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Origen del mito de las balas de plata

Origen del mito de las balas de plata.


¿Cómo se mata a un hombre lobo? -podría preguntar un desorientado analista financiero-. Respuesta: disparándole una bala de plata, naturalmente.

¿Pero de dónde proviene el mito de que las balas de plata son eficaces para abatir licántropos? Si tomamos como referencia las leyendas del siglo XVIII en adelante, hasta los vampiros parecen responder desfavorablemente ante la plata, ya sea en la forma de una estaca, una bala o un crucifijo.

Utilicemos la lógica. Si las balas de plata son el único tipo de munición para matar a un hombre lobo, entonces los hombres lobo no podían ser matados antes de la invención de las armas de fuego. Algo bastante absurdo si tenemos en cuenta la cantidad de leyendas de licántropos prolijamente masacrados antes de las primeras armas de este tipo.

Actualmente, calculan los estadígrafos, la cifra de cretinos que afirman haber visto a un hombre lobo es indirectamente proporcional a la de quienes desconfían en la eficacia de las balas de plata.

Prosigamos. El origen del mito de las balas de plata es relativamente reciente, y de ninguna forma podríamos afirmar que es el único método eficaz para matar a estos monstruos. El secreto, el alma de la leyenda, se encuentra en la plata; un metal que durante siglos fue considerado como sagrado y poseedor de extrañas propiedades mágicas. Y si consideramos que la plata es un metal universalmente asociado a la luna, entonces veremos con mayor claridad por qué se lo vincula directamente con los licántropos.

No obstante, en el título de este artículo prometimos decir algo acerca del origen del mito de las balas de plata, y para ello era necesario decir algo sobre la vulnerabilidad de los hombres lobo. Dicho esto, viajemos a Francia, sitio donde comenzó la leyenda.

Entre 1764 y 1767, la región de Gévaudan, nombre del actual departamento de Lozère, Francia; fue el escenario de una verdadera guerra entre hombres y licántropos

El primer ataque ocurrió el 30 de junio de 1764. Se habló de un monstruo con forma de lobo, pero cuyo tamaño alcanzaba la estatura de un oso. Al principio, como suele ocurrir en todas las épocas, las desapariciones de personas fueron atribuidas a causas naturales, como extravíos, accidentes y deserciones maritales. No obstante, los reportes de testigos que afirmaban haber visto a un lobo descomunal despertaron el interés de las autoridades.

Se lo bautizó rápidamente como la Bestia de Gévaudan.

Dejemos de lado, solo por un instante, la teoría de que aquella región francesa fue atacada por una manada de hombres lobo. La cifra oficial de muertos entre el 30 de junio de 1764 y el 19 de junio de 1767 asciende a 124 personas. Para despejar la hipótesis conspirativa, es decir, la existencia de uno o más asesinos seriales operando en la región de Lozère, tal vez honrando la tradición nórdica de los Berserkers, aquellos guerreros que se vestían con la piel de los lobos para absorber su fuerza y astucia, debemos sumar otros 88 casos de personas asesinadas en departamentos adyacentes, como Auvernia, Vivarais y Rouergue.

Si contrastamos estas cifras con el número de personas muertas por ataques de lobos en toda la historia de Francia, antes y después de aquellos hechos, la hipótesis de que algo muy extraño ocurrió en Gévaudan cobra mayor consistencia. Se calculan unos cien ataques de manadas de lobos a comarcas francesas en toda su historia, con cifras de muertos que no superan la docena de individuos. Más áún, en la época de la Bestia de Gévaudan había unos 20.000 lobos en todo el territorio francés, y durante ese año no hubo ni un solo reporte de ataques similares en ninguna otra región del país.

Estudiando estas cifras, acaso demasiado ampulosas, resulta perfectamente lógico tomar esta leyenda con ciertos reparos, y sobre todo con una saludable dosis de escepticismo. No obstante, sería necio descartar los cientos y cientos de reportes de testigos que hablan de un animal de porte gigantesco, además del censo oficial de víctimas realizado por las autoridades.

La Bestia de Gévaudan superó ampliamente las expectativas del editor más entusiasta. Ocupó las páginas de los periódicos más prestigiosos de Europa. Y no solo eso, sino que incluso movilizó a las tropas reales de Francia hacia la "zona de conflicto".

La respuesta de los hombres ante esta verdadera invasión de licántropos no se hizo esperar. Se mataron casi trescientos animales en un período de tres años, sin que el número de víctimas humanas se redujera en absoluto.

La tentación de atrapar a la Bestia de Gévaudan capturó el interés de los cazadores más experimentados del continente, e incluso de personalidades destacadas de la corte y la milicia. François Antoine, el mismísimo porta-arcabuz del Rey de Francia, logró matar a un lobo de porte gigantesco en septiembre de 1765, cerca de la Abadía de Chazes. Sin embargo, los crímenes continuaron.

El mérito de abatir a la Bestia de Gévaudan corresponde a un hombre llamado Jean Chastel, un campesino de La Besseyre-Saint-Mary. Según su propio testimonio, el animal se ofreció para un disparo limpio. Iba acompañado de una loba de menor tamaño, que logró escapar de la puntería de Chastel. Era el 19 de junio del 1767.

Los ataques de lobos cesaron en esta fecha.

El propio Jean Chastel comentó que su "receta mágica" para matar al licántropo consistía en simples balas de plata fundidas a partir de unas medallas de la Vírgen María.

El cadáver del lobo fue trasladado a París, según anuncian las crónicas, pero llegó en un deplorable estado de putrefacción, lo cual impidió que fuese disecado. Su esqueleto, vendido cien años después a un coleccionista privado, fue expuesto con toda la pompa del caso en el Museo Real de París.

Algunos estudiosos conjeturan, a partir de las descripciones y dibujos que aún se conservan del esqueleto del animal, que éste pertenecía a una rara subespecie del lobo de los Alpes, extinta a comienzos del siglo XIX.

Desde entonces las balas de plata pasaron a engrosar el imaginario colectivo, y acaso las pesadillas de todos los hombres lobo.



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1 comentarios:

Anónimo dijo...

algunos dicen que fue le mismo Jean que estaba detrás de las muerte y que la bestia estaba domesticada por el.

otra cosa es que algunas mujeres victimas de la bestia tenían signos de violacion