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"En tu habitación": primer relato del profesor Lugano



En tu habitación.

Primer relato del profesor Lugano.



Es un error suponer que el miedo se presenta únicamente en lugares que nos predisponen al horror. De hecho, lo verdaderamente horroroso solo puede ocurrir en sitios prosaicos, incluso familiares.

Los sabios sostienen que el miedo es simplemente un patrimonio ancestral, una herencia, si se quiere, de nuestro pasado como presas. Según este argumento, sentimos miedo (y aquí hablo del miedo a lo sobrenatural) como respuesta psíquica y física frente ciertos estímulos que despiertan nuestros instintos atávicos, obteniendo reacciones diferentes en cada caso.

Esto puede ser indiscutiblemente cierto en muchos casos, pero el horror, el verdadero, puro y abyecto horror no es el síntoma visible de nuestras tensiones internas, sino un puente entre la mente domesticada y el otro mundo; ámbito que se extiende desde las fronteras de nuestros sentidos, a menudo inútiles para procesar lo irracional.

La habitación carecía de los elementos esenciales para los amantes del terror ortodoxo. Estaba limpia hasta rozar lo ridículo. Ella dormía. Su mente estaba desconectada de toda realidad. La noche era agradable, cálida. La luz de la luna se derramaba sobre la pared como un trazo regular. Sin embargo, y a pesar de lo prosaico de la situación, lo ominoso se manifestó con la certeza incuestionable de las pesadillas.

Primero una corriente eléctrica, medular, la estremeció, algo que no tenía una conexión directa con su mente. Algo indudablemente físico la sacudió en un espasmo que la arrancó de los laberintos del sueño. Su cuerpo lo supo antes que su mente racional se ponga en funcionamiento: había algo en la habitación.

Cubierta con una manta permaneció inmóvil. Su cerebro buscaba desesperadamente un argumento que venga a contradecir aquel miedo irracional; pero su cuerpo se resistió a este llamado a la sensatez. Por el contrario, se obstinó en mantener los músculos tensos, la mirada acechante, las fosas nasales dilatadas para inhalar la mayor cantidad de oxígeno posible.

No hay nadie...

Sus ojos recorrieron frenéticamente la habitación. Su mente racional, normalmente adiestrada para resolver asuntos mundados, estaba estancada en estériles cacofonías infantiles. Cuando la lógica es puesta a prueba se revela como una suma de conjuros que buscan alterar lo inalterable.

No hay nadie. No.
Nadie.

Pero esa parte del cerebro que bajo condiciones normales es inaccesible para la mente racional estaba determinada a mantenerse alerta. Hizo un enorme esfuerzo para tratar de dominarse, pero fue inútil. Los conjuros infantiles seguían arrastrándose frente a ella como lentos gusanos ciegos.

Enciende la luz...

Pensó en su padre, un tótem de lípidos y alcohol cuya sola presencia solía ahuyentar a los espectros más insistentes de su infancia.

No la enciendas...

Se detuvo en el momento en que su mano se estiraba hacia el interruptor

Si la enciendes lo vas a ver...

Paralizada, sus ojos se desplazaron hacia un rincón de la habitación. Las sombras danzaban alegremente sobre la pared. En algún lugar de la noche ladraba un perro.

¡Ahí está! ¡En el rincón...!

Los segundos se demoraron en una angustia indecible. El tiempo se convirtió en algo táctil y  pegajoso.

Ahí no hay nadie. Apenas sombras y luna... 

En ese momento le pareció que la cosa del rincón se movía, acaso entendiendo que se dudaba de su existencia. El movimiento fue leve, fugitivo, pero indudable. Lo que ella podía entrever desde su posición era una figura, que bien podría ser humana, de pie en el rincón de la habitación.

En este punto ocurrió algo sorprendente. El horror no cedió, pero dejó de bloquear los procesos mentales básicos que conforman la autonomía motriz. Intentó hablar, pero al principio solo alcanzó a emitir un susurro que apenas podía oírse a los pies de la cama.

—Martín...

Fue inmediatamente consciente de que había pronunciado el nombre de su hermano.

Pensaste en él porque está muerto...

—Martín, ¿sos vos?

...muerto o algo peor...

La figura del rincón permaneció inmóvil durante algunos instantes. Luego se inclinó ligeramente hacia adelante, como en una reverencia burlona.

La luz de la luna alcanzó fugazmente el rostro de la figura, un segundo apenas, lo suficiente para que ella advierta que no era su hermano, sino algo infinitamente peor.

La cosa supuraba un odio inhumano, inflexible. La habitación se llenó de un hedor insoportable. Aquello que estaba en el rincón de la habitación dio otro paso hacia adelante.

Su boca se contorsionó en una mueca que emulaba el trazo de una sonrisa; sus ojos eran pozos negros dónde era inútil vislumbrar alguna emoción. De su ser emanaba la certeza de que era imposible discutir, imposible razonar con aquel ente que era más bien una fuerza siniestra, una voluntad sin pasiones ni deseos; sólo odio y espanto.

Ella se abandonó y se hundió dulcemente en aquellos pozos negros.

El cuerpo sin vida de la mujer fue encontrado a la mañana siguiente. Sus ojos miraban estúpidamente hacia el rincón de la habitación. Derrame cerebral, sentenciaron los médicos. Nadie se atrevió a discutir un argumento tan razonable.

Escribo estas líneas desde la misma habitación en donde sucedieron estos hechos. Previamente tomé la precaución de destruir ese espejo aborrecible ubicado en un rincón.


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El relato de terror: En tu habitación, fue escrito por El profesor Lugano para El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

7 comentarios:

elena dijo...

excelente escrito...

SALUDOS

Anónimo dijo...

PUES EL COMENTARIO ES MUY BUENO, EXELENTE DEBERIAN DE PONER ALGO IGUAL O UN POCO MEJOR.

JuanJo dijo...

Una interesante teoría...
Quién podría ser ese espectro sino la particular bienvenida de la muerte al mundo de las sombras.
Pienso que el olvido aunque inevitable es eludible por algunos años, despúes de la muerte(mas de 150 en el caso de Allan Poe).
Es una meta ambiciosa pero alentadora.

Exelente relato.

escarnio dijo...

Me ha gustado el relato,gracias por compartir tu talento con nosotros.

Frida Karen dijo...

Entonces, se supone que se veía ella misma? Algo así como esquizofrenia? Bueno, yo lo entendí de ese modo :)

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Comento algo tarde, unos años tarde, pero no puedo dejar de comentar un magistral ejemplo de cuento de terror.
Insinúa que lo cotidiano no es ajeno al terror. Bien logrado el clima, el terror de la chica.
¿Que vio en el espejo, a ella misma o algo o algo demasiado extraño para resistirlo?

David Asencio dijo...

maravilloso. que genial. hace tiempo que no sentía estos escalofríos frente a un relato. siendo ya un adulto a veces intento, sin éxito de revivir los miedos de mi infancia con cuentos y peliculas. para poder sentirme mas vivo. casi nada me estremece. pero he de aceptar que la noche, las sombras, y proyecciones de uno mismo crean combinaciones espantosas.
muy buen relato.