Cthulhu no es como pensabas: anatomía de un Primigenio.


Cthulhu no es como pensabas: anatomía de un Primigenio.




Hace unos años le obsequié a mi sobrino una de esas versiones de Lovecraft para chicos. Probablemente una blasfemia, pero él quería saber cuál era el alboroto con Cthulhu y su pandilla. Las versiones eran malas, quiero decir, realmente malas, pero las leyó con interés. Sin embargo, su imaginación quedó un poco condicionada por las ilustraciones, tal es así que cuando le pregunté qué le habían parecido las historias, respondió que estaban bastante bien, pero que no le dieron miedo; además, sintió una gran decepción con La Llamada de Cthulhu. Su crítica fue implacable: Un dragón con cabeza de pulpo no me parece gran cosa.

Traté de explicarle que solo había leido una versión para chicos de la historia, y que no es exactamente así como H.P. Lovecraft describe a Cthulhu. Naturalmente, recurrió a Google, y su búsqueda de Cthulhu arrojó imágenes más o menos similares a las que había visto en el libro. ¿Quién podía refutar ese corpus voluminoso? Bueno, cualquiera que de hecho haya leído a Lovecraft [ver: ¿Cómo se pronuncia «CTHULHU» en realidad?]

Ha llegado el momento, enano dogmático, de contarte una o dos cosas sobre Cthulhu.

La primera descripción de Lovecraft de un ídolo de Cthulhu es la siguiente:


[Si digo que mi imaginación, un tanto extravagante, produjo imágenes simultáneas de un pulpo, un dragón y una caricatura humana, no seré infiel al espíritu de la cosa... pero fue el esquema general del conjunto que la hacía más espantosamente horrible]


El hecho de que haya camisetas, toda clase de muñecos e ilustraciones que representen a Cthulhu como un dragón o un humanoide gigantesco con cabeza de pulpo no es culpa de Lovecraft, tampoco de mi sobrino, cuyo pragmatismo se justifica en ese contexto. Entonces, intentemos descubrir algo más sobre la verdadera biología y anatomía de Cthulhu [ver: Un sueño, un terremoto, y el nacimiento de Cthulhu]

Si leemos atentamente el pasaje anterior veremos que Lovecraft insinúa un dragón octopoidal al tiempo que suspende esa representación literal de tres maneras distintas:

a- La minimiza como el resultado de su propia «imaginación extravagante».

b- Califica de manera evasiva su descripción diciendo que esta «no es infiel al espíritu de la cosa», en lugar de afirmar que es absolutamente correcta.

c- Nos pide que ignoremos las propiedades superficiales del dragón y el pulpo mezclados con humanos y que nos centremos en «el esquema general del conjunto», sugiriendo que este es algo más que una simple combinación literal de estos elementos.

Cualquier lector de Lovecraft sabe que este tipo de alusiones [que de hecho parecen afirmaciones cuando en realidad no lo son], no son un incidente aislado en sus historias, sino quizás su principal rasgo estilístico como escritor; una especie de brecha, de Tierra de Nadie, que se produce entre algo inasible conceptualmente y una descripción vagamente relevante ensayada por el narrador. Un ejemplo diferente se encuentra en El horror de Dunwich (The Dunwich Horror), cuando los tres profesores observan el cadáver en descomposición de Wilbur Whateley en el piso de la biblioteca de Miskatonic [ver: La Biblia de Yog-Sothoth: análisis de «El horror de Dunwich»]:


[Sería trillado y no del todo exacto decir que ninguna pluma humana podría describirlo, pero se puede decir con propiedad que no podría ser visualizado vívidamente por nadie cuyas ideas de aspecto y contorno estén demasiado estrechamente vinculadas con las formas de vida comunes de este planeta y las tres dimensiones conocidas]


Esta brecha alusiva es similar a la que se encuentra en la descripción del ídolo de Cthulhu, la cual podría haberse arruinado si Lovecraft hubiera adoptado cualquiera de las dos alternativas extremas. Si hubiera dicho simplemente que «ninguna pluma humana puede describirlo», tendríamos un truco barato, el tipo de superficialidad que demasiado a menudo encontramos en el horror. Si, en cambio, hubiera intentado escandalizarnos solo con descripciones monstruosas y detalladas, también habría sido una vulgaridad. Pero Lovecraft era un buen escritor, de modo tal que nos presenta una especie de descargo de responsabilidad que neutraliza el cliché inicial llamándolo «trillado y no del todo exacto», pero luego profundiza en un esfuerzo descriptivo que es casi imposible de visualizar:


[Por encima de la cintura era semi-antropomórfico; aunque su pecho tenía la piel correosa y reticulada de un cocodrilo o caimán. El dorso estaba salpicado de amarillo y negro, y sugería vagamente la capa escamosa de ciertas serpientes. Sin embargo, por debajo de la cintura era lo peor; porque aquí se acababa todo parecido humano y empezaba la pura fantasía.]


Aquí tenemos algo diferente, una rareza que yo no llamaría alusiva. El poder del lenguaje ya no se ve debilitado por una realidad increíblemente profunda y distante [ver: Lovecraft y las lenguas extraterrestres]. En cambio, está sobrecargado por las superficies y aspectos de la cosa. Una vez más, hay motivos para estar impresionado con la técnica de Lovecraft. La imagen descrita es lo suficientemente difícil de visualizar, pero lo es aún más cuando además se la califica como «vaga» [«sugería vagamente la capa escamosa de ciertas serpientes»]. Lovecraft utiliza la palabra squamous [«escamoso»], que en español es accesible pero que sus lectores en inglés probablemente necesitarían consultar en el diccionario. Y luego viene la transición culminante, diciéndonos que si bien todo esto podría haber sido lo suficientemente inteligible, lo que viene después entra en el terreno de la pura fantasía [ver: El adverbio que cayó del espacio: Lovecraft y «lo innombrable»]

Tomemos otro ejemplo, pasando de la biología a la arquitectura, otro campo en el que Lovecraft sobresale. En las Montañas de la Locura (At the Mountains of Madness) introduce al profesor Dyer y su grupo mientras vuelan a través de la Antártida hacia el campamento del profesor Lake, que pronto descubrirán que está completamente destruído. En el camino, son testigos de lo que Dyer llama un «espejismo polar», aunque más tarde resulta haber sido la inquietante proyección de una ciudad oculta real. Dyer la describe de la siguiente manera:


[El efecto fue el de una ciudad ciclópea, sin arquitectura conocida por el hombre o por la imaginación humana, con vastas salientes de mampostería, negra como la noche, que encarnaban monstruosas perversiones de las leyes geométricas y alcanzaban los extremos más grotescos de una siniestra extravagancia.]


Alguien podría descartar apresuradamente esta descripción por considerarla casi indigna del flaco de Providence. No podríamos estar más en desacuerdo por la sencilla razón de que el pasaje es muy eficaz. Las «monstruosas perversiones de las leyes geométricas» son, por definición, imposibles de visualizar con precisión, pero la frase tiene un efecto poderoso en el lector, de algún modo insinúa la oscuridad metafísica de un lugar que admite la existencia de tales desviaciones. El elemento final: los «extremos más grotescos de una siniestra extravagancia» bien podría ser dudoso de forma aislada, pero aquí el único peso que tiene es resumir la angustia personal de Dyer ante la imposibilidad de procesar lo que está viendo [ver: Lovecraft y las lenguas prehumanas]

Este es el mundo estilístico de H.P. Lovecraft, un mundo en el que, en primer lugar, los objetos reales están encerrados en una tensión imposible de resolver con el poder del lenguaje, y, en segundo, donde los objetos visibles muestran una torsión insoportable con sus propias cualidades. Normalmente no sentimos ninguna brecha entre el mundo y nuestras percepciones y descripciones de él. Pero Lovecraft nos presenta un mundo dominado por tal brecha [ver: Autopsias lovecraftianas: el arte de diseccionar lo innombrable]

Pero, volvamos a Cthulhu.



Este es un dibujo de Cthulhu hecho por el propio Lovecraft [como regalo para su amigo R.H. Barlow], el cual sí parece una mezcla de humanoide y pulpo [las alitas de murciélago son particularmente encantadoras], Muchos toman este dibujo como una justificación para el merchandising de Cthulhu tal como lo conocemos, pero lo cierto es que no es un dibujo de Cthulhu, sino el dibujo de la estatuilla de Cthulhu encontrada en los remansos de Louisiana, la cual, como hemos visto, es un pálido intento de transmitir cómo es la entidad en realidad. Sin embargo, podemos acercarnos un poco más que eso a la anatomía de Cthulhu [ver: ¿La palabra «CTHULHU» es un código secreto?]

Por ejemplo, cuando se abre la tumba de Cthulhu, Johansen afirma que «la tenebrosidad era de hecho una cualidad positiva». ¿Tenebrosidad [tenebrousness en el original]? Sí, tenebrosidad, cualidad de tenebroso, para lo cual hay varias definiciones y todas se aplican a esta situación. Primero, la palabra alude a la oscuridad; de hecho, Johansen dice que las paredes internas de la tumba estaban a oscuras y que cuando la cosa emergió oscureció visiblemente el sol. Segundo, puede aludir a cierta dificultad para entender algo, obviamente aplicable a la situación: el tamaño de Cthulhu, su forma y los sonidos y olores asociados lo hacen muy difícil de entender. Además, como se describirá más adelante, Cthulhu ni siquiera se adhiere a nuestras leyes físicas conocidas, lo que aumenta la dificultad para comprenderlo. Todo es confuso en este punto. R'lyeh parece tener una naturaleza cambiante, no euclidiana. Lo mismo puede decirse de Cthulhu. [ver: ¡Vamos a R'lyeh!]

Es difícil para cualquier lector determinar de qué está hecho exactamente Cthulhu. Tendemos a pensarlo como un cuerpo sólido, pero bien podría ser líquido, incluso gaseoso, o una combinación de estos estados de la materia. ¿Materia? ¿Cthulhu está hecho de la misma materia que nosotros? Frases como: «estalló como el humo de su encarcelamiento de un eón», o «el aleteo de alas membranosas», «babeó pesadamente», «gelatinosa inmensidad verde», «se deslizó grasientamente en el agua»; le dan a Cthulhu una apariencia semicorporal, a veces fluida, otras sólida, y ciertamente cambiante [ver: El «Efecto Lovecraft»]

Pero, claro, en nuestra realidad estamos acostumbrados a la estabilidad de los átomos, cada uno compuesto por varias combinaciones de protones y neutrones en el núcleo, con un número variado de electrones que lo orbitan. Lo más fácil aquí es usar el agua como ejemplo: a temperatura ambiente el agua es líquida pero a medida que la temperatura desciende, se congela. En el otro extremo, a medida que la temperatura aumenta, se evapora. Estos diversos estados de la materia son la consecuencia de la agitación de las moléculas. Sin embargo, a temperaturas fuera de la Tierra [unos miles de grados, digamos] los átomos se vuelven tan agitados y llenos de energía que los electrones ya no están unidos por las fuerzas electromagnéticas entre ellos y los protones en el núcleo; por lo tanto, se liberan.

Tales condiciones, por ejemplo, se encuentran en el sol; donde las temperaturas son tan altas que tanto los electrones como los protones no están simplemente unidos en el estado atómico formal. Este extraño estado de la materia se llama plasma. Si Cthulhu estuviese hecho de algo, sería de plasma. Por eso el pobre Johansen tuvo tantos problemas para decirnos cómo se veía.

Aunque el plasma es muy raro en la Tierra, es el estado de la materia más común en el universo [conocido]. Calentar aún más el plasma puede dar lugar a estados más extraños, que pueden incluir, en teoría, distorsiones en el espacio-tiempo. Volviendo a Cthulhu: ¿podría estar hecho de plasma? Este estado explicaría no solo la dificultad de Johansen para tratar de describirlo como sólido, líquido o gaseoso; sino que además le proporcionaría la energía necesaria para moverse con fluidez tanto en nuestra atmósfera como en el océano. Sin embargo, si efectivamente está hecho de plama, ¿eso no significaría que solo podría existir dentro de una estrella?

Posiblemente, pero aquí podemos jugar la carta de la extradimensionalidad de Cthulhu (ver: Seres Interdimensionales en los Mitos de Cthulhu). Como se mencionó anteriormente, la verdadera forma de Cthulhu no puede ser percibida por los humanos ya que no tenemos los sentidos adecuados para hacerlo. Además, si el verdadero hogar de Cthulhu es un entorno de plasma, no podríamos sobrevivir allí para aproximarnos un poco más a su naturaleza. Sin embargo, tal vez Cthulhu use las grandes cantidades de energía a su disposición para proyectar parte de su esencia en nuestra realidad, guiado por los soñadores que funcionan como una especie de balizas biológicas en este punto del espacio-tiempo. El intento de Lovecraft de transmitir cómo se ve Cthulhu o, lo que es más importante, cómo lo experimenta y percibe un ser humano, es la esencia de su filosofía del Horror Cósmico [ver: La filosofía lovecraftiana detrás de los Mitos de Cthulhu]

Las esculturas y obras de arte de Cthulhu son lo que se transmite a los soñadores en cuanto a la apariencia de la entidad, pero la verdadera realidad de experimentar Cthulhu es mucho más difícil de interpretar y, por lo tanto, de describir. Esta complejidad asociada con el contacto directo con Cthulhu puede atribuirse, al menos parcialmente, a la distorsión o deformación del espacio-tiempo y la extradimensionalidad de Cthulhu.

En resumen: contamos con equipo sensorial incapaz de procesar adecuadamente la experiencia de percibir a Cthulhu. Es decir, no sabemos exactamente qué es, o cómo es, pero ciertamente podemos saber que no es como lo presenta el simpático merchandising de Cthulhu que nos rodea [incluso en el tenebroso mundo del crochet], el cual sugiere una fisonomía familiar y simétrica [cabeza, extremidades], una estructura ósea, etc. El único elemento extraño, digamos, son los tentáculos que se extienden desde lo que debería ser un rostro, pero Lovecraft nunca mencionó nada parecido, solo dibujó, con bastante pericia, una versión de la estatuilla mencionada en La Llamada de Cthulhu, la cual, como ya hemos visto, es simplemente una mirada sesgada por nuestros deplorables sentidos, o, en el mejor de los casos, una representación onírica, aquello que el propio Cthulhu proyectó en la mente de sus soñadores.




H.P. Lovecraft. I Mitos de Cthulhu.


Más literatura gótica:
El artículo: Cthulhu no es como pensabas: anatomía de un Primigenio fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Tal vez Horacio Lalia, quien adaptó a historieta Los mitos de Cthulhu, haya podido captar su esencia.
Me parece mucho suponer que siendo plasma, sólo pueda existir en una estrella. Tal vez pueda existir en condiciones poco comunes, de algún lugar del planeta.

Tengo la opinión de que el gran personaje de Los mitos es Nyarlathotep, cuya verdadera apariencia tal vez sea más extraña que la de Cthulhu. Y además, adoptando apariencias humanas, como la de un faraón egipcio, para conspirar, inspirando la creación de sociedades secretas con inquietantes propósitos.

Buen artículo.

Unknown dijo...

Me hace pensar en el momento en que randolph carter utiliza la llave de plata y atraviesa el portal. La descripcion que sigue es impresionante justamente porque es todo esencia, randolph carter describe las sensaciones, y aclara que no estaba viendo lo que pasaba puesto que no tenia ojos, no era una entidad corporea.



Lo más visto esta semana en El Espejo Gótico:

Análisis de «El Templo» de H.P. Lovecraft.
Tierra Media.
Tierra Media.

Relato de Henry Hasse.
Análisis de «El Montículo».
Relato de August Derleth.