El feminismo en el cine de terror: la reconciliación


El feminismo en el cine de terror: la reconciliación.




En 1975, la investigadora británica Laura Mulvey publicó un libro sumamente interesante, titulado: Placer visual y cine narrativo (Visual Pleasure and Narrative Cinema), donde incorpora las teorías de Sigmund Freud al análisis de la narrativa cinematográfica, llegando a una conclusión casi tan estremecedora como el cine que se propone investigar: las películas de terror están estructuradas alrededor de las ideas, aspiraciones y valores del patriarcado.

La autora identifica la posición de la cámara en el cine de terror como predominantemente masculina, de manera tal que todo lo que vemos, como espectadores, en una película del género, nos es presentado a través de una perspectiva masculina, y no precisamente una que considera al feminismo como un saludable reclamo social.

La autora sostiene que esa perspectiva implica que la mujer, en términos generales, sea sometida a un escrutinio invasivo por parte de la cámara. Este análisis parece adecuarse bastante bien al cine de terror, donde la mujer a menudo es atacada doblemente: por el monstruo y por la cámara.

Incluso en un clásico casi perfecto, como Alien, de 1979, donde Ripley —interpretada por Sigourney Weaver—, por consenso general, la mujer más fuerte del género, también es sometida a la mirada voyeurística de la cámara en un improbable cambio de ropa interior interestelar.

Justificar una escena semejante, en términos narrativos, equivaldría a vindicar un cambio de calzones del padre Karras justo antes de proceder al exorcismo de Reagan.

Según Mulvey, este tipo de escenas buscan equilibrar la apropiación a atributos tradicionalmente masculinos —en el caso de Ripley, heroísmo, sobre todo— y de ese modo reposicionar a la mujer como objeto de deseo para la mirada masculina.

Que no se nos malinterprete. No consideramos que Alien sea una película machista. ¿Cómo podría serlo una historia acerca de una criatura —el Xenomorfo— que se introduce en el organismo de sus víctimas por la boca, independientemente de su género, y luego las perfora desde adentro en una especie de parto que, por inesperado, no contempla anestésicos?

Por el contrario, es una película que refleja muy bien las ansiedades elementales del ser.

De hecho, casi todas las buenas películas de terror tienen que ver con dos cuestiones fundamentales: ansiedad con respecto a la masculinidad y a la mujer como víctima de la agresión del hombre.

Un momento.

¿Y qué pasa con Misery?, por citar un ejemplo.

En la película no se lo aclara, pero la desquiciada Annie Wilkes fue víctima de todo lo que uno pueda imaginar en sus primeros años de casada.

Regresemos.

Por un lado, la ansiedad masculina y rol de la mujer como víctima se traducen en el empleo de la cámara para brindar una perspectiva masculina de los sucesos, lo cual le permite al espectador identificarse más fácilmente con el Monstruo —figura dentro de la cual incluimos a los asesinos humanos como a los seres sobrenaturales— que con la víctima.

Ahora bien, más allá de que el cine de terror clásico sea fundamentalmente masculino, esto no significa que no pueda reclamar una lectura más feminista.

El género también suele empoderar a la protagonista, a la chica del final, que eventualmente deja de gritar como una condenada y, en términos más o menos ambiguos, se masculiniza para abatir al Monstruo y sus coloridos dispositivos fálicos: machetes, garras, motosierras, entre otros.

El problema para la mujer en este tipo de películas es llegar a ser la chica del final, es decir, no morir tras ser perseguida en el bosque por un sujeto que, en definitiva, fue jodido espectacularmente por su madre.

En Scream, por ejemplo, que lejos está de ser una buena película, se brinda un dato sustancioso: ¿cómo podemos saber quiénes van a morir en una película de terror? Naturalmente, aquellos que logren acostarse con alguien.

El género rara vez perdona el refriegue ocasional, aunque puede ser misericordioso con las relaciones de pareja. De hecho, la supuesta promiscuidad es lo que generalmente detona el raid homicida del Monstruo.

Norman Bates, Jason Voorhees, Michael Myers, entre tantos otros, inician la masacre tras ver a una pareja en un inocente momento de intimidad, o incluso a una mujer enjuagándose en la ducha, lo cual despierta aquel trauma sufrido en el pasado.

Para resumir esta reconciliación, me parece justo considerar que la película de terror que mejor suscribe a las raíces del feminismo es El exorcista.

En principio, deberíamos dejar de lado la incómoda situación de tener a una menor atada a la cama y a merced de dos piadosos sacerdotes; y limitarnos exclusivamente al modo en el que el padre Karras por fin logra exorcizar al demonio del cuerpo de Regan: primero tomando a la muchacha del pescuezo, dándole algunos sutiles golpes de puño en la quijada, y gritando a viva voz con un tono que condensa la esencia de la virilidad:


¡ENTRA EN MÍ! ¡ENTRA EN MÍ!


Eso, señores, es un macho.




Cine gótico. I Taller de literatura.


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1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Dificilmente Alien pueda ser considerada machista, cuando se trata de un ser ajeno a lo humano. Que parasita a otras especies y no sólo a la especie humana. Cuando investigan la señal de ayuda encuentran a un ser ajeno a la especie humana, de una especie que no se aclara si tiene dos sexos, uno, o más. Lo de la ropa es lo que se usa para hibernar. Está claro desde el principio.

En lo de Jason Vorthess también hay algo de la época, en que el sexo es peligroso. Y también está la historia del personaje, que casi murió o murió por bullyng. Porque los cuidadores estaban teniendo sexo, en lugar de hacer su trabajo.

En Psicosis está el conflicto del personaje entre el deseo y la voz represiva de su madre. La mata para no desearla o porque es el único modo que conoce para expresar su deseo.

Se podría analizar el estereotipo de las Scream queen-



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