Borges y su Espejo Gótico.
Decir que esta entrada tiene aspiraciones de homenaje es, al menos, pretencioso; ya que lo deseable sería que el marco del homenaje se destaque por su excelencia, y no por la simulación de la misma.
Pero lo cierto es que no somos mucho más de lo que aquí pueden ver; nuestro pálido y borroso Espejo es, ciertamente, un reflejo de lo fantasmagórica que es nuestra existencia. De todos modos, el hecho de que seamos conscientes de nuestra mediocridad no anula nuestra capacidad de percibir la Belleza, y de agradecer a quienes nos han permitido vislumbrarla a través de sus textos.
Hoy estoy seguro de que hay momentos trascendentes en la vida de cada uno de nosotros. Para muchos, los instantes que marcan la vida de un hombre suelen estar ligados a la realización de alguna meta en particular. Para mí, que aún no he plantado ningún árbol, ni escrito un libro, ni tenido un hijo (aunque espero, Bárbara, que algún día me puedas ayudar con eso), la trascendencia ha adquirido la placentera forma que acompaña a la contemplación de la Belleza.
Y los Espejos de Borges son una de las formas más sublimes de esa Belleza.
Me sucedió con Poe, con Unamuno, con la mitología, con la literatura gótica, con la abstrusa poesía escandinava, con la Odisea soñada por un ciego, con dos hobbits que atraviesan el desolado páramo con un anillo mágico, y que aún ríen mientras comen dos conejos silvestres a la sombra de la gran Sombra; me invadió en compañía de los suicidas en el séptimo círculo de Dante, me arrebató con las infinitas sutilezas de Voltaire, con la ironía y la agudeza de Wilde, con la aberrante lucidez de un obeso griego, a quien educadamente llamamos Platón, me sedujo con la ilusorias siluetas de Alejandra, de la mórbida Lady Macbeth, de la intocable Atenea, de la agonizante Julieta y de la sombría Lilith.
Estas son algunas de las formas de la Belleza que el Destino ha urdido para mi inexcusable existencia.
Quizás pienses que estas reflexiones son producto de la vanidad, o aún de la soberbia, y que no hay mérito alguno en experimentar la belleza a través del arte. Pero yo, al igual que muchos otros espíritus en peligro de extinción, sigo pensando que no existe mayor bendición que una vida rodeada de libros.
Sé que la lectura del siguiente poema de Borges no me convierte en una mejor persona; pero sí se que mi vida sería menos rica si no lo hubiese leído. Además, ¿de qué sirve jactarnos de nuestras pequeñas y patéticas victorias cotidianas? ¿Acaso relataremos a nuestros nietos los avatares de nuestro infortunio? ¿Se cantarán epopeyas sobre nuestros diálogos sobre el clima, política, música, o deportes? ¿Los rapsodas del mañana evocarán la sombra de nuestras estúpidas opiniones?
No lo creo.
Borges, que además de ser un genio de la eficacia literaria, era un magnífica biblioteca humana, dijo alguna vez:
Que otros se jacten de lo que han escrito,
yo me jacto de lo que he leído.
yo me jacto de lo que he leído.
Este es el espíritu del Espejo Gótico. En ocasiones, como ésta, nuestra pasión nos desborda en consideraciones inconsistentes, alejándonos del verdadero sentido que nos impulsa. El Espejo es la Sombra de nuestras inclinaciones, y su hermosura radica en lo exuberante de sus imperfecciones.
Recuerda siempre que somos más que la miserable acumulación de momentos, y mucho más que una sucesión de instantes.
Supongo que lo que quiero decir es que: no importa cuan profunda sea nuestra desdicha, ya que nuestra felicidad no es una vulgar alegría, sino esa sublime comprensión de estamos destinados a un lecho de tierra, y que el Arte es lo único que nos hace humanos.
Dejemos entonces a los optimistas ahogarse con sus sentencias, y huyamos de los augures que vomitan sabios consejos. Seamos prudentes y no malgastemos nuestra ira en estériles discusiones. Que nuestra pasión sea confundida con la desidia, que nuestra sed de Belleza nos nutra para enfrentar la monótona realidad cotidiana. Recuerda que una legión de fantasmas cuidan de nuestros pasos, y que sus espectrales sombras jamás desoyen una convocatoria hecha desde el dolor. El conjuro que los reúne, ya bien lo sabes, consiste simplemente en el íntimo ritual de la lectura.
Allí están, ansiosos, agitándose entre desgastados libros esperando tu llamada.
Mañana, seguramente, tu y yo reanudaremos el interminable círculo de días; ambos realizaremos las tareas más prosaicas, pero en esa soledad asfixiante, nuestras almas no permanecerán solas.
No imagino un mayor motivo de orgullo.
Los Espejos.
Jorge Luis Borges.
Jorge Luis Borges.
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6 comentarios:
Muy hermoso escrito. Se nota que lo has redactado desde el cariño y la pasión por la literatura.
Excelente.
Me gusto mucho, me llegaron, creo, en el mejor momento...Definitivamente, mi vida no seria la misma sin este espejo. Hoy no escrivire mucho, mi sencibilidad no me lo permite... se me salieron las lagrimas, pero.. esq tus palabras llevan algo ...en fin. Como siempre un saludo.
Tu página es genial.
Siento lo escueto.
Sigo el reflejo de este Espejo con la misma insistencia que él me sigue a mi...me nutro con la escencia vital que me brinda: el amor a la literatura..al arte, como lo más sublime...Hoy cumplo 3 años mirandome en ti...Identificandome en cada una de las letras "balbuceadas" por tus creadores.No te apagues, no te cierres,me encanta mirarme en ti y que te mires en mi.Oh Espejo Gótico de mi pared..eres el más bello de todos!
Brindo por otros tres años más, Suspiria.
Es un placer haber compartido este tiempo contigo.
Salud!
sabes que?me diste mucho en que pensar,sobretodo por el exabrupto que tube el otro dia con gente que me importa de verdad y por que en este espacio aproveche para despotricar contra otras personas y no me parecio justo de mi parte,pero bueno,yo soy asi¡bocona!fdo:ludmila sanzo
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