Haciendo gala de una percepción tan aguda como cuestionable, El Espejo Gótico se ha propuesto desentrañar los motivos que impulsaron a Gustavo Adolfo Becquer a urdir este hermoso poema.
Como muchos de nuestros lectores pueden atestiguar, el dolor de un amante despechado es proporcional a su capacidad de odiar. Algunos poetas, acaso más tibios, exorcizan su dolor mediante versos que exaltan las cualidades y armonías del fugitivo amante; pero otros, dentro de los cuales está Gustavo Adolfo Becquer, aborrecen cada segundo de su desdicha, y vomitan su dolor de la manera más celestial que existe: a través de la poesía.
Naturalmente, no pretendemos adjudicarnos un descubrimiento tan poco académico; sólo queremos llamar la atención sobre un tema que preocupa tanto a poetas como a amas de casa, y según algunos entusiastas, también a ciertos animales y funcionarios públicos.
Así imaginamos que el bueno de Adolfo, presa de un profundo dolor, ha removido sus heridas a través de este bello poema; que no es otra cosa que un artístico deseo de que su ignota amante se pudra prolijamente en el infierno
Antes que tú me moriré: escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.
Antes que tú me moriré: y mi espíritu,
en su empeño tenaz
se sentará a las puertas de la Muerte,
que llames a esperar.
Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo.
¿Quién deja de llamar?
Entonces que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán.
Allí, donde el murmullo de la vida
temblando a morir va,
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar.
Allí donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad,
todo lo que los dos hemos callado
lo tenemos que hablar.
Gustavo Adolfo Becquer.
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1 comentarios:
que hermoso poema y que profundidad de sentimientos, quienes pasamos por una situación similar lo sentimos a flor de piel
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