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Escena de un crimen desapasionado


Escena de un crimen desapasionado.




El caso del matrimonio Giustozzi mantuvo en vilo a la opinión pública durante semanas, y no porque se dudara acerca de la caratula del crimen: asesinato seguido de suicidio, sino por la absoluta impericia de las autoridades policiales para hallar un móvil que lo explique.

Los dos cadáveres fueron encontrados dentro del dormitorio, acostados uno junto al otro en la cama. Las pericias determinaron que ella había disparado el arma, un tiro mortal y a corta distancia. Luego se quitó la vida con un balazo en la boca. La puerta del dormitorio estaba cerrada con llave desde adentro.

—Tal como puede ver, profesor Lugano —dijo el comisario—, claramente se trata de la escena de un crimen pasional; sin embargo, no hay señales de lucha. La habitación se encuentra en perfectas condiciones. La puerta cerrada desde adentro, sin ventanas al exterior, nos permite deducir que los cuerpos no fueron movidos por un tercero. Tampoco encontramos ningún motivo clásico, como celos, dinero o infidelidad. Ella lo mató y él se dejó matar, así de simple.

—Estoy en desacuerdo, comisario —dijo el profesor—. Ciertamente no hay señales de lucha, y menos aún de defensa; no obstante, todo lo que puedo observar en esta habitación demuestra que aquí hubo una larga y fuerte discusión.

—¿De qué habla, profesor? —dijo el comisario— El lugar está en impecables condiciones de orden y limpieza. Incluso los dos óbitos se encuentran perfectamente vestidos, perfumados, y con cartas de puño y letra en la que se despiden de sus amigos y familiares. Las pericias determinaron que ambas caligrafías no fueron forzadas. Una discusión que termina a los balazos normalmente deja evidencias.

—Precisamente. La ausencia de esas evidencias prueba que ésa última discusión fue sobre un asunto muy serio, y que ella fue la que mejor argumentó.

—¿Y sobre qué se discutió?

—Nada importante, al menos para su informe policial; simplemente quién sería el asesinado y quién el suicida.




Filosofía del profesor Lugano. I Relatos de detectives.


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1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Me intriga saber sobre que discutieron.
¿Que está haciendo la licenciada Safo?