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Por eso pensaba tanto en ella


Por eso pensaba tanto en ella.




Pensaba en ella a menudo. Demasiado, decían sus amigos, pero qué saben los amigos de estas cosas. La mayoría confunde amistad con salvataje. Si todas las personas aplicaran sobre sus vidas los sabios consejos que vierten sobre sus amigos, el mundo sería un lugar mucho mejor.

En todo esto pensaba mientras pensaba en ella.

Y pensaba en ella desde hacía veinticinco años.

Veinticinco.

La cifra lo golpeó de lleno en la nuca.

Y no es que no hubiese podido olvidarla. Para nada. Tuvo muchas ocasiones para hacerlo. Muchísimas. En su caso, el recuerdo era una responsabilidad.

Todas las tardes, independientemente de lo que estuviese haciendo, abandonaba sus ocupaciones: trabajo, esposa, hijos, y se sentaba en un banco de la plaza a pensar en ella, el mismo en el que la había visto por última vez. Y todas las tardes, invariablemente, repetía esa rutina.

Muchos creen que el recuerdo está dado por algún extraño mecanismo interno sobre el que no tenemos control alguno, pero no: el recuerdo es un ejercicio. Si uno no lo practica, el olvido lo devora todo; primero lo circunstancial, lo anecdótico, y luego todo lo demás, dejando atrás un velo irreconocible, una ilusión.

Se sentaba en la plaza no porque quisiera pensar en ella, sino porque no se permitía olvidarla.

A pesar de ese tremendo esfuerzo, lo cierto es que olvidó muchas cosas. Sabía que su cabello desprendía un vago aroma a vainillas, lo sabía, pero no podía revivirlo exactamente en la memoria. Hubiese reconocido su voz en medio de una multitud, estaba seguro, pero no podía reproducirla con absoluta fidelidad en su mente. Hay recuerdos que sobreviven en las más precarias condiciones; otros, casi siempre los importantes, se los traga el olvido.

Pensaba en ella a menudo, y no precisamente porque la extrañara, sino porque la última vez que la había visto, en el mismo banco de la misma plaza, hacía veinticinco años, fue también la última vez que alguien la vio. Y, créame, eso lo cambia todo.




Egosofía: filosofía del Yo. I Historias de amores prohibidos.


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El artículo: Por eso pensaba tanto en ella fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

1 comentarios:

Toni VRPE dijo...

Uno de los mejores que he leído de ti. Muchos saludos, y ¡gracias por publicar nuevos artículos!