«La diosa hebrea»: Raphael Patai; libro y análisis


«La diosa hebrea»: Raphael Patai; libro y análisis.




La diosa hebrea (The Hebrew Goddess) es un interesante libro de mitología del historiador y antropólogo húngaro Raphael Patai (1910-1996), publicado en 1967.

La diosa hebrea, posiblemente uno de los libros de Raphael Patai más destacados, concluye que la religión judía poseía elementos propios del politeísmo, y que esto se ve reflejado en los mitos hebreos más antiguos. El libro analiza con elegancia este pasado mitológico, y argumenta sobre la existencia pretérica, casi olvidada, Diosa Madre anterior a la concepción de Yahvé.

Siguiendo una rigurosa interpretación de fuentes arqueológicas y lingüísticas, La diosa hebrea explora la antiquísima veneración de diversas y pluriformes deidades femeninas, tales como Asherah, Matronit, Anath, Ashima, y, quizás la más importante de todas: Shekhina. De hecho, el libro revela algunos detalles del misterioso Ritual de Unificación, o Yichudim, por el cual Yahvé se une simbólicamente con su esposa, Shekinah, algo que también se refleja de manera velada en los mitos bíblicos.

Pocas tradiciones sociales y espirituales se mantienen tan inmutables como la religión hebrea; de ahí que resulte tan difícil imaginar que el trasfondo mitológico que la sostiene tuvo como protagonista a una Diosa y no a un temperamental dios volcánico, como Jehová; sin embargo, todo parece indicar que los estudios de Raphael Patai están en lo cierto, al menos en lo que refiere a la existencia de una antigua diosa en el panteón hebreo, posteriormente indentificada como portadora de los atributos femeninos del Señor.

Repasemos algunas características de esta extraña Diosa hebrea.


Shekhiná: la diosa hebrea.

El nombre Shekhiná, o Shejiná, proviene del verbo shakan, que significa «habitar». Se lo usaba para referirse a los nidos y a la costumbre avícola de habitar en ellos. Esotéricamente, Shejiná apunta a la morada de la presencia de Dios. Varios helenistas sugieren que el término no es exclusivo de los hebreos, sino que proviene de los mitos griegos, más concretamente del verbo skene, que significa «morar», «habitar». Otros van más lejos y asocian a Shejiná con Sakti, la energía o fuerza femenina de los dioses hindúes.

Según La diosa hebrea, Shekhiná ingresa en la mitología como un referencia mística al planeta Venus, el Lucero de la Mañana, posteriormente asociado a Lucifer. En Canaán se la llamó Ashera, aunque en este sentido los hebreos hacían muchas diferenciaciones de orden astronómico. Todo indica que Shejiná era representada en Venus durante su fase más luminosa, en el solsticio de invierno, entre el 21 y 23 de diciembre, una de las fechas propuestas para el nacimiento de Jesús.

Más aún, cuando Shejiná, es decir, Venus, brillaba con mayor intensidad, los sacerdotes hebreos anunciaban el nacimiento de un nuevo rey; de modo que no es descabellado que, siguiendo esa tradición, esta fecha haya sido elegida para ubicar el nacimiento del Rey de Reyes.

La presencia de la Diosa hebrea se hacía sentir incluso en la arquitectura. Sus templos estaban orientados de modo tal que Shekhiná brillase sobre ellos antes del amanecer. Los reyes eran ungidos durante los solsticios, única fecha en la que se los consideraba legítimos.

Los sabios judíos no se mantuvieron ociosos frente a este pasado extraño. Muchos atribuyen a Shejiná un sentido simbólico, la faceta femenina del Creador, pero el Antiguo Testamento es muy claro al respecto, claridad que no se conserva en nuestras traducciones gentiles. Vayamos al Éxodo 40:35, por ejemplo, allí se dice:


Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno.


Hasta aquí nada resulta inquietante para el monoteísta, pero la palabra original por «estaba» es shaktan, es decir, Shejiná, la Diosa Hebrea llena con la gloria de Jehová.

También podemos verla como una Columna de humo y fuego marchando frente al pueblo judío al huír de Egipto. Hasta el mismísimo Yahvé se comunica con Moisés a través de la Shejiná en una zarza ardiente. Como símbolo del abandono de las formas politeístas al entrar en Canáan, Shekhiná se esableció dentro del tabernáculo, justo encima el Arca de la Alianza, el sitio más sagrado de la judería; pero cuando Salomón hizo su entrada triunfal en el templo, llenándolo con su gloria (monoteísmo implacable), los sacerdotes se vieron incapaces de orar debido al vapor sofocante. La nube desapareció, dicen, cuando el templo fue destruido.

No sólo el Talmud y el Antiguo Testamento dan fe de la existencia de esta Diosa Hebrea. El Nuevo Testamento menciona a Shekhiná en una entidad fantasmagórica, inabarcable, llamada Espíritu Santo.

El Cristianismo primitivo y el Gnosticismo conservaron a Shejiná en la figura de Sofía, la sabiduría de Dios en formato femenino. Su esencia cóncava la condena a una perpetua recepción de los atributos celestiales. Es, en última instancia, un vehículo por el cual se mueve la divinidad, lo femenino como vehículo entre la Gracia y los hombres. Shekhiná es el Espíritu Santo, pero también es su vientre, su madre e hija al mismo tiempo. En este sentido, el cáliz siempre es anterior al vino.

Lamentablemente no hay versiones en español en PDF de La diosa hebrea de Raphael Patai, no obstante, el libro se consigue fácilmente en cualquier biblioteca, y es sumamente recomendable para los amantes de los mitos antiguos.



Libros prohibidos. I Libros extraños.


Más mitología:
El análisis y resumen del libro de Raphael Patai: La diosa hebrea (The Hebrew Goddess), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

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