¿Cómo se siente el Sexto Sentido?


¿Cómo se siente el Sexto Sentido?




Sexto sentido.

Caramba. El título entusiasmó al profesor Lugano, a quien podríamos definir como un cinéfilo sin urgencias, capaz de pasar años, incluso décadas, evitando spoilers y comentarios desopinados hasta que por fin resuelve ver una película.

Veo gente muerta.

Esa sentencia transformó el entusiasmo inicial del profesor Lugano en indignación. Se incorporó del sillón, arrojó al suelo un balde de pochoclo repleto de esos perdigones que no llegan a explotar —perfectamente capaces de arrancarte una muela—, y se retiró intempestivamente.

—Esa película es una farsa —dijo horas después, en nuestra reunión habitual en el bar Teufel.

—¿Sexto sentido? A mí me pareció excelente —dijo Masticardi.

—A ver si me explico. La película no es mala —suavizó el profesor—, pero el título es un insulto a la inteligencia. Debería llamarse Quinto sentido aumentado, o algo parecido.

—No lo sigo, profesor.

—Quiero decir, si vamos a hablar de un supuesto sexto sentido, entonces explíqueme usted qué tiene que ver el sentido de la visión en todo eso. De hecho, ver gente muerta implica necesariamente el uso de la visión, y excluye la intervención de un sentido nuevo, o atrofiado, digamos, pero objetivamente funcional.

—Entonces rechaza usted la posibilidad de que exista el sexto sentido —dijo Masticardi.

—No. Lo que rechazo es que éste pueda experimentarse a través de los cinco sentidos. Ver implica el uso de la visión, ya sabe, fotones que rebotan contra la materia, y todo eso.

—Bueno, quizás el muchacho de la película no veía realmente gente muerta, sino que experimentaba esas presencias a través de la visión.

—Fue bastante claro al respecto: veo gente muerta, dijo. También parece escucharla, con lo cual también interviene el sentido de la audición, y sentirla físicamente, a través del del tacto. Y si la veía, y además la oía y la sentía, entonces estaba utilizando tres de los cinco sentidos que todos conocemos.

—Entiendo, profesor, pero considere por un instante la posibilidad de una metáfora. El chico quizás veía a los muertos en su mente, no en el plano físico, de ahí que nadie más pudiese verlos, o escucharlos.

—¿Usted cree? —dijo el profesor—. ¿Entonces el chico podría ver gente muerta con los ojos cerrados? Porque cuál sería la necesidad de mirar si los ojos no intervienen en el proceso.

—Algunas corrientes espirituales y filosóficas proponen la existencia de un tercer ojo, profesor, capaz de captar lo los nuestros no ven.

—No lo niego, ¿pero cuál es la diferencia entre una imagen captada por un supuesto tercer ojo con, digamos, una imagen que se genera a través de la imaginación? ¿Sería usted capaz de notar la diferencia? ¿Acaso existe alguna?

—Interesante.

—Ya lo creo —dijo el profesor, y luego añadió—. No descarto que en nuestro cerebro exista algo parecido a un sexto sentido, quizás adormecido, atrofiado, pero físicamente real. Lo que rechazo es que su funcionamiento, o mejor dicho, su percepción, coincida con la de los otros cinco.

—La verdadera pregunta aquí, entonces, sería: ¿cómo se siente el sexto sentido?

—Exacto. Un razonamiento simple nos lleva a concluir que éste no podría sentirse a través de la visión, la audición, el gusto, el tacto y el olfato. Razón por la cual, ver gente muerta es una contradicción imperdonable en una película que se llama Sexto sentido.

—Pero según su razonamiento jamás podríamos sentir el sexto sentido, ya que para que esto se consiga habría que prescindir de los otros cinco, y ya sabemos que fuera de ese orbe no hay mucho más.

—Está el miedo.

—¿Miedo?

—En efecto. El miedo se siente perfectamente sin la intervención de ningún sentido, sin embargo, usted puede identificarlo fácilmente. Ejemplo: usted acaba de tomar un café y alguien le informa que ha sido envenenado. ¿Qué siente?

—Miedo.

—Exacto. Siente miedo, y quizás algo de arrepentimiento por los dislates de su vida sentimental, me atrevería a agregar. Pero lo importante es que ese miedo se siente sin la participación de los otros sentidos —dijo el profesor, y luego agregó—. Alguien privado de la vista, de la audición, alguien a quien se le remuevan las glándulas nasales y sea mantenido en un ambiente de vacío absoluto, sin posibilidad de activar su sentido del tacto, podría sentir miedo igualmente.

—O Amor, o por tal caso cualquier otro sentimiento.

—Podría ser, desde luego, pero el Amor rara vez se dispara con tanta fuerza como el miedo. En términos evolutivos, el miedo es útil, y el amor una conveniencia social. Compare la intensidad de su momento más feliz con la certeza de haber sido envenenado, y seguramente notará que el miedo gana por varios cuerpos.

—Me ha convencido, profesor. ¿Qué le parece si vamos juntos a ver otra película?

—Acepto, pero primero termínese el café.




Más del profesor Lugano. I Fenómenos paranormales.


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