Hacer que alguien se acuerde de ti

Hacer que alguien se acuerde de tí.


Para armar este hechizo para hacer que alguien se acuerde de tí vamos a recurrir a las brujas más celosas de la escuela teosófica, algunas de las cuales entendieron mejor que nadie los circuitos que trabajan sobre los llamados "pensamientos involuntarios".

De más está aclarar que un hechizo para hacer que se acuerde de ti no será demasiado complejo, ni requerirá un tiempo considerable para realizarlo sin problemas. Pero conviene que antes digamos unas palabras acerca del pensamiento involuntario.

Se denomina pensamiento involuntario justamente a aquellos procesos mentales que se producen en la trastienda de nuestra conciencia.

La mente conciente se ocupa de muchas cosas al mismo tiempo, y es perfectamente capaz de "percibir" en su entorno "ideas" que flotan sin un destino preciso, pero que de repente adquieren relevancia cuando se las observa bajo la lupa.

Por ejemplo, ¿nunca han pensado en alguien y de repente ese alguien se hace presente, ya sea en un encuentro casual o una llamada telefónica?

Si descartamos la casualidad y lo estadísticamente probable, veremos que en muchos casos la "idea o pensamiento" que precede a ese "alguien" no es en absoluto fortuito, sino que se produce como una consecuencia directa.

Con esto quiero decir que en el plano mental las ideas fluyen constantemente. Todo el día nos vemos atravesados por pensamientos que no están en nosotros, sino que están en el entorno en donde nos movemos.

Esa es la razón por la cual algunos sitios logran desestabilizarnos, ponernos de pésimo humor, lograr que nos duela la cabeza, etc.

La mente conciente filtra ese universo de pensamientos flotantes, ya que de otro modo nuestros propios procesos lógicos se verían alterados.

Algo similar sucedería con una radio que sintonizase todas las estaciones de radio al mismo tiempo.

Para hacer que alguien se acuerde de ti solo debemos aumentar la "frecuencia de pensamiento" para que se destaque del resto, y la persona que deseamos influenciar lo sienta como algo natural y un producto de su propia mente.

Para ello la teosofía nos brinda algunas herramientas muy interesantes. Ninguna de ellas ofrece demasiados peligros, salvo intentarlo con demasada insistencia.

Lo primero que debemos hacer es unificar el pensamiento que deseamos proyectar, es decir, no hacer las cosas más complejas de lo que son. Si deseas que alguien se acuerde de tí lo primero que deberías determinar es qué desearías que recuerde puntualmente.

Supongamos que soy yo la que desea que un hombre en particular se acuerde de mi. El primer paso, como ya he dicho, es ser honesta conmigo misma y entender qué me gustaría que recuerde de mi. Si busco "instalar" un recuerdo romántico o sexual, primero debo "diseñar" la imagen a proyectar, por ejemplo, un beso o un abrazo.

No solo debes imaginarlo, sino que debes verlo con lujo de detalles circunstanciales, como el dónde y cuándo, aún cuando lo más probable es que estos detalles se pierdan en la trasmisión y no lleguen a destino.

Solo después de muchos intentos serás capaz de proyectar escenas y pensamientos complejos. Por el momento procura diseñar tu imagen del modo más detallado que puedas.

Pensar es también actuar, de manera que esta parte del ejercicio también servirá para establecer una comunicación fluida con tu objetivo.

Elige un momento del día en el que estés tranquila/o y donde nada ni nadie te perturbe.

Solo necesitas unos diez minutos al día. No te excedas en este tiempo porque la proyección mental consume grandes cantidades de energía. Tampoco repitas la operación más de dos veces al día.

Cuando tengas tu escena definida, insisto, con lujo de detalles; recién ahí comienza a verla palpitar en tu mente. Cierra los ojos y siente como la imagen aparece y desaparece como un pulso regular.

No pienses en otra cosa que la imagen. Ni siquiera pienses en la persona a la que quieres enviársela. Todo pensamiento lleva impreso un destinatario. Tu mente inconsciente sabe a quién debe dirigírsela.

Repite la operación durante tres días, y descansa durante otros tres. Puedes repetirla las veces que quieras, aunque en ese caso las cosas podrían tornarse un tanto complicadas tanto para ti como para tu objetivo.

Recuerda: no estás buscando obsesionar a alguien, sino que se acuerde de ti.

Vuelvo a insistir sobre la imagen que debes proyectar. Siéntela con aromas, texturas, colores, temperatura... debes ser plenamente conciente de la escena, debe ser tuya desde sus formas más evidentes a las menos apreciables. Si tu imagen es, por ejemplo, un abrazo; procura sentir el latido de su corazón, la temperatura de su piel, su fragancia y la tuya, en definitiva, todo lo que logres diseñar hasta el más mínimo detalle.

Con algunas repeticiones ya no necesitarás hacerlo concientemente. Todos los detalles de tu emisión serán trasmitidos al unísono, y esa persona que deseas que se acuerde de ti lo hará con una intensidad difícil de explicar.



El artículo: Hacer que alguien se acuerde de ti (hacer que alguien se acuerde de mí) fue realizado por Atenea Helenaus para El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ateneahelenaus@gmail.com o elespejogotico@gmail.com