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Crónica detectivesca del profesor Lugano


Crónica detectivesca del profesor Lugano.




El selecto equipo de investigación del profesor Lugano, cuyos integrantes iremos presentando con el correr de los días, se ha volcado de lleno en la ingrata tarea de descifrar uno o dos misterios que venían trastornando el peculiar y abúlico devenir de los días de nuestra comunidad.

Recorrimos las esquinas más peligrosas del barrio hasta que nos topamos con un caso verdaderamente inquietante. Periódicos amarillistas lo titularon: El perturbador caso del comeviejas.

La pesquisa, como no podía ser de otro modo, la encabezó nuestro filólogo y omnímodo profesor Lugano.

Tras examinar varios reportes de testigos confiables establecimos lo siquiente:

Los vecinos de la barriada afirman que un ser de características extraordinarias merodea las calles. Sienten por él un temor reverencial. Su nombre es desconocido, aunque circulan varios epítetos ignominiosos que denuncian claramente los apetitos voraces de la criatura.

El primer ataque se produjo en mayo de 2007. La víctima fue Chiara de Montefalco, anciana que roza los setenta y ocho inviernos, y que hoy se recupera favorablemente de una lumbalgia, producida sin dudas a causa de los abrazos innobles del asaltante.

Ya en sede policial la señora de Montefalco declaró que jamás hizo nada que aliente la morbosidad del réprobo; sencillamente barría la vereda de su casa cuando la abordó un hombre de mediana edad, estatura y aspecto.

Sagazmente las autoridades policiales determinaron que todos los hombres del barrio eran sospechosos.

A continuación citamos un fragmento de la polémica entrevista que la señora de Montefalco ofreció a la prensa local:

—El hombre era joven, creo. No pude verle la cara. Me la tapó (la cara) con un trapo. Me dijo que me quede quieta, que no grite. Noté que tenía la voz finita, como una flauta siringa.

La policía, a pesar de las fuertes críticas de la opinión pública, se rehúso a catalogar de "serial" a todo criminal que hubiese cometido un solo delito.

Los medios de comunicación ignoraron el caso basándose en la probada senilidad de la anciana. Algunos psicólogos mediáticos llegaron a afirmar que la señora de Montefalco había sufrido una especie de regresión, y negaron que el hombre de la voz aflautada hubiese existido fuera de su exaltada imaginación.

Pero el desconcierto pronto volvió a sacudir a la opinión pública cuando dos nuevas ancianas fueron zamarreadas, en ambos casos, junto con sus mascotas.

Las dos mujeres lograron recobrarse, pero los hámsters, lamentablemente, no resistieron los embates del sodomita.

El profesor Lugano se presentó en el lugar de los hechos. Volco allí toda su experiencia como investigador. Realizó pesquisas que superaban el campo de acción de la ciencia forense, de la criminalística, e incluso de la astrología, a menudo utilizada por la fuerza pública para resolver crímenes que prescinden de toda lógica.

Basándose en sus conocimientos de lingüística, el profesor Lugano realizó un minucioso perfil psicológico del criminal, llegando a la conclusión de que efectivamente se trataba de un delincuente.

Las autoridades no se hicieron eco de estas profundas elucubraciones y, en adelante, prefirieron conducirse con mayor prudencia.

Trascribo ahora parte del diario taquigráfico del profesor Lugano:

23/05:
La policía ha tomado en cuenta mis deducciones. Otra prueba más de la ineficacia institucional.

24/05:
¿Qué oscuro ser se esconde detrás del infame? ¿Qué clase de hombre perturbado podría tener algo contra estas dulces viejecitas?

25/05:
Ah, ya se perfila un método. Pronto podré descifrar el modus operandi de la bestia. Al parecer, se trata de un sodomita, un apasionado por las caricias contranatura, coitus per upites...

26/05:
En horas de la mañana presencié la autopsia de uno de los hámsters, espectáculo horrible que me hizo recordar ciertos pasajes Paulo Cohelo.

27/06
Es imprescindible organizar una partida de voluntarios de probada osadía para patrullar la zona.
Nota: comprar el pan para esta noche.

Ese mismo día, y tras recibir una urgente llamada telefónica del comisario Chazarreta, el profesor Lugano se dirigió a una conocida clínica del barrio. Había una nueva víctima, esta vez un anciano.

El estado del geronte era lamentable. Ulteriores pericias descartaron que haya sido un ataque del malviviente y, en cambio, diagnosticaron un tremendo ataque de hemorroides.

Nuestro paladín de la criminalística paranormal tomó una decisión temeraria: disfrazarse de vieja para emboscar al procaz gerontófilo.

Así lo hizo, y a pesar del soberbio bigote negro que se rehusó a rasurar, el profesor Lugano logró una metamorfosis admirable.

Mimetizado con la anatomía y el andar de un viejo choto, el profesor acechó las esquivas sombras del barrio, entre las ratas y los gatos famélicos, y esperó la llegada del hijo de puta, como lo llamaba en su fuero íntimo.

A eso de las tres de la madrugada del día 28, el profesor Lugano presintió el arribo del mal.

Volvemos a citar su diario:

Estaba parado en la vereda, simulando que simulaba que barría. Para no atraer sospechas, ni comentarios procaces de mis detractores, utilicé un coqueto pero sobrio vestido negro. De repente, sentí una especie de silbido, como una flauta a mis espaldas. Luego vino el horror.


Gracias a un testigo anónimo pudimos reproducir la secuencia de este dramático desenlace.

—A la vieja de negro la agarraron por atrás. Pobrecita, no tuvo tiempo siquiera de chillar.


A pesar de este testimonio nefasto luego supimos que el profesor Lugano logró desenvainar el facón que escondía previsoramente bajo las enaguas.

Durante los primeros instantes de la vejación, le insertó el filo en el quinto metatarso del pie derecho.

El resto pertenece a las noticias y a la deformación propia de las leyendas. La policía siguió el rastro de sangre y apresó al delincuente en un terreno baldío cuando intentaba ganar el terraplén del ferrocarril. Durante el juicio, el hombre se declaró insano, pero el juez, en una decisión salomónica, descartó la defensa y lo acusó de ser un asqueroso de mierda.

El profesor Lugano se repone favorablemente, aunque los médicos sostienen que la renguera será crónica, así como cierta nostalgia que se manifiesta repentinamente al oír el canto vespertino de un chingolo.




Filosofía del profesor Lugano. I Egosofía.


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El relato: Crónica detectivesca del profesor Lugano fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a elespejogotico@gmail.com

4 comentarios:

Eduard Reinhardt dijo...

Ajajajajaja, excelente, compadre, pasé un buenísimo momento en mi aburrido trabajo con las aventuras que tuviste la gracia de relatarnos.
saludos

Roxy Krueger dijo...

OH POR DIOS! te luciste!hhahahah este relato esta del hp! mi abuela te manda a decir si no tienes mas info del violador ..quiere que la haga feliz hahaha

Anónimo dijo...

Buenísimo lord Aelfwine , definitivamente me facina esta entrega de lugano. Jajajaja demasiada buena . Saludos de la lejanía . Excelente blog .

Aloyer Pirrone dijo...

Jajajaja, excelente historia, jajajaja en verdad ama su profesión.