Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Relato de Edgar Allan Poe.
Poema de Robert Herrick.
Libro prohibido.

Poema de Robert Browning.
Relato de W.H. Hodgson.
Poema de John Keats.


El diario de las prostitutas


El diario de las prostitutas.
(El destino lingüístico de las mujeres subastadas)

La etimología suele desnudar verdades prolijamente sepultadas, pero que subsisten más allá de la desidia del hablante.

La confusión parte de lo que creemos decir y lo que realmente decimos cuando pronunciamos una palabra. Cada palabra esconde un secreto, una verdad, a veces sutil, otras diminuta, pero una verdad al fin.

Hagamos el siguiente ejercicio. Pensemos en la palabra "pornografía". Seguramente todos tenemos una idea más o menos establecida sobre el término. Ahora bien, ¿qué pensaríamos si alguien sostiene que esa palabra no tiene nada que ver con la idea que hemos evocado?

La palabra pornografía proviene del griego antiguo pornographos, y significa literalmente "la escritura de las prostitutas" (de pornós, "prostituta", y graphein, "escribir"). Originalmente se trataba de un tipo de texto que relataba las costumbres de las prostitutas y sus clientes. Según Ateneo de Náucratis en su obra El banquete de los eruditos (Deipnosofistas), estos textos constituían un género particularmente popular en la Grecia Antigua, y fuente de innumerables tragedias de lo cotidiano y lo fácilmente repudiable.

En otras palabras, la pornografía era nada menos que el Diario de las prostitutas, una suerte de subgénero literario leído a hurtadillas, en secreto, como algo sucio e indigno, pero con el atractivo de las cosas prohibidas.

Ahora bien, estas prostitutas a las que alude el término pornografía tampoco son las mismas que se establecen en nuestra mente cuando alguien menciona la palabra. Las Pornoi no eran damas voluntariosas o entusiastas del placer, por el contrario, el término deriva de pernanai, "vender", y no en un sentido estrictamente comercial. Las Pornoi no se vendían a si mismas, es decir, no ofrecían sus cuerpos a cambio de dinero, sino que eran subastadas por sus amos.

Simbólicamente, no hay diferencia entre la palabra prostituta y esclava.

En consecuencia, las pornógrafas son anteriores a la pornografía. Su destino, al igual que el de muchas mujeres desdichadas y aplastadas por la sociedad machista ni siquiera ha tenido la dignidad del olvido, sino que han sufrido una honda trasmutación lingüística por la cual se las ha sumergido en las aguas abisales del infortunio.

Poco y nada sabemos sobre El diario de las prostitutas, o mejor dicho, el diario de las mujeres que pueden ser vendidas. En este sentido, el apetito voraz del investigador de prodigios arcaicos desearía sin dudas echarle el ojo, pero el pesimista abyecto que habita en nosotros anticipa el tono de aquellos textos, acaso asépticos, distantes, como escritos desde una moral inaccesible, impenetrable, sencilla de ejecutar cuando uno es hombre, ya sea en un burdel ateniense o en una mañana lóbrega y fría de Buenos Aires.




El artículo: El diario de las prostitutas (El destino lingüistico de las mujeres subastadas) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

El lector Indiscreto dijo...

Que entrada tan constructiva, aelfwine. Esto me desmuestra por qué la etimología es una ciencia tan fascinante.

Como siempre, un bocado para la mente leer tu blog.

¿Quién diría lo que a veces se oculta tras las más polémicas palabras?