que el término no es exclusivo de los hebreos, sino que proviene del verbo griego Skene, que significa morar, habitar. Otros van más lejos y asocian a Shejiná con Sakti, la energía o fuerza femenina de los dioses hindúes.


Shekhiná ingresa en la mitología como un referencia mística al planeta Venus, el Lucero de la Mañana, posteriormente asociado a Lucifer. En Canaán se la llamó Ashera, aunque en este sentido los hebreos hacían muchas diferenciaciones de orden astronómico. Todo indica que Shejiná era simbolizada en Venus durante su fase más luminosa en el solsticio de invierno, entre el 21 y 23 de diciembre, una de las fechas propuestas para el nacimiento de Jesús. Más aún, cuando Shejiná, es decir, Venus, brillaba con mayor intensidad, los sacerdotes hebreos anunciaban el nacimiento de un nuevo rey; de modo que no es descabellado que, siguiendo esa tradición, esta fecha haya sido elegida para ubicar el nacimiento del Rey de Reyes.

La presencia de la Diosa hebrea se hacía sentir incluso en la arquitectura. Sus templos estaban orientados de modo que Shekhiná brillase sobre ellos antes del amanecer. Los reyes eran ungidos durante los solsticios, única fecha en la que se los consideraba legítimos.

Los sabios judíos no se mantuvieron ociosos frente a este pasado extraño. Muchos atribuyen a Shejiná un sentido simbólico, la faceta femenina del Creador, pero el Antiguo Testamento es muy claro al respecto, claridad que no se conserva en nuestras traducciones gentiles. Vayamos al Éxodo 40:35, por ejemplo, allí se dice:


Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno.


Hasta aquí nada resulta inquietante para el monoteísta férreo, pero la palabra original por "estaba" es Shaktan, es decir, Shejiná, la Diosa Hebrea llena con la gloria de Jehová.


También podemos verla como una Columna de humo y fuego marchando frente al pueblo judío al huír de Egipto. Hasta el mismísimo Yahvé se comunica con Moisés a través de la Shejiná en una zarza ardiente. Como símbolo del abandono de las formas politeístas al entrar en Canáan, Shekhiná se esableció dentro del tabernáculo, justo encima el Arca de la Alianza, el sitio más sagrado de la judería; pero cuando Salomón hizo su entrada triunfal en el templo, llenándolo con su gloria (monoteísmo implacable), los sacerdotes se vieron incapaces de orar debido al vapor sofocante. La nube desapareció, dicen, cuando el templo fue destruido.


La Diosa en el Nuevo Testamento.
No sólo el Talmud y el Antiguo Testamento dan fe de la existencia de esta Diosa Hebrea. El Nuevo Testamento menciona a Shekhiná en una entidad fantasmagórica, inabarcable, llamada Espíritu Santo.


El cristianismo primitivo conservó a Shejiná en la figura de Sofía, la sabiduría de Dios en formato femenino. Su esencia cóncava la condena a una perpetua recepción de los atributos celestiales. Es, en última instancia, un vehículo por el cual se mueve la divinidad, lo femenino como vehículo entre la Gracia y los hombres. Shekhiná es el Espíritu Santo, pero también es su vientre, su madre e hija al mismo tiempo. En este sentido, el cáliz siempre es anterior al vino.

Aelfwine.




El resumen del libro de Raphael Patai: La Diosa hebrea (The Hebrew Goddess) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com