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¿El amor está en el corazón?

¿El amor está en el corazón?


La idea de que el corazón es la sede oficial de los sentimientos es tan antigua que los sabios no recuerdan otra morada.

Pero el corazón no sólo es el albergue del amor y los sentimientos nobles, en ocasiones abriga el mal, lo contiene, lo hace partícipe de sus oscuros mecanismos.

Baste recordar que a las personas de probado sentido malicioso se las acusa de tener un corazón negro. Joseph Conrad, en una jugada audaz, considera que incluso las tinieblas poseen un corazón donde nos reconocemos como criaturas instintivas que articulan una máscara cívica.

Otros, en cambio, argumentan la idea de que las personas sin sentimientos no tienen corazón. Esta ecuación, nunca sencilla, en general aparece bajo la forma de una acusación falsa, tendenciosa, difamatoria, por la cual el sujeto juzga que cualquier matiz que exceda los parámetros de lo que él mismo considera como "sentimientos" no califica como tal.

Una tercera raza de eruditos opinan que el corazón es la dirección fiscal de la voluntad, y que para alcanzar determinados objetivos, por ejemplo, obtener el amor de una mujer indiscreta o ganar una partida de tute, es imprescindible poner el corazón.

Este tributo u ofrenda a los dioses ventriculares plantea una objeción razonable, que a menudo advertimos como herramienta de trabajo de gurús y arúspices vernáculos.

Uno mismo es el responsable de sus fracasos.

No podemos culpar a los mártires de la autoayuda por esa afirmación. Pensar que no siempre somos los culpables de nuestros fracasos sería atentar contra su fuente de trabajo.

Por allí andan también los que regalan su corazón bajo cualquier pretexto, acaso los mismos que luego la utilizan como una garantía que ejecutan sin vacilar. 

Otros, menos juiciosos, escrituran una sucesión de bienes un tanto caprichosa: mi corazón es tuyo.

Finalmente debemos decir algo sobre aquellas personas que llevan algo en el corazón, como si se tratara de un ropero o el cajón secreto de un escritorio. Frases como: siempre te llevaré en el corazón se reproducen en el romance pedestre de nuestros tiempos, en el mejor de los casos, convirtiendo la memoria en una despensa y, en el peor, en una cardiopatía.

Tampoco podemos confiar en la literatura, donde los corazones se diversifican y se entrelazan fantásticamente. Por allí tenemos corazones traicioneros -El corazón delator (The Tale-Tell Heart, E.A. Poe)-, corazones extraviados -Corazones perdidos (Lost Hearts, M.R. James), Corazón perdido (Emilia Bazán)-, corazones botánicos -El amante habla de la rosa en su corazón (The Lover Tells of the Rose in His Heart, W.B. Yeats)-, corazones nocturnos -El corazón de la noche (The Heart of the Night, Dante Rossetti)- corazones averiados -Corazón roto (Broken Heart, John Donne)-, corazones sinceros -Si la verdad del corazón (If Truth in Hearts, A.E. Housman)-, y otros que prudencia exige omitir.

Para concluir debemos admitir que el corazón es un asunto complejo, aunque no tanto como el amor y los sentimientos. En ocasiones, cuando la esperanza le gana al olvido, me inclino por una conjetura audaz, que casi siempre desemboca en la más enérgica refutación: el corazón del hombre, sea visto como fideicomiso de la voluntad o como laberinto, casi nunca es tan negro como sus actos.



Más Egosofía. I Feminología.


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El artículo: Por qué el amor está en el corazón fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Vos sos todo eso y más.


dama de luz

Anónimo dijo...

El amor está en el corazón o en nuestra mente ¿?

Anónimo dijo...

El amor esta en el corazón o en la mente ¿?